Tratamiento contra xilófagos (Termitas) | Construpedia
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Tratamiento contra xilófagos (Termitas)
Introducción
Un insecticida es sustancia química o biológica utilizada para matar, repeler o controlar insectos considerados plagas.[1] El término proviene del latín insectum ("insecto") y el sufijo -cida ("que mata"), reflejando su función biológica esencial. Dentro del grupo general de los plaguicidas, los insecticidas constituyen una categoría específica junto con herbicidas, fungicidas y rodenticidas.
Su aplicación representa uno de los pilares del control de plagas en agricultura, sanidad animal y salud pública. En el ámbito agrícola, los insecticidas han permitido reducir pérdidas de rendimiento y garantizar la estabilidad alimentaria global; en la salud pública, han sido decisivos en el control de vectores de enfermedades como la malaria, el dengue o la enfermedad de Chagas. El desarrollo y uso masivo de estos compuestos durante el siglo transformó la productividad agrícola y la epidemiología de las enfermedades transmitidas por insectos.[2] Sin embargo, su utilización indiscriminada también reveló efectos colaterales profundos: toxicidad para organismos no objetivo, disrupciones ecológicas, contaminación ambiental y bioacumulación a lo largo de las cadenas tróficas. [3] Estas consecuencias impulsaron un cambio de paradigma hacia el diseño de moléculas más selectivas, biodegradables y compatibles con las estrategias de manejo integrado de plagas (MIP).
Historia y origen
El uso de sustancias con propiedades insecticidas se remonta a la antigüedad. Los registros más antiguos provienen de la antigua Sumeria, hace unos 4500 años, donde se utilizaban compuestos de azufre para eliminar insectos y ácaros de los cultivos, mientras que en China, hace aproximadamente 3200 años, se empleaban mezclas de mercurio y arsénico para controlar piojos del cuerpo y otras plagas, lo que constituye una de las primeras aplicaciones documentadas de sustancias químicas con fines entomológicos.[4].
En la Grecia clásica, Homero mencionó en la Odisea el uso del azufre encendido como fumigante para purificar viviendas, y Plinio el Viejo describió en la Roma imperial preparados vegetales con propiedades insecticidas. Estos registros tempranos revelan un conocimiento empírico basado en minerales y extractos vegetales como herramientas de control.[5].
Entre los siglos y , con el desarrollo de la botánica y la química natural, se aislaron los primeros principios activos vegetales de uso sistemático, como la nicotina del tabaco () y las piretrinas del crisantemo (). Estos extractos marcaron el inicio del control químico moderno y sentaron las bases de la toxicología entomológica.[6].
Tratamiento contra xilófagos (Termitas)
Introducción
Un insecticida es sustancia química o biológica utilizada para matar, repeler o controlar insectos considerados plagas.[1] El término proviene del latín insectum ("insecto") y el sufijo -cida ("que mata"), reflejando su función biológica esencial. Dentro del grupo general de los plaguicidas, los insecticidas constituyen una categoría específica junto con herbicidas, fungicidas y rodenticidas.
Su aplicación representa uno de los pilares del control de plagas en agricultura, sanidad animal y salud pública. En el ámbito agrícola, los insecticidas han permitido reducir pérdidas de rendimiento y garantizar la estabilidad alimentaria global; en la salud pública, han sido decisivos en el control de vectores de enfermedades como la malaria, el dengue o la enfermedad de Chagas. El desarrollo y uso masivo de estos compuestos durante el siglo transformó la productividad agrícola y la epidemiología de las enfermedades transmitidas por insectos.[2] Sin embargo, su utilización indiscriminada también reveló efectos colaterales profundos: toxicidad para organismos no objetivo, disrupciones ecológicas, contaminación ambiental y bioacumulación a lo largo de las cadenas tróficas. [3] Estas consecuencias impulsaron un cambio de paradigma hacia el diseño de moléculas más selectivas, biodegradables y compatibles con las estrategias de manejo integrado de plagas (MIP).
