En su libro "Historia y crítica de la opinión pública" (1962), Habermas presenta una indagación histórica exhaustiva y sumamente sugerente de la génesis de la «esfera pública» en la sociedad burguesa europea de los siglos y y su posterior evolución y deformación en el siglo bajo la incorporación de los medios de comunicación de masas. La inicial esfera de debate y discusión se va transformando y reestructurando con fines puramente demostrativos y manipulativos, hasta el punto de que la ausencia de una genuina participación de los ciudadanos se torne no solo deseable para quienes ejercen el poder político sino incluso aceptable para los propios ciudadanos.
En el siglo en las nociones de espacio público fue incorporada la figura de los medios de comunicación de masas y esto potenció la interpretación de lo público como aquello que tiene visibilidad. El espacio público se puede decir que es mediatizado, en el sentido de que este es funcional y normativamente indisociable del rol de los medios de comunicación. En el espacio público moderno capitalista, los ciudadanos comunes no pueden convertirse en interlocutores directos. En este sistema cobran relevancia las instituciones políticas y los medios de comunicación. Los medios de comunicación son el principal agente de producción de realidad pública. Pero la organización y las formas típicas de la comunicación de masas limitan el acceso y desalientan la participación activa y el diálogo. Los medios en sí mismos suelen estar controlados por el poder estatal y por intereses comerciales de los propios medios. En los años recientes, se habla de un proceso de privatización del espacio público. Esto significa que las posibilidades de comunicación a través de los medios tradicionales son reducidas, porque estos operan bajo concesiones y lógicas comerciales, además de que están distribuidos en pocas manos, incluso en las corporaciones que operan distintas plataformas en Internet. Uno de los principales riesgos de la concentración es la centralización en la producción de contenidos, lo cual implica que unas pocas visiones del mundo son las dominantes en las narrativas mediáticas, mientras que otras tantas visiones son excluidas. Incluso algunos medios de comunicación no realizan funciones de discusión pública, simplemente difunden entretenimiento.[2].
Habermas también le da protagonismo a la vida cotidiana, el cual se refiere a la formación discursiva y a un espacio de opinión pública, donde la esfera pública cumple la función de proteger la autonomía de la vida cotidiana ante los imperativos sistémicos, además de tener una “función simbólica” tanto de “reproducción de la vida cotidiana” como de la “integración social”. La vida cotidiana es el trasfondo para la comunicación lingüística además de ser el horizonte normativo, en el cual los agentes comunicativos se mueven. Como contexto de la comunicación lingüística, la vida cotidiana permite las condiciones de posibilidad del entendimiento. La vida cotidiana se refiere al contexto de interacción social, la reproducción de las normas sociales, así como el margen que existe para cuestionarlas y eventualmente modificarlas. Así mismo, es el espacio social de la transmisión cultural, la integración social y la socialización. También es la esfera de la actuación del sujeto donde su voluntad y crítica pueden cobrar validez.
Por otro lado, la esfera pública actúa como un “dique” que resguarda legitimidad y autonomía en la vida cotidiana, pero no avanza necesariamente contra el sistema ni busca un orden social superior para someterlo o transformarlo. Lo anterior, permite que los avances teóricos, de la "Teoría de la acción comunicativa", marquen el segundo momento para el concepto de esfera pública. Habermas pasa a pensar, en 1981, la esfera pública a partir del par conceptual y dialéctico vida cotidiana/sistema: un avance teórico con relación a la razón comunicativa y razón instrumental que se desarrollara en conocimiento e interés.
Entender lo público en la lógica de la participación implica cuestionar quiénes tienen derecho a participar. En el ágora griega y en la esfera pública burguesa la participación en el espacio público es tratada desde la lógica de reunión entre iguales. En la lógica contemporánea, la discusión del espacio público en términos de comunicación política ha sostenido la idea de que hay actores con legitimidad para expresarse públicamente sobre los asuntos comunes. Se suele considerar que los actores principales son: Los políticos, los periodistas y la opinión pública a través de sondeos. Por otro lado había otros actores en la periferia tanto en la escena social (movimientos sociales, asociaciones sindicales etc.) como en la escena internacional (organizaciones internacionales, grupos multinacionales, etc.). Sin embargo con Internet ha habido una ruptura. Los ciudadanos pueden trascender la barrera del anonimato y trascender de la lógica de la opinión pública reducida a sondeos.[2].
En las sociedades contemporáneas caracterizadas en mayor o menor medida por la diversidad, no es posible pensar en un único interés. La comunicación en Internet ha contribuido a diversificar las opciones para el consumo y a abrir espacios de producción sin intermediarios, pero eso no implica, que haya una interacción y diálogo entre diferentes sectores con puntos de vista distintos. No es posible afirmar que todo es enteramente visible. Lo que se transmite en un medio está sujeto a las audiencias que tenga y al interés que estos productos mediáticos generen. Algunos autores proponen hablar de espacios públicos subalternos o esferas contra-públicas para señalar que hay arenas discursivas donde los miembros de grupos sociales inventan y circulan contra-discursos que les permiten formular interpretaciones oposicionales de sus identidades, intereses y necesidades. Ejemplos de esferas contra-pública el movimiento feminista, Attac y el proyecto Luther Blissett. La construcción de estas esferas contra-públicas tiene dos sentidos: permitir la reagrupación de identidades y sentar las bases para una disputa pública.[2] Las esfera contra-públicas actualmente están incrementando su influencia. Esto es debido a tres factores interrelacionados:[4].
El término esfera contra-pública tiene dos dimensiones:[4].
Los medios de comunicación son herramientas en el proceso de las esferas contra-públicas. Usan medios masivos y tradicionales. Su objetivo es ampliar al máximo su audiencia. Sin embargo es frecuente el sentimiento de que la información, mensajes y noticias que ellos producen no encuentran la forma de introducirse en los medios de comunicación clásicos. Por tanto buscan otros medios alternativos[4].
En el siglo XX se consideraba que los medios de comunicación asumían el papel de espacio público, en tanto espacio de visibilidad donde debería ser posible una discusión sobre los asuntos comunes. Sin embargo con Internet se ha expandido el espacio público para abrirse paso a los ciudadanos comunes de incluso otra nacionalidad. Cualquiera puede tomar la palabra. Esta expansión provoca también procesos de fragmentación. Quizá no tendríamos que hablar de un espacio público, sino de diversos espacio públicos que no necesariamente se relacionan entre sí.[2].