Pintura
Con casi 4900 piezas, la sección de pintura española no solo es la más completa y nutrida del museo, constituyendo el núcleo central de sus fondos, sino que representa también la colección más importante numérica y cualitativamente que de esta escuela existe en el mundo.[106] Cronológicamente abarca desde murales románicos del siglo hasta los primeros años del siglo .
Sus riquísimas colecciones incluyen pintura gótica, desde maestros anónimos a autores como Juan Rodríguez de Toledo, Nicolás Francés, Pedro Berruguete y los hispano flamencos Diego de la Cruz, Juan de Flandes y Fernando Gallego y en el ámbito de la Corona de Aragón Jaume Serra, Lluís Borrassà, Jaume Huguet, Pere Lembrí, Miguel Ximénez "Miguel Ximénez (pintor)"), Bartolomé Bermejo, Martín Bernat, Rodrigo y Francisco de Osona, Joan Reixach o Jacomart; el Renacimiento español, representado por Pedro Machuca, Alonso Berruguete, Juan de Juanes, Fernando Yáñez de la Almedina, Hernando Llanos o Juan Correa de Vivar; y el manierismo, con Luis de Morales, Blas de Prado, Pedro de Campaña y el protagonismo absoluto del Greco, del que se exhibe el grupo de obras más numeroso de cuantos existen, incluidas algunas de las más relevantes.
El período de mayor brillantez de la pintura española, el Barroco, cuenta con excelentes ejemplos de prácticamente todos los autores y géneros del momento, como Zurbarán, Ribera, Murillo, Juan de Valdés Leal, Maíno, Alonso Cano, Carreño, Ribalta, José Antolínez, Antonio de Pereda, Francisco Rizi, Herrera el Mozo, Juan Sánchez Cotán, Claudio Coello y, por encima de todos ellos, el gran maestro de la pintura hispana, Velázquez, el «rey» del museo en palabras del crítico francés del XIX Athanase-Louis Torterat, conde Clément de Ris,[107] del que se expone una colección sin parangón en el mundo, integrada por la mayoría de sus obras maestras.
Del siglo , destaca la extensísima colección de Goya, que comprende todos los períodos y facetas de su arte, con un total de ciento treinta y tres pinturas,[108][109][nota 7] algunas de autoría discutida, a las que suman otras tres recibidas en depósito. Relevantes son también los bodegones de Luis Meléndez y la variada colección de Luis Paret, considerado el mejor pintor español de estilo rococó.
La colección de pintura del siglo está delimitada por las figuras de Goya y Picasso. Con algunas excepciones, se considera que forman parte de ella las obras de los autores fallecidos a partir de 1828, año de la muerte del fuendetodino, mientras que las de aquellos nacidos a partir de 1881, año del alumbramiento del malagueño, fueron adscritas al MNCARS por el Real Decreto 410/1995, de 17 de marzo.[110] El Catálogo general de pintura del siglo XIX en el Museo del Prado, de 2015, recogía un total de dos mil seiscientos noventa registros,[111] incluidos los exiguos fondos de escuelas extranjeras.
El proceso de puesta en valor de esta colección culminó con la apertura en octubre de 2009 de doce salas en el edificio Villanueva, que acogían ciento setenta y seis piezas de este periodo (incluidas algunas de artistas de otros países). Una de ellas, la 60, designada como «Sala de presentación de colecciones del siglo XIX», es rotatoria, salvo durante un breve período tras la reordenación que se hizo en 2021, en que fue una sala más de la colección permanente.[nota 8] Aunque es común que se repita que se muestran por primera vez desde 1896 integradas con el resto de la colección,[112][113][114] lo cierto es que desde 1905, en que se expusieron por primera vez las obras del legado Ramón de Errazu, el Prado siempre colgó algunas pinturas españolas del siglo en el contexto de su colección. Junto a Goya se expuso tradicionalmente obra de Vicente López y existió una sala destinada a pinturas de la familia Madrazo (José, Federico y Raimundo), Esquivel y Ferrant, entre otros. Solo durante doce años, los que mediaron entre el cierre del Casón y la apertura de las salas en el edificio Villanueva (1997-2009), la pintura del siglo quedó invisible en las salas del Prado (con la excepción de la exposición inaugural de la ampliación, en 2007).