Historia y origen
El uso de sustancias con propiedades insecticidas se remonta a la antigüedad. Los registros más antiguos provienen de la antigua Sumeria, hace unos 4500 años, donde se utilizaban compuestos de azufre para eliminar insectos y ácaros de los cultivos, mientras que en China, hace aproximadamente 3200 años, se empleaban mezclas de mercurio y arsénico para controlar piojos del cuerpo y otras plagas, lo que constituye una de las primeras aplicaciones documentadas de sustancias químicas con fines entomológicos.[4].
En la Grecia clásica, Homero mencionó en la Odisea el uso del azufre encendido como fumigante para purificar viviendas, y Plinio el Viejo describió en la Roma imperial preparados vegetales con propiedades insecticidas. Estos registros tempranos revelan un conocimiento empírico basado en minerales y extractos vegetales como herramientas de control.[5].
Nicotiana tabacum
Chrysanthemum cinerariaefolium
El siglo marcó un punto de inflexión con el auge de la industria química y la síntesis de nuevos compuestos orgánicos. En 1939, el químico suizo Paul Hermann Müller descubrió las propiedades insecticidas del DDT (dicloro difenil tricloroetano), un hallazgo que revolucionó el control de plagas agrícolas y sanitarias. Durante la Segunda Guerra Mundial, su empleo masivo para prevenir la malaria y el tifus consolidó el concepto de “control químico” como estrategia global. [7] Sin embargo, su persistencia ambiental y efectos sobre la fauna silvestre motivaron su progresiva prohibición a partir de la década de 1970.
A partir de la década de 1960, la aparición de resistencia en insectos y las denuncias sobre los impactos ecológicos, impulsadas por la publicación de Primavera silenciosa de Rachel Carson (1962), provocaron un cambio de paradigma.[8] El impacto marcó un cambio epistemológico: el control de plagas dejó de considerarse solo un problema productivo y pasó a entenderse como una cuestión ecológica y sanitaria. Desde entonces, la investigación se ha orientado hacia compuestos más específicos y menos persistentes, como los piretroides, neonicotinoides y reguladores del crecimiento de insectos (IGR).
Desde fines del siglo y comienzos del , la biotecnología amplió el concepto de insecticida al incluir microorganismos entomopatógenos, virus nucleopoliedrosis y plantas transgénicas que expresan proteínas tóxicas de Bacillus thuringiensis. Esta evolución resume el tránsito de un control empírico y químico hacia una disciplina científica basada en la toxicología, la ecología evolutiva y la gestión racional del riesgo.
Clasificación de los insecticidas
Contenido
Los insecticidas pueden clasificarse de diversas maneras según su estructura química, origen, modo o sitio de acción, vía de ingreso al organismo, comportamiento en el ambiente o en la planta, y estado de desarrollo afectado. Cada uno de estos criterios refleja una dimensión distinta del control químico y ayuda a comprender tanto la eficacia biológica como las implicancias toxicológicas y ambientales del compuesto.
Según su estructura química
Esta clasificación agrupa los insecticidas por su composición molecular, que determina en gran medida su mecanismo de acción, toxicidad y persistencia ambiental. Los principales grupos son:.
Esta clasificación química es la base sobre la que se organizan la mayoría de las regulaciones internacionales, ya que permite inferir la toxicidad, la degradación ambiental y la potencial resistencia cruzada.
Según su origen
El origen condiciona la persistencia, la selectividad y el marco regulatorio de cada compuesto.
Según su modo o sitio de acción
El modo de acción describe el proceso fisiológico general afectado, mientras que el sitio o mecanismo de acción refiere al blanco molecular específico.
El Comité de Acción contra la Resistencia a Insecticidas (IRAC) clasifica los compuestos en grupos numerados de acuerdo con este criterio, lo que permite diseñar estrategias efectivas de rotación química para evitar la resistencia.
En términos funcionales, la mayoría de los insecticidas actúan sobre el sistema nervioso, como los inhibidores de la acetilcolinesterasa, los moduladores de canales de sodio o los agonistas de receptores nicotínicos. Otros interfieren con la síntesis de quitina o con las hormonas de muda, afectando el crecimiento y la metamorfosis. También existen insecticidas que alteran la respiración mitocondrial o destruyen el epitelio intestinal de los insectos, como las toxinas de Bacillus thuringiensis.
