Sensores ambientales urbanos
Introducción
Los sensores de contaminación del aire son aparatos que miden la presencia de contaminación en las zonas circundantes. Se pueden usar para ambientes tanto exteriores como interiores. Estos sensores se pueden hacer en casa o comprarse de algunos fabricantes. Aunque hay varios tipos de sensores de contaminación de aire, y algunos están especializados en determinados aspectos, la mayoría se centran en cinco componentes: ozono, material particulado, monóxido de carbono, dióxido de sulfuro y óxido nitroso "Óxido de nitrógeno(I)").
En el pasado estos sensores eran muy caros, pero los avances tecnológicos han permitido que sean más asequibles y estén más ampliamente distribuidos entre la población. Estos sensores pueden servir para diferentes propósitos y ayudan a concienciarnos sobre problemas medioambientales que van más allá de la visión humana.
La Agencia de Protección Medioambiental Estadounidense") (EPA, por sus signas en inglés) tiene un repositorio de datos sobre la calidad del aire a través del Sistema de Calidad del Aire (AQS, por sus siglas en inglés), en el que almacenan datos de más de diez mil monitores en Estados Unidos.[1] Aunque el uso de estos sensores haya sido caro tiempo atrás, durante la década de 2010 se tendió al desarrollo de sensores de calidad de aire portátiles, los cuales se pueden llevar de forma individual para monitorear los niveles de calidad de aire de forma local.[2][3].
Estos sensores, entonces, pueden ayudar a medir la cobertura y variedad espacio-temporal de las especies químicas, y permitir a los ciudadanos, y a comunidades enteras, a entender su exposición al ambiente y los riesgos de la contaminación del aire.[4].
Un grupo de investigación liderado por William Griswold") en la Universidad de California le dio a dieciséis trabajadores sensores portátiles de contaminación de aire y hallaron «valles urbanos» donde los edificios atrapaban la contaminación. El grupo también halló que los pasajeros de los autobuses presentan una mayor exposición a aquellos que se mueven en automóviles.[5].
Historia
En diciembre de 1952, la Gran Niebla de Londres conllevó la muerte de miles de personas. Este suceso supuso uno de los grandes puntos de inflexión en nuestra historia medioambiental, ya que llevó a reflexionar radicalmente sobre el control de la contaminación a lo largo del Reino Unido. Este evento promovió la Ley de Aire Limpio de 1956"), la cual podría haber tenido más consecuencias de lo que en principio se pretendía.[6] Esta ley conllevó el cambio en las fuentes de combustible y la energía usada por la industria. Muchos ciudadanos de grandes ciudades a lo largo del mundo sufrieron algún tipo de problema de salud debido al exceso de toxinas y contaminación en el aire.