Urbanismo como evolución
Introducción
La
del urbanismo en Europa es la historia de las ciudades de dicho continente, sus inicios y su desarrollo. En Europa, las primeras aglomeraciones importantes se desarrollaron en la Edad Antigua, en torno al mar Mediterráneo. El Imperio romano a partir de su capital, Roma, que es la primera población que puede considerarse como gran ciudad, crea una cultura urbana en sus dominios, entre los que se encontraba parte de Europa (desde el mar Mediterráneo en todas sus márgenes, llegando hasta Gran Bretaña).[1].
Durante el siglo , el continente experimenta los más extremos contrastes en el desarrollo de sus ciudades, que va desde la devastación planificada de varias de ellas (principalmente en Alemania), durante la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento por el éxodo rural en España, y el denso crecimiento de las grandes ciudades y la expansión de sus límites, generalmente a expensas de poblaciones cercanas más pequeñas. El proceso de suburbanización fue acompañado por la pérdida de población de las ciudades centrales, fenómeno que se ha detenido a partir del siglo con la revitalización de las ciudades lo que ha comportado un nuevo auge demográfico de estas, como es el caso de París, Londres, Madrid o Viena.
Mientras que a comienzos del siglo las mayores aglomeraciones del mundo eran las ciudades europeas, ya que de las 11 ciudades de más de un millón de habitantes, 7 se encontraban en Europa, en la actualidad ninguna de ellas figura en la lista de las 10 primeras en el mundo y tan solo las áreas metropolitanas de Londres, París, Moscú y la Región del Ruhr superan los 10 millones de habitantes. Europa es el continente más urbanizado, con un porcentaje de población urbana superior al 70 %.[2].
La mayoría de los ciudadanos de la Unión Europea (UE) vive en zonas urbanas.[3].
Edad Media
En la Edad Media de la antigüedad clásica solamente mantendría su importancia Constantinopla, que siguió siendo capital del Imperio bizantino, mientras que Roma estaba en franco retroceso, así como otras poblaciones. Así pues, las mayores urbes se situaban en el sur de Europa, mientras que el centro y norte vivía bajo una sociedad agraria y feudal.
En la Baja Edad Media florecieron nuevamente las ciudades en el resto del continente gracias a la mejora de las condiciones de vida que impulsaron la industria, las ferias, los negocios y, por tanto, el comercio. Así destacan por su importancia Medina del Campo, Barcelona, Valencia, Brujas, Ypres, Bruselas, Milán, Génova, Venecia, Florencia, Colonia "Colonia (Alemania)") y Hamburgo. Otras ciudades como París, Londres y Viena, unieron a su prosperidad comercial una creciente importancia política al convertirse en las capitales nacionales de poderosos estados.