La siguiente tabla resume los principales grupos de modo de acción reconocidos por el IRAC (Edición 5.1, 2024), junto con sus blancos fisiológicos y ejemplos representativos. [9].
Según su vía de ingreso al organismo del insecto
Los insecticidas pueden penetrar por diferentes rutas fisiológicas:.
En la práctica, estas vías suelen combinarse, generando una acción múltiple de contacto e ingestión.
Según el estado de desarrollo afectado
Esta clasificación se utiliza en entomología aplicada y programas de control vectorial para ajustar el tratamiento al ciclo de vida del insecto objetivo.
Criterios de eficacia, selectividad y seguridad
Los insecticidas modernos se evalúan según un conjunto de criterios que combinan eficacia biológica, selectividad y sostenibilidad ambiental. Estos principios orientan el diseño de nuevas moléculas, la regulación internacional y las estrategias de manejo integrado de plagas. [10].
En conjunto, estos criterios definen el estándar contemporáneo del control químico: compuestos más específicos, menos persistentes y con menor impacto ecológico, capaces de mantener la eficacia sin comprometer la sostenibilidad de los ecosistemas ni la seguridad humana.
Ámbitos de aplicación y uso
Los insecticidas se emplean en diversos sectores productivos y sanitarios. Su función va desde la protección de cultivos agrícolas hasta el control de vectores de enfermedades en humanos y animales. Las principales áreas de aplicación son las siguientes:.
Toxicidad y riesgos para la salud humana
La exposición humana a insecticidas puede producir efectos agudos o crónicos, dependiendo del tipo de compuesto, la dosis y la vía de ingreso (cutánea, inhalatoria o digestiva).
Los efectos agudos incluyen irritación dérmica y ocular, cefaleas, náuseas y alteraciones neuromusculares, particularmente asociados al uso de organofosforados y carbamatos, que actúan inhibiendo la acetilcolinesterasa.
Los efectos crónicos se relacionan con la exposición prolongada a bajas dosis y pueden incluir disfunciones neurológicas, alteraciones endocrinas, genotoxicidad o carcinogenicidad potencial, según el compuesto y las condiciones de exposición.
Los grupos más vulnerables son los trabajadores agrícolas, niños y personas embarazadas, para quienes se promueve el uso de equipos de protección personal y regulaciones de seguridad ocupacional. [11].
Impactos ambientales
El uso extensivo de insecticidas ha evidenciado consecuencias ecológicas relevantes, desde la contaminación de suelos y aguas hasta la pérdida de biodiversidad. Los principales efectos ambientales se agrupan en tres niveles:.
Efectos sobre especies no objetivo
Algunos insecticidas afectan especies distintas de las que se pretende controlar. Aves, peces, anfibios y polinizadores pueden sufrir envenenamiento directo o indirecto al consumir presas contaminadas o entrar en contacto con residuos químicos. La deriva aérea y la deposición secundaria amplifican estos efectos en ecosistemas adyacentes.[12].
Contaminación y bioacumulación
Los insecticidas persistentes pueden transportarse por escorrentía o percolación, contaminando cuerpos de agua y acuíferos. En el medio acuático, estos compuestos se incorporan a la cadena trófica, generando bioacumulación en organismos y biomagnificación en niveles tróficos superiores.
El caso del DDT marcó un hito histórico en toxicología ambiental al demostrar la persistencia y los efectos de los contaminantes orgánicos en ecosistemas terrestres y acuáticos. Su prohibición mundial bajo el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes constituye un precedente regulatorio fundamental. [13].
Impacto en la biodiversidad
La aplicación masiva de insecticidas ha contribuido a la disminución de insectos polinizadores y aves insectívoras. En el caso de las abejas, las exposiciones subletales a neonicotinoides pueden alterar el comportamiento de búsqueda de alimento y la orientación, reduciendo el éxito de las colonias.
La pérdida generalizada de insectos voladores también repercute sobre la cadena alimentaria, afectando poblaciones de aves y otros depredadores dependientes. [14].
Estrategias alternativas y manejo integrado de plagas
Las estrategias contemporáneas de manejo buscan reducir la dependencia del control químico y promover prácticas sostenibles.[15] Entre las principales alternativas se incluyen:.
