Finalización y modificaciones
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Ni Palladio ni el propietario Paolo Almerico llegaron a ver la terminación el edificio, aunque ya fuese habitable en 1569. Palladio murió en 1580, y otro importante arquitecto vicenzino y alumno del artista, Vincenzo Scamozzi, fue contratado por Almerico para supervisar las tareas de finalización, efectuadas en 1585, limitadas al cuerpo principal, con la construcción de la cúpula, rematada con la linterna.
Palladio pensaba cubrir la sala central con una cúpula semiesférica, pero Scamozzi proyectó una cúpula más baja, con un óculo (que debía ser a cielo abierto) inspirándose en el Panteón romano y aportó otras modificaciones menores al proyecto, como la altura de la escalinata, que permitía un acceso directo del exterior a los locales de servicio sobre el nivel del terreno. La escalinata fue modificada en el siglo por Ottavio Bertotti Scamozzi, que le devolvió la forma original y el ático fue subdividido en locales por Francesco Muttoni, quien modificó los entrepisos (1725 - 1740).
A la muerte del propietario, Almerico, la villa fue heredada por su hijo natural, Virginio Bartolomeo, que a causa de una desastrosa gestión económica se vio obligado a venderla dos años después, en 1591, a los hermanos Odorico y Mario Capra. Los Capra fueron los que terminaron la obra de mampostería en 1620, incluyendo los frescos decorativos del interior.
Los Scamozzi agregaron los anexos rústicos externos (la barchessa), separados del cuerpo principal, con destino al desarrollo de las tareas rurales, no previstos en el proyecto original.
El complejo incluye además la capilla familiar, construida por Girolamo Albanese, por voluntad del conde Marcio Capra, entre 1645 y 1663.
Interior y decoración
El interior debe de haber sido espléndido, no menos que el exterior. Las esculturas son obra de Lorenzo Rubini y Giambattista Albanese, la decoración plástica y los cielorrasos son de Agostino Rubini, Ottavio Ridolfi, Ruggero Bascapè, Domenico Fontana y posiblemente de Alessandro Vittoria, los frescos fueron pintados por Anselmo Canera, Bernardino India, Alessandro Maganza, y más tarde por el francés Ludovico Dorigny. La decoración de la villa llevó mucho tiempo, y en algunos casos no se conoce a los artistas y artesanos que trabajaron.
Entre los cuatro salones del piano nobile, tenemos la sala oeste, con frescos de temas religiosos, y el salón este, que muestra una alegoría sobre la vida del primer propietario, el conde Paolo Almerico, con sus numerosas habilidades y cualidades retratadas en el fresco.
El lugar más notable del espacio interno es sin duda la sala central circular, dotada de balcones, que se desarrolla en toda la altura hasta la cúpula. El cielorraso semiesférico está decorado con frescos de Alessandro Maganza; aquí encontramos también alegorías ligadas a la vida religiosa y las virtudes que supone, con representaciones de la Bondad, la Templanza y la Castidad. La parte inferior de la sala, en todas las paredes, está decorada con columnatas fingidas en trampantojo y gigantescas figuras de la mitología griega, obras de Ludovico Dorigny.
Igual que en la arquitectura diseñada por Palladio, pensada para un hombre de iglesia, también la decoración incluye elementos formales destinados a sugerir un sentido de sacralidad, en sintonía con el programa general. La cantidad de frescos genera casi el ambiente de una catedral, no de una residencia campestre. Goethe, quien varias veces visitó la villa, decía que Palladio había adaptado un templo griego para ser habitado.
Relación con el paisaje
Desde los pórticos es posible gozar de la maravillosa vista del campo circundante, dado que no por azar la villa fue proyectada para estar en perfecta armonía con el paisaje. Esto estaba en abierto contraste con edificios como la Villa Farnese, construida solo 16 años antes. Aunque la Rotonda pueda parecer completamente simétrica, existen desviaciones proyectadas para que cada fachada fuera el complemento del ambiente y la topografía circundante. En consecuencia, existen diferencias en las fachadas, en el tamaño de los escalones, en el muro de contención, etc. De tal modo la simetría de la arquitectura dialoga con la asimetría del paisaje, para crear una composición en apariencia simétrica. El paisaje ofrece una visión panorámica de árboles, prados y bosques, con Vicenza distante en el horizonte.
La loggia septentrional está inserta en la colina como remate de una calle vehicular que empieza en la entrada principal. Este recorrido es un camino por el medio del bloque de servicio, construido por los hermanos Capra a partir de 1591. Cuando uno se acerca a la villa desde este sector, se recibe la impresión deliberada de estar ascendiendo hacia un templo en la altura. Del mismo modo, en sentido inverso, desde la Villa se visualiza el santuario que corona en la ciudad el Monte Berico, unificando así la villa y la ciudad.