Shelley McNamara (Grafton Architects)
Introducción
Shelley McNamara (Lisdoonvarna, Condado de Clare, 1952) es una arquitecta irlandesa. Es cofundadora de Grafton Architects con Yvonne Farrell. Ganaron el premio World Building of the Year en 2008 por el edificio de la Universidad Bocconi en Milán.[1] En 2015, les otorgaron el Premio Jane Drew por su "enorme influencia" en la profesión,[2] y en 2020 obtuvo el premio Pritzker, junto a la arquitecta Yvonne Farrell.[3].
Biografía
Primeros años
Su padre, fue un cantero autodidacta, carpintero, yesero y constructor. McNamara se graduó en el University College de Dublín (UCD) en 1974. Se inspira en arquitectas del pasado y del presente incluyendo Eileen Gray, Flora Ruchat-Roncati, Lina Bo Bardi, Anna Heringer y Carme Pinós.
Es miembro del Instituto Real de los Arquitectos de Irlanda, miembro honorario del Instituto Real de Arquitectos Británicos y miembro electo de Aosdána, la importante organización de artes irlandesa.[4] McNamara es la primera arquitecta incluida en Aosdána.[5].
Carrera
Grafton Architects
Junto con Yvonne Farrell, McNamara estableció Grafton Architects en Dublín, Irlanda en 1978.[6] Su arquitectura abarca todas las escalas y programas aunque han sobresalido por sus proyectos de edificios públicos y educativos tanto a nivel local como internacional. Farrell y McNamara son conscientes de que el ejercicio de la arquitectura no es el producto de un solo genio; la arquitectura, afirman, es mucho más grande que eso, es un trabajo colectivo donde la crítica y la discusión de las ideas son estrictamente necesarias. La enseñanza de proyectos cumple un papel de vital importancia en su propio desarrollo como profesionales, donde aprenden, teorizan y obtienen el contrapunto al trabajo en la práctica.
Apuestan por una filosofía del diseño proyectual basada en el encuentro de las palabras y las ideas, la ética y la función pública de la arquitectura. Su motivación es lograr una arquitectura que conjugue su dimensión artística con su misión de satisfacer necesidades humanas, materiales y simbólicas. Consideran la arquitectura como una profesión que tiene que escuchar (lo que se dice y lo que no) para sintonizar con los requerimientos del lugar, tanto físicos como culturales.[7].