Estas prácticas conforman el enfoque moderno del control de plagas: minimizar el uso de insecticidas de amplio espectro, conservar los enemigos naturales y priorizar la sostenibilidad ambiental.[21].
[3] ↑ Tison, Léa; Beaumelle, Léa; Monceau, Karine; Thiéry, Denis (1 de junio de 2024). «Transfer and bioaccumulation of pesticides in terrestrial arthropods and food webs: State of knowledge and perspectives for research». Chemosphere 357: 142036. ISSN 0045-6535. doi:10.1016/j.chemosphere.2024.142036. Consultado el 5 de octubre de 2025.: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0045653524009299
[4] ↑ Araújo, Maria F.; Castanheira, Elisabete M. S.; Sousa, Sérgio F. (21 de abril de 2023). «The Buzz on Insecticides: A Review of Uses, Molecular Structures, Targets, Adverse Effects, and Alternatives». Molecules (en inglés) 28 (8): 3641. ISSN 1420-3049. PMC 10144373. PMID 37110875. doi:10.3390/molecules28083641. Consultado el 8 de octubre de 2025.: https://www.mdpi.com/1420-3049/28/8/3641
[5] ↑ Departamento de Reglamentación de Pesticidas. «Una breve historia de la reglamentación de los insecticidas.». Departamento de Reglamentación de Pesticidas.: https://www.cdpr.ca.gov/news-and-announcements/
[6] ↑ López, E. P. (2012). «Plaguicidas botánicos: Una alternativa a tener en cuenta.». Fitosanidad 16 (1): 21-59.
[7] ↑ Alzogaray, Raúl (2021). «Cuando la muerte camina en seis patas (insectos, enfermedades e insecticidas)». Ciencia e Investigación.
[8] ↑ Pereira Gaissler, Rubia (23 de marzo de 2015). The history of environment, science and society told by DDT: a discourse and content analysis of the media from the United States and Brazil between 1944 and 2014 (en portugués). Universidade Estadual de Campinas. doi:10.47749/t/unicamp.2015.952412. Consultado el 8 de octubre de 2025.: https://repositorio.unicamp.br/Busca/Download?codigoArquivo=495973
[9] ↑ IRAC España (2024). «Folleto de clasificación del modo de acción de insecticidas y acaricidas incluyendo nematicidas.». Comité de Acción contra la Resistencia a Insecticidas, basada en la edición 11.1 de IRAC Internacional.: https://irac-online.org/countries/spain/
[10] ↑ Sparks, Thomas C.; Nauen, Ralf (1 de junio de 2015). «IRAC: Mode of action classification and insecticide resistance management». Pesticide Biochemistry and Physiology. Insecticide and Acaricide Modes of Action and their Role in Resistance and its Management 121: 122-128. ISSN 0048-3575. doi:10.1016/j.pestbp.2014.11.014. Consultado el 8 de octubre de 2025.: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0048357514002272
[11] ↑ World Health Organization & Food and Agriculture Organization of the United Nations (2024). «Joint FAO/WHO Meeting on Pesticide Residues (JMPR): Evaluations 2023». World Health Organization.: https://www.who.int/publications/i/item/9789240099302
[12] ↑ Palmer, WE, Bromley, PT, and Brandenburg, RL. Wildlife & pesticides - Peanuts. North Carolina Cooperative Extension Service. Retrieved on 14 October 2007.: http://ipm.ncsu.edu/wildlife/peanuts_wildlife.html
[17] ↑ «Biological Control and Natural Enemies of Invertebrates Management Guidelines--UC IPM». ipm.ucanr.edu. Consultado el 12 de diciembre de 2018.: http://ipm.ucanr.edu/PMG/PESTNOTES/pn74140.html
[20] ↑ Cook, Samantha M.; Khan, Zeyaur R.; Pickett, John A. (2007). «The use of push-pull strategies in integrated pest management». Annual Review of Entomology 52: 375-400. ISSN 0066-4170. PMID 16968206. doi:10.1146/annurev.ento.52.110405.091407.: https://es.wikipedia.org//portal.issn.org/resource/issn/0066-4170
[21] ↑ Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO); World Health Organization (WHO) (2014). «The International Code of Conduct on Pesticide Management». Rome: FAO and WHO.: https://openknowledge.fao.org/handle/20.500.14283/i3604e
Entre los siglos y , con el desarrollo de la botánica y la química natural, se aislaron los primeros principios activos vegetales de uso sistemático, como la nicotina del tabaco (Nicotiana tabacum) y las piretrinas del crisantemo (Chrysanthemum cinerariaefolium). Estos extractos marcaron el inicio del control químico moderno y sentaron las bases de la toxicología entomológica.[6].