Entre las últimas adquisiciones que han enriquecido la colección española destacan las compras de La condesa de Chinchón "La condesa de Chinchón (cuadro)"), de Goya (2000), y Ferdinando Brandani, de Velázquez (2003). Por otro lado, las dos mayores debilidades de la colección, la pintura medieval y los bodegones, han sido paliadas en parte en los últimos tiempos, especialmente la segunda, gracias principalmente en el caso de la primera a la donación Várez Fisa (2013) (a la que se une el depósito por el duque del Infantado del retablo de los Gozos de Santa María), y la otra a la compra parcial de la colección Naseiro (2006), a la que se suman algunas adquisiciones puntuales que han permitido incorporar a importantes bodegonistas hasta entonces ausentes, como la del Bodegón de caza, hortalizas y frutas, de Sánchez Cotán (1991),[nota 9] y la del Bodegón con granada y uvas, de Juan de Zurbarán (2015),[115] así como reforzar subgéneros pobremente representados, como el de los bodegones con figuras del siglo (Vendedores de frutas, de Jerónimo Jacinto Espinosa (2008), La gallinera, de Alejandro de Loarte (2011), o Pícaro de cocina, de Francisco López Caro (2015, donación Arango)).[116].
La colección de pintura italiana consta de más de mil obras[117] y es sin duda uno de los grandes atractivos del museo, aun cuando adolezca de ciertas lagunas, sobre todo en lo referido a obras anteriores al siglo . A pesar de que ya en tiempos de Juan II de Castilla la literatura italiana tuvo gran influencia en España, las novedades en el campo de las artes plásticas llegaron con retraso, siendo su presencia hasta el siglo muy escasa. Ello fue debido en gran parte a la predilección tanto del propio rey como de su hija, Isabel la Católica, por la pintura flamenca, y es la causa de que la colección de primitivos italianos del museo sea muy reducida.[118].
Son muy escasas, de este modo, las obras correspondientes al Trecento, y al Quattrocento, aunque buena parte de ellas son de gran calidad. El núcleo más importante lo componen las obras adquiridas a lo largo de la historia de la institución, desde La Anunciación "La Anunciación (Fra Angelico, Madrid)") de Fra Angelico, que el entonces director del Prado, Federico de Madrazo, consiguió en 1861 que el Monasterio de las Descalzas Reales "Monasterio de las Descalzas Reales (Madrid)") cediera al museo a cambio de una copia ejecutada por él mismo; hasta las incorporadas en fechas recientes. La colección experimentó un notable incremento gracias a la donación Cambó,[80] que incluyó dos tablillas dedicadas a la vida de san Eloy del Maestro de la Madonna della Misericordia (que Cambó adquirió como originales de Taddeo Gaddi), otra de Giovanni dal Ponte y, sobre todo, tres de las cuatro tablas de La historia de Nastagio degli Onesti de Botticelli.[119].
El otro núcleo, mucho más reducido, corresponde a las obras procedentes de la Colección Real española, donde sobresale el Tránsito de la Virgen "Tránsito de la Virgen (Mantegna)") de Andrea Mantegna. El resto de obras corresponden a autores como Francesco Traini, de quien es una Virgen con el Niño, la cual era el único ejemplo de pintura italiana anterior a 1450 dentro de la Colección Real.[120].
