Según su madurez
En su fase más temprana, la de su inicio, una startup consiste en poco más que una idea innovadora de negocio que tienen una o varias personas (fundador o cofundadores) junto con la decisión de desarrollarla. Es esta decisión, mientras genere una motivación, la que produce la existencia de una startup.
Esta innovación se materializa de diversas maneras. Según Helen Walters, Larry Keeley, Brian Quinn y Ryan Pikkel hay 10 tipos de innovación[20] que una empresa puede aplicar. En esta fase, los fundadores analizan la viabilidad de la idea, contrastándola con usuarios potenciales, expertos, posibles financiadores, tecnólogos, etcétera.
La decisión de su puesta en marcha se traduce en una dedicación, generalmente gratuita, incluso a menudo mientras desarrollan otra actividad profesional. La dedicación de los fundadores se traduce en un producto viable mínimo susceptible de ser puesto en el mercado y comprobar su aceptación, aunque sea con un número muy limitado de usuarios. Este evento delimita esta fase, pasando la startup a la siguiente. Constituirse como sociedad mercantil es una condición casi indispensable para pasar a la siguiente fase.[21].
La mayoría de las startups que tienen un producto mínimo viable ponen el producto o servicio en el mercado de una manera gratuita para reducir la barrera de adopción y así lograr los primeros usuarios. En esta fase los comentarios de los usuarios permiten a los fundadores orientar y modificar el servicio para maximizar la propuesta de valor y optimizar la experiencia de usuario.
Cuando los emprendedores se sienten satisfechos con la respuesta frente al producto, lanzan al mercado una versión comercial, hecho que determina su paso a la siguiente fase.
En algunos casos, la versión comercial es también gratuita.
Una vez lanzada la versión comercial los usuarios del servicio lo perciben como un producto finalizado, incluso asumiendo que se podrá mejorar y que así hará la startup.
Durante esta fase, generalmente se validan los modelos de monetización, de ingresos, de inversiones, de costes y de gastos, para comprobar su escalabilidad. Esta fase se caracteriza por relevantes incrementos relativos en los números de usuarios o clientes. El crecimiento absoluto debe alcanzar niveles importantes en relación con el tamaño del mercado potencial para pasar a la siguiente fase, es decir, debe ser relevante absolutamente y no solo como porcentaje sobre los periodos anteriores.
Un significativo crecimiento absoluto normalmente exige una superior capacidad de tesorería, para acomodar tanto sus inversiones, como gastos y costes anticipados, y la financiación de las actividades de marketing y ventas, junto a los costes laborales de los cada vez más numerosos empleados.
En esta fase, comienzan a ganar relevancia los aspectos financieros (ingresos por usuario o unitarios, el margen bruto de las operaciones, el circulante, y el Ebitda), junto con la optimización de los procesos y de la estructura organizativa, además de los comerciales.
Cuando la compañía alcanza una facturación de unidades o decenas de millones de euros, un ebitda de varios millones de euros (en 2019), o tiene más de 100 empleados, o se ha valorado en centenares de millones de euros,[22] se considera que ya no es una startup.
Una compañía puede dejar de ser una emergente por varias situaciones además de su crecimiento, tales como comenzar a cotizar en bolsa sus acciones y obligaciones, el dejar de existir como entidad independiente como consecuencia de una fusión o una adquisición, o por haberse producido su disolución.
En 2019 se prevé que el 80 por ciento de las startups sobrevivan a su primer año;[23] sin embargo, el 90 por ciento no llegarán a buen fin.[24].
Según su principal fuente de financiación
La financiación es uno de los factores principales de éxito y uno de los principales riesgos a los que se enfrenta una startup: entrar en una situación de quiebra o insolvencia antes de comprobar si su idea de negocio funciona y es válida. Es el motivo por el que la mayoría llega a su fin, porque no son rentables y no pueden hacer frente a todos los gastos corrientes generados.
Las principales fuentes de financiación de una startup evolucionan en paralelo a su desarrollo, y se podrían clasificar de la siguiente manera:[25][26].
La fuente inicial de financiación es el tiempo que dedican sus fundadores y quizá pequeñas cantidades de dinero aportadas por ellos mismos o por sus familiares más cercanos.[27].
En esta fase, las startups continúan su evolución sufragando los gastos con capital aportado por socios no fundadores, normalmente de familiares, amigos o conocidos. Estas aportaciones obligan normalmente a constituirse en sociedad mercantil.
En algunos casos, las incubadoras de empresas hacen aportaciones en forma de capital, infraestructura y asesoramiento o incluso una ubicación para desarrollar la actividad.
Estas startups comienzan a perseguir financiación vía subvenciones y préstamos blandos gubernamentales.
En esta fase, muchos fundadores comienzan a cobrar pequeñas cantidades.
Cuando la startup recibe capital externo se podría considerar en la fase siguiente.
La financiación obtenida de agentes claramente externos y relativamente desconocidos para el emprendedor es la fuente principal en esta fase. Estos agentes externos pueden ser de las siguientes categorías:.
Un caso especial son las compañías generadoras de nuevos negocios (company builders): negocios concebidos dentro de una compañía generadora de nuevos negocios.[29].
Los fondos de capital riesgo (venture capital) se dedican a financiar startups que consideran potencialmente exitosas. Suelen invertir en un elevado número de ellas aún convencidos de que un alto porcentaje no alcanzarán el éxito. Su ecuación financiera se basa en lograr que alguna despunte, unas cuantas se mantengan con beneficios, aunque no sean grandes, o en equilibrio, y asumen que la mayoría desaparecerán. Cada fondo de Capital Riesgo tiene una política de inversión, que generalmente hace pública, en relación con sus preferencias: las industrias y la fase de las startups en las que invertir, las cantidades máxima y mínima de dinero que dedicaría a cada una, y los criterios subjetivos que emplea en su selección.
El término "ronda de financiación" se utiliza para denominar las sucesivas ampliaciones de capital. Suelen utilizarse letras sucesivas del abecedario para diferenciarlas, a partir del momento en que superan un cierto importe: Serie A, Serie B, etcétera.[30].