El siglo marcó un punto de inflexión con el auge de la industria química y la síntesis de nuevos compuestos orgánicos. En 1939, el químico suizo Paul Hermann Müller descubrió las propiedades insecticidas del DDT (dicloro difenil tricloroetano), un hallazgo que revolucionó el control de plagas agrícolas y sanitarias. Durante la Segunda Guerra Mundial, su empleo masivo para prevenir la malaria y el tifus consolidó el concepto de “control químico” como estrategia global. [7] Sin embargo, su persistencia ambiental y efectos sobre la fauna silvestre motivaron su progresiva prohibición a partir de la década de 1970.
A partir de la década de 1960, la aparición de resistencia en insectos y las denuncias sobre los impactos ecológicos, impulsadas por la publicación de Primavera silenciosa de Rachel Carson (1962), provocaron un cambio de paradigma.[8] El impacto marcó un cambio epistemológico: el control de plagas dejó de considerarse solo un problema productivo y pasó a entenderse como una cuestión ecológica y sanitaria. Desde entonces, la investigación se ha orientado hacia compuestos más específicos y menos persistentes, como los piretroides, neonicotinoides y reguladores del crecimiento de insectos (IGR).
Desde fines del siglo y comienzos del , la biotecnología amplió el concepto de insecticida al incluir microorganismos entomopatógenos, virus nucleopoliedrosis y plantas transgénicas que expresan proteínas tóxicas de Bacillus thuringiensis. Esta evolución resume el tránsito de un control empírico y químico hacia una disciplina científica basada en la toxicología, la ecología evolutiva y la gestión racional del riesgo.
Clasificación de los insecticidas
Contenido
Los insecticidas pueden clasificarse de diversas maneras según su estructura química, origen, modo o sitio de acción, vía de ingreso al organismo, comportamiento en el ambiente o en la planta, y estado de desarrollo afectado. Cada uno de estos criterios refleja una dimensión distinta del control químico y ayuda a comprender tanto la eficacia biológica como las implicancias toxicológicas y ambientales del compuesto.
Según su estructura química
Esta clasificación agrupa los insecticidas por su composición molecular, que determina en gran medida su mecanismo de acción, toxicidad y persistencia ambiental. Los principales grupos son:.
Esta clasificación química es la base sobre la que se organizan la mayoría de las regulaciones internacionales, ya que permite inferir la toxicidad, la degradación ambiental y la potencial resistencia cruzada.
Según su origen
El origen condiciona la persistencia, la selectividad y el marco regulatorio de cada compuesto.
Según su modo o sitio de acción
El modo de acción describe el proceso fisiológico general afectado, mientras que el sitio o mecanismo de acción refiere al blanco molecular específico.
El Comité de Acción contra la Resistencia a Insecticidas (IRAC) clasifica los compuestos en grupos numerados de acuerdo con este criterio, lo que permite diseñar estrategias efectivas de rotación química para evitar la resistencia.
En términos funcionales, la mayoría de los insecticidas actúan sobre el sistema nervioso, como los inhibidores de la acetilcolinesterasa, los moduladores de canales de sodio o los agonistas de receptores nicotínicos. Otros interfieren con la síntesis de quitina o con las hormonas de muda, afectando el crecimiento y la metamorfosis. También existen insecticidas que alteran la respiración mitocondrial o destruyen el epitelio intestinal de los insectos, como las toxinas de Bacillus thuringiensis.
La siguiente tabla resume los principales grupos de modo de acción reconocidos por el IRAC (Edición 5.1, 2024), junto con sus blancos fisiológicos y ejemplos representativos. [9].