A pesar de que la colección del museo ofrece un panorama limitado del arte italiano anterior a 1500, sí se precia de poseer auténticas obras maestras de tan importante capítulo de la Historia del Arte. Aparte de las piezas de Mantegna, Botticelli, o el excelente Cristo muerto, sostenido por un ángel "Cristo muerto sostenido por un ángel (Antonello da Messina)") de Antonello da Messina, adquirido en 1965, el conjunto más valioso lo constituyen las tres obras de Fra Angelico: una pequeña predela de un retablo dedicado a la vida de san Antonio Abad, y dos de sus mejores obras: La Anunciación y La Virgen de la granada "Virgen de la granada (Fra Angelico)"). La incorporación de esta última en 2016 reforzó de forma sobresaliente el conjunto de obras del Quattrocento italiano y situó a la institución como un punto importante para el conocimiento de la obra del pintor.[68] Asimismo, hay dos obras de Amico Aspertini y su hermano Guido (El rapto de las sabinas y La continencia de Escipión), un tríptico y una Virgen con el Niño de Antoniazzo Romano, una Virgen con el Niño entre dos santas de Giovanni Bellini, aunque con amplia participación de taller, un San Antonio Abad meditando, de Giovanni Agostino da Lodi, y un San Francisco de Asís de Francesco Francia, adquirido en 2021.[121].
La pintura del Cinquecento inicia el gran periodo de la pintura italiana en el Prado con algunas obras capitales de Rafael y su taller, especialmente de Giulio Romano y Giovanni Francesco Penni. El museo es una de las instituciones con mayor número de pinturas de los últimos años de producción del maestro,[122] incluyendo obras tan relevantes como Retrato de cardenal "Retrato de cardenal (Rafael)"), la Virgen del pez, El Pasmo de Sicilia "El Pasmo de Sicilia (Rafael)"), o la Sagrada Familia con san Juan "La Perla (Rafael)"), llamada «la Perla» por Felipe IV, quien la consideró la pintura más preciada de su colección.[123] La nutrida colección de obras de este artista (ocho pinturas, entre las autógrafas y las realizadas en mayor o menor parte por sus discípulos) da cuenta del prestigio del que disfrutaba en España, donde sus obras eran enormemente apreciadas y demandadas. Una de las lagunas más importantes del Prado es la carencia de ejemplos autógrafos de Leonardo da Vinci. Se cuenta con dos pinturas de su seguidor Bernardino Luini y otras dos de Giampietrino, aunque sin duda la obra más cercana al maestro es la singular copia de la Gioconda "La Gioconda (copia del Museo del Prado)"). Oculto su fondo de paisaje durante décadas por un repinte negro, en 2012, tras su estudio y restauración, se determinó que había sido realizada de forma paralela y simultánea al original por uno de los discípulos del maestro.[124][125] Otros nombres señalados de la plástica renacentista presentes con obras importantes son Sebastiano del Piombo, Dosso Dossi, Correggio, Andrea del Sarto y Federico Barocci, autores en el tránsito al Manierismo, apenas representado por un puñado de obras de Parmigianino, Bronzino o Francesco Salviati "Francesco Salviati (pintor)").
Mención aparte merece la pintura veneciana del , con amplísima presencia hasta el punto de constituir la mejor colección de la misma fuera de Italia. El artista central de la escuela, Tiziano, era el pintor favorito de Carlos V y Felipe II y, aunque varias de sus obras permanecen en el Monasterio de El Escorial, la representación en el Prado del cadorino supera las treinta pinturas. Para los primeros Habsburgo compuso algunas de sus obras maestras, como el Retrato ecuestre de Carlos V en Mühlberg o las poesie (poesías). Esta serie constaba de seis obras, aunque hubo otras dos que aparentemente nunca fueron enviadas, Medea y Jasón[126] y Acteón destrozado por los perros.[127] De ellas, la única que sigue en España es la del Prado, Venus y Adonis "Venus y Adonis (Tiziano)"). Otros maestros como Tintoretto, Veronés, Lorenzo Lotto, Bonifazio Veronese, Palma el Joven, Moroni, Bernardino Licinio, Jacopo Bassano y sus hijos Francesco y Leandro, e incluso algunos precursores como Vincenzo Catena, están asimismo representados en la colección.
