Guerras Carlistas
Especial trascendencia en la localidad tuvieron las Guerras Carlistas. Aunque inicialmente en Cantavieja se habían resistido a las exigencias de los carlistas, a medida que fueron conscientes de su soledad frente a ellos —ya que el gobierno muy poco podía hacer para defenderles—, adoptaron una posición más pragmática que minimizaba los riesgos de la guerra para los vecinos. Así, en abril de 1836, durante la Primera Guerra Carlista, el general Ramón Cabrera, apodado el Tigre del Maestrazgo, la convirtió en la capital de la Comandancia General del Maestrazgo.
Buenaventura de Córdoba, historiador del siglo , describe en aquella época a Cantavieja como «una villa de Aragón, situada en terreno montuoso... cercada de antiguas murallas, y cuya población no baja de 2000 habitantes. Si el enemigo fortificaba esta villa, fácil le era sujetar las inmediatas y estrechar la línea carlista. Los batallones de Cabrera recibían cada día nuevos refuerzos, y la misma juventud, que miraba con tanta repugnancia el servicio de las armas cuando el gobierno de la Reina hacia un llamamiento para el reemplazo del ejército, alistábase voluntariamente en las filas realistas animada de un mismo espíritu y sentimiento».
Por ello, se acometieron mejoras en las fortificaciones de la villa y se crearon una academia para la formación de oficiales, dos hospitales y una fundición de la que salieron los dos primeros cañones para el ejército carlista.[7].
Aprovechando la ausencia de Cabrera y otros jefes rebeldes, el general cristino Evaristo San Miguel intentó dar un golpe al cuartel general del carlismo en el Maestrazgo y comenzó los preparativos para el sitio de Cantavieja (octubre de 1836); comenzado el asedio, los defensores abandonaron la plaza sin apenas resistencia.
Con el fin de reconstruir la confianza perdida, la reconquista de Cantavieja era un elemento primordial para los carlistas. La operación corrió a cargo de Juan Cabañero, quien consiguió apoderarse de la plaza en abril de 1837. A partir de ahí, se reforzó la importancia de la villa, instalándose en ella una imprenta, talleres de vestuario y fábricas de pólvora. Incluso volvió a imprimirse un periódico en la población, denominado Boletín del Ejército Real de Aragón, Valencia y Murcia.[8] El 24 de julio de ese mismo año, Carlos María Isidro de Borbón visitó Cantavieja, siendo recibido con todos los honores. Ya en 1838, el 7 de marzo hicieron su entrada en la localidad las tropas carlistas que, al mando de Cabañero, habían sido derrotadas en su intento de ocupar Zaragoza, suceso posteriormente conocido como la «cincomarzada».[9].
El pacto en el frente del norte entre Espartero y Rafael Maroto —el abrazo de Vergara— permitió a los gubernamentales destinar todos sus recursos a la guerra en el Maestrazgo. De esta manera, una vez tomadas Castellote y Aliaga "Aliaga (Teruel)"), los ejércitos liberales se presentaron ante Cantavieja, con el final de la guerra ya inminente.
El comandante recibió órdenes de Cabrera de abandonar la plaza, quemando antes almacenes e instalaciones y volando el almacén de pólvora del castillo. Cantavieja fue finalmente ocupada por las tropas gubernamentales el 11 de mayo de 1840.[7].
Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de 1845, refiere que Cantavieja —«situada en un llano, sobre un peñón fuerte que forma un triángulo casi perfecto»— contaba en esa época con 254 casas en su interior, distribuidas en dos plazas principales y varias calles bien empedradas; sólo 154 de las casas estaban habitadas, ya que las otras 104 se hallaban abandonadas al haber sido quemadas en la contienda carlista.[10].
Años después, durante la tercera guerra carlista, Cantavieja volvió a servir de cuartel al general Marco de Bello.[11] En los inicios del alzamiento de 1872, este militar, comandante general de los carlistas aragoneses, salió a campaña el 24 de abril, pero fue herido y derrotado en Cantavieja. Al año siguiente, volvió a levantarse en armas y convirtió a Cantavieja en la «metrópoli carlista del centro», estableciendo una escuela de cadetes, un taller de reparación de armas y una fábrica de cartuchos en la villa. El ejército liberal, al mando del general Despujols, intentó tomar la población infructuosamente en abril de 1874. A partir de este momento, la táctica de los gubernamentales consistió en ir cercando al ejército carlista desde los fértiles llanos de Castellón hacia las abruptas áreas del Maestrazgo, con el fin de dificultar el abastecimiento de víveres. El asedio definitivo a Cantavieja —último escollo para acabar con la guerra— comenzó en 1875, siendo manifiesta la superioridad militar del ejército liberal. Tras una tenaz resistencia por parte de los defensores, el 6 de julio quedó prisionera toda la guarnición, finalizando con este episodio la última de las guerras carlistas.[12].