Según su vía de ingreso al organismo del insecto
Los insecticidas pueden penetrar por diferentes rutas fisiológicas:.
En la práctica, estas vías suelen combinarse, generando una acción múltiple de contacto e ingestión.
Según el estado de desarrollo afectado
Esta clasificación se utiliza en entomología aplicada y programas de control vectorial para ajustar el tratamiento al ciclo de vida del insecto objetivo.
Criterios de eficacia, selectividad y seguridad
Los insecticidas modernos se evalúan según un conjunto de criterios que combinan eficacia biológica, selectividad y sostenibilidad ambiental. Estos principios orientan el diseño de nuevas moléculas, la regulación internacional y las estrategias de manejo integrado de plagas. [10].
En conjunto, estos criterios definen el estándar contemporáneo del control químico: compuestos más específicos, menos persistentes y con menor impacto ecológico, capaces de mantener la eficacia sin comprometer la sostenibilidad de los ecosistemas ni la seguridad humana.
Ámbitos de aplicación y uso
Los insecticidas se emplean en diversos sectores productivos y sanitarios. Su función va desde la protección de cultivos agrícolas hasta el control de vectores de enfermedades en humanos y animales. Las principales áreas de aplicación son las siguientes:.
Toxicidad y riesgos para la salud humana
La exposición humana a insecticidas puede producir efectos agudos o crónicos, dependiendo del tipo de compuesto, la dosis y la vía de ingreso (cutánea, inhalatoria o digestiva).
Los efectos agudos incluyen irritación dérmica y ocular, cefaleas, náuseas y alteraciones neuromusculares, particularmente asociados al uso de organofosforados y carbamatos, que actúan inhibiendo la acetilcolinesterasa.
Los efectos crónicos se relacionan con la exposición prolongada a bajas dosis y pueden incluir disfunciones neurológicas, alteraciones endocrinas, genotoxicidad o carcinogenicidad potencial, según el compuesto y las condiciones de exposición.
Los grupos más vulnerables son los trabajadores agrícolas, niños y personas embarazadas, para quienes se promueve el uso de equipos de protección personal y regulaciones de seguridad ocupacional. [11].
Impactos ambientales
El uso extensivo de insecticidas ha evidenciado consecuencias ecológicas relevantes, desde la contaminación de suelos y aguas hasta la pérdida de biodiversidad. Los principales efectos ambientales se agrupan en tres niveles:.
Efectos sobre especies no objetivo
Algunos insecticidas afectan especies distintas de las que se pretende controlar. Aves, peces, anfibios y polinizadores pueden sufrir envenenamiento directo o indirecto al consumir presas contaminadas o entrar en contacto con residuos químicos. La deriva aérea y la deposición secundaria amplifican estos efectos en ecosistemas adyacentes.[12].
Contaminación y bioacumulación
Los insecticidas persistentes pueden transportarse por escorrentía o percolación, contaminando cuerpos de agua y acuíferos. En el medio acuático, estos compuestos se incorporan a la cadena trófica, generando bioacumulación en organismos y biomagnificación en niveles tróficos superiores.
El caso del DDT marcó un hito histórico en toxicología ambiental al demostrar la persistencia y los efectos de los contaminantes orgánicos en ecosistemas terrestres y acuáticos. Su prohibición mundial bajo el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes constituye un precedente regulatorio fundamental. [13].
Impacto en la biodiversidad
La aplicación masiva de insecticidas ha contribuido a la disminución de insectos polinizadores y aves insectívoras. En el caso de las abejas, las exposiciones subletales a neonicotinoides pueden alterar el comportamiento de búsqueda de alimento y la orientación, reduciendo el éxito de las colonias.
La pérdida generalizada de insectos voladores también repercute sobre la cadena alimentaria, afectando poblaciones de aves y otros depredadores dependientes. [14].
Estrategias alternativas y manejo integrado de plagas
Las estrategias contemporáneas de manejo buscan reducir la dependencia del control químico y promover prácticas sostenibles.[15] Entre las principales alternativas se incluyen:.
Estas prácticas conforman el enfoque moderno del control de plagas: minimizar el uso de insecticidas de amplio espectro, conservar los enemigos naturales y priorizar la sostenibilidad ambiental.[21].