La pintura barroca italiana constituye uno de los núcleos más compactos del Prado, por la variedad de artistas y la calidad de las obras que podemos admirar. Las dos grandes tendencias pictóricas de la época, el tenebrismo y el clasicismo boloñés, cuentan con buenas colecciones, en cuanto a la primera comenzando por el iniciador Caravaggio (David vencedor de Goliat "David vencedor de Goliat (Caravaggio)")) y sus seguidores, como Orazio Gentileschi (Moisés salvado de las aguas "Moisés salvado de las aguas (O. Gentileschi)")), su hija Artemisia Gentileschi, Giovanni Battista Caracciolo (conocido como Battistello), Giovanni Serodine o Bernardo Cavallino. La presencia del clasicismo boloñés es asimismo nutrida, con cuadros de Annibale Carracci (Venus, Adonis y Cupido, Asunción de María), Domenichino, Guido Reni (Hipómenes y Atalanta "Atalanta e Hipómenes (Guido Reni)")), Guercino, Giulio Cesare Procaccini, Alessandro Turchi y Giovanni Lanfranco. Incluso la tendencia del barroco decorativo cuenta con un singular ejemplo de Ciro Ferri (La Natividad [6], para cuyo soporte utilizó una pasta vítrea llamada venturina y que ha sido recientemente restaurada)[128] y el excelente grupo de obras de Luca Giordano, que trabajó en España para el rey Carlos II. A todo lo señalado cabe añadir los ejemplos de otros importantes autores barrocos, como Francesco Furini, Salvatore Rosa, Orazio Borgianni, Michelangelo Cerquozzi, Mattia Preti, Andrea Sacchi, Carlo Maratta, Massimo Stanzione, Andrea Vaccaro, Bernardo Strozzi o Alessandro Magnasco.
La figura de Giambattista Tiepolo cierra el sugestivo capítulo de la pintura italiana en el Prado, junto a otros artistas que como él llegaron a España para decorar el nuevo Palacio Real de Madrid, como su hijo Giandomenico y Corrado Giaquinto. Todos ellos cuentan con una estimable, en calidad y cantidad, representación. Tristemente, faltan ejemplos de vedutistas como Canaletto y Francesco Guardi,[nota 10] bien representados en el vecino Museo Thyssen-Bornemisza, aunque el Prado sí posee ejemplos de Antonio Joli, Gaspare Vanvitelli (Caspar van Wittel) y Francesco Battaglioli. Y dentro del campo del capricho arquitectónico "Capricho (arte)") (vedute ideate), un grupo de pinturas de Giovanni Paolo Pannini así como una de Leonardo Coccorante.
La sección de pintura flamenca es la tercera del museo, tanto por cantidad (más de mil obras), como por calidad, solo por detrás de la española y casi al nivel de la italiana.[129] Al igual que en el caso de ambas, gran parte de sus fondos proviene de la Colección Real. Comprende por un lado representantes de la pintura neerlandesa temprana, los mal llamados primitivos flamencos "Pintura flamenca (siglos XV y XVI)"), como el Maestro de Flemalle"), Van der Weyden (El descendimiento de la cruz "Descendimiento de la cruz (Rogier van der Weyden)"), Madonna Durán), Dieric Bouts, Petrus Christus y Hans Memling (tríptico de La Adoración de los Magos "La Adoración de los Magos (Memling)")). También hay que señalar dos obras de autor anónimo: La Fuente de la Gracia, realizada en el entorno de Jan van Eyck, y Calvario con los santos Jerónimo, Santiago, María Magdalena y Catalina, con familia de donantes arrodillados, atribuido al círculo de Hugo van der Goes.[130][131] El museo expone además la mejor colección a nivel mundial de el Bosco, que incluye tres de sus obras capitales: los trípticos de El jardín de las delicias, El carro de heno y la Adoración de los Magos "Adoración de los Magos (El Bosco)"). Proceden de la colección personal de Felipe II, tan aficionado a este pintor, que ordenó comprar cuantas obras suyas se pudiese.