[3] ↑ Tison, Léa; Beaumelle, Léa; Monceau, Karine; Thiéry, Denis (1 de junio de 2024). «Transfer and bioaccumulation of pesticides in terrestrial arthropods and food webs: State of knowledge and perspectives for research». Chemosphere 357: 142036. ISSN 0045-6535. doi:10.1016/j.chemosphere.2024.142036. Consultado el 5 de octubre de 2025.: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0045653524009299
[4] ↑ Araújo, Maria F.; Castanheira, Elisabete M. S.; Sousa, Sérgio F. (21 de abril de 2023). «The Buzz on Insecticides: A Review of Uses, Molecular Structures, Targets, Adverse Effects, and Alternatives». Molecules (en inglés) 28 (8): 3641. ISSN 1420-3049. PMC 10144373. PMID 37110875. doi:10.3390/molecules28083641. Consultado el 8 de octubre de 2025.: https://www.mdpi.com/1420-3049/28/8/3641
[5] ↑ Departamento de Reglamentación de Pesticidas. «Una breve historia de la reglamentación de los insecticidas.». Departamento de Reglamentación de Pesticidas.: https://www.cdpr.ca.gov/news-and-announcements/
[6] ↑ López, E. P. (2012). «Plaguicidas botánicos: Una alternativa a tener en cuenta.». Fitosanidad 16 (1): 21-59.
[7] ↑ Alzogaray, Raúl (2021). «Cuando la muerte camina en seis patas (insectos, enfermedades e insecticidas)». Ciencia e Investigación.
[8] ↑ Pereira Gaissler, Rubia (23 de marzo de 2015). The history of environment, science and society told by DDT: a discourse and content analysis of the media from the United States and Brazil between 1944 and 2014 (en portugués). Universidade Estadual de Campinas. doi:10.47749/t/unicamp.2015.952412. Consultado el 8 de octubre de 2025.: https://repositorio.unicamp.br/Busca/Download?codigoArquivo=495973
[9] ↑ IRAC España (2024). «Folleto de clasificación del modo de acción de insecticidas y acaricidas incluyendo nematicidas.». Comité de Acción contra la Resistencia a Insecticidas, basada en la edición 11.1 de IRAC Internacional.: https://irac-online.org/countries/spain/
[10] ↑ Sparks, Thomas C.; Nauen, Ralf (1 de junio de 2015). «IRAC: Mode of action classification and insecticide resistance management». Pesticide Biochemistry and Physiology. Insecticide and Acaricide Modes of Action and their Role in Resistance and its Management 121: 122-128. ISSN 0048-3575. doi:10.1016/j.pestbp.2014.11.014. Consultado el 8 de octubre de 2025.: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0048357514002272
[11] ↑ World Health Organization & Food and Agriculture Organization of the United Nations (2024). «Joint FAO/WHO Meeting on Pesticide Residues (JMPR): Evaluations 2023». World Health Organization.: https://www.who.int/publications/i/item/9789240099302
[12] ↑ Palmer, WE, Bromley, PT, and Brandenburg, RL. Wildlife & pesticides - Peanuts. North Carolina Cooperative Extension Service. Retrieved on 14 October 2007.: http://ipm.ncsu.edu/wildlife/peanuts_wildlife.html
[17] ↑ «Biological Control and Natural Enemies of Invertebrates Management Guidelines--UC IPM». ipm.ucanr.edu. Consultado el 12 de diciembre de 2018.: http://ipm.ucanr.edu/PMG/PESTNOTES/pn74140.html
[20] ↑ Cook, Samantha M.; Khan, Zeyaur R.; Pickett, John A. (2007). «The use of push-pull strategies in integrated pest management». Annual Review of Entomology 52: 375-400. ISSN 0066-4170. PMID 16968206. doi:10.1146/annurev.ento.52.110405.091407.: https://es.wikipedia.org//portal.issn.org/resource/issn/0066-4170
[21] ↑ Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO); World Health Organization (WHO) (2014). «The International Code of Conduct on Pesticide Management». Rome: FAO and WHO.: https://openknowledge.fao.org/handle/20.500.14283/i3604e