Igualmente sobresalientes son las pinturas de Joachim Patinir, Marinus van Reymerswaele y Anthonis Mor van Dashorst (Antonio Moro) (las mayores colecciones de estos artistas), así como las dos de Pieter Brueghel el Viejo (El triunfo de la Muerte y El vino de la fiesta de san Martín), y otras de Gerard David, Jan Gossaert, Ambrosius Benson, Jan van Scorel, Quentin Metsys, Pieter Coecke van Aelst y Michel Coxcie.
La colección del siglo supera las seiscientas obras,[132] lo que hace de ella una de las mejores colecciones de pintura barroca flamenca del mundo, a la que tan solo se puede comparar quizá la del Museo de Historia del Arte de Viena. El Prado posee la más importante colección de Rubens,[133] con unas noventa pinturas (la cifra concreta varía según las fuentes, puesto que la autoría de algunas de las obras está en discusión) y algunos dibujos. Felipe IV le encargó decenas de cuadros para decorar sus palacios y además fue el principal comprador en la almoneda realizada a su muerte con las obras que poseía en su estudio. El hecho de que muchas de las pinturas del Prado fueran un encargo directo de quien era el rey de uno de los países más poderosos de Europa en aquella época (además de su propio soberano) ha redundado por otra parte en que la ejecución de las mismas sea de una gran calidad media, contándose un buen número de ellas entre sus obras maestras. El museo tiene también más de veinticinco ejemplos de van Dyck, varios de Jacob Jordaens (incluyendo su Autorretrato con su familia), cuatro de los escasos bodegones de Clara Peeters y la serie de Los Cinco Sentidos pintada en colaboración por Jan Brueghel el Viejo (Brueghel de Velours) y Rubens. Los arropa un generoso muestrario de paisajes, escenas de caza, bodegones y demás temas de género de autores como Peter Snayers, Sebastian Vrancx, Joos de Momper, Alexander Adriaenssen, Osias Beert, Paul de Vos, Frans Snyders y Jan Fyt, así como un conjunto (acaso el mayor del mundo) de David Teniers el Joven, del que se exponen cerca de veinticinco obras. En cambio, la representación de los caravaggistas flamencos es muy corta, apenas dos obras de Theodoor Rombouts y sendas de Louis Finson, o Ludovicus Finsonius, Nicolas Régnier, Gerard Seghers y Adam de Coster.
Es la cuarta escuela nacional más extensamente representada, con más de trescientas pinturas, aunque a mucha distancia de las tres anteriores. Como en el caso italiano y flamenco, aquí las circunstancias históricas también ejercieron gran influencia, y la casi permanente beligerancia entre España y Francia a lo largo de los siglos y restringió los intercambios artísticos entre ambos países, a lo que se unieron las diferencias de gustos imperantes en cada uno de ellos.
Apenas existen ejemplos anteriores a 1600, aunque entre ellos figura una destacada tabla fechada entre 1405 y 1408, de autor anónimo, tal vez Colart de Laon, adquirida en mayo de 2012: La Oración en el huerto con el donante Luis I de Orleans. Los siglos y cuentan por su parte con obras magistrales de Poussin, como El Triunfo de David y El Parnaso "El Parnaso (Poussin)"); de Claudio de Lorena se conserva un conjunto de paisajes sobresalientes, destacando también tres pinturas de Simon Vouet y cuatro de Sébastien Bourdon. El tenebrismo cuenta con ejemplos llamativos de Georges de La Tour, Nicolas Tournier y Valentin de Boulogne. Retratistas de los Borbones españoles, como Jean Ranc, Louis-Michel van Loo y Michel-Ange Houasse, así como de los Borbones franceses, como Hyacinthe Rigaud y Antoine-François Callet, tienen presencia junto a maestros rococós como Antoine Watteau, François Boucher y Auger Lucas, y los pintores de paisajes Hubert Robert, Claude Joseph Vernet y Jean Pillement.
La colección de pintura francesa del Museo del Prado es sin duda uno de los aspectos de las colecciones menos estudiados hasta ahora. Existe un importante número de obras neoclásicas, entre ellas una de Merry-Joseph Blondel y varias de pintores por ahora desconocidos del entorno de J.-L. David que han de ofrecer en el futuro gratas sorpresas, además de una apreciable cantidad de ejemplos de los discípulos franceses de J. A. D. Ingres. Entre los fondos de la primera mitad del siglo se incluye también un retrato de Carlos X de Francia por François Gérard. Hay asimismo obras de gran interés más modernas, de la segunda mitad del siglo, como los dos retratos femeninos de Ernest Meissonier, algo muy raro dentro de su producción, una famosa pintura de desnudo de Paul Baudry, La perla y la ola, que perteneció a la emperatriz Eugenia de Montijo, un retrato de Félix-Henri Giacomotti"), dos de Carolus-Duran, cuatro óleos de Léon Bonnat y un Paisaje atribuido a Alfred Sisley.[134] Y, ya de principios del siglo , un retrato de Paul Chabas y un paisaje de Henri Martin "Henri Martin (pintor)").
Pocas son las obras de pintura alemana conservadas en el Prado e históricamente en España en general (hasta la llegada de la colección Thyssen). A pesar de la fuerte relación de los Habsburgos españoles con el Sacro Imperio Romano Germánico, la mayoría de los monarcas hispanos se decantaron por otro tipo de pintura. A causa de ello esta colección es reducida en número, aunque de gran calidad.
Destaca sobre todo el grupo de cuatro obras maestras de Alberto Durero, entre ellas su icónico Autorretrato con guantes "Autorretrato de Durero (Prado)") de 1498 y la pareja de tablas de Adán y Eva "Adán y Eva (Durero)"). Del resto de obras, descuellan una Virgen con el Niño Jesús, san Juanito y ángeles y dos curiosas escenas de cacería, las tres de la mano de Lucas Cranach el Viejo (además, en 2001 se adquirió un Retrato de Juan Federico "el Magnánimo" que se creía autógrafo de Cranach, pero posteriormente considerado obra de taller); dos alegorías muy importantes de Hans Baldung Grien, Las tres edades y la Muerte y La Armonía o Las tres Gracias "Armonía (Las Tres Gracias)"), una pequeña pintura de Adam Elsheimer, Ceres en casa de Hécuba, y ya del siglo , un nutrido grupo de obras, veintinueve (una de atribución dudosa), de Anton Raphael Mengs, que fue nombrado Primer Pintor del rey Carlos III y trabajó en la Corte entre 1761 y 1769 y de 1774 a 1776. Fundamentalmente se trata de retratos de la familia real (o de su entorno, como el Retrato de José Nicolás de Azara, adquirido en 2012), aunque también hay un autorretrato, el Retrato del padre jesuita Francesco Pepe y algunas obras de asunto religioso. A ellos se suma una única pieza de Angelica Kauffmann: Anna von Escher van Muralt, ingresada en 1926 con el legado Luis de Errazu; un San Sebastián, de Gottlieb Schick, donado en 2015 por Pablo de Jevenois,[135] y un retrato de la infanta Paz de Borbón por Franz von Lenbach, donado por el Ayuntamiento de Madrid.
La continua hostilidad (en muchas ocasiones guerra abierta) entre España y las Provincias Unidas tras la separación de éstas en 1581 dificultó extraordinariamente la llegada a España de pintura del siglo de dicho país, el período de mayor esplendor de esta escuela, a lo que contribuyó además el rumbo tomado por la pintura neerlandesa tras la independencia, buscando un estilo propio que se apartaba y en muchos casos era incluso antagónico del ideal clasicista, lo que hizo que durante largo tiempo no resultara del gusto de los coleccionistas, no solo de España, sino también de otros países en los que el arte clásico seguía teniendo gran vigencia, como Francia e Italia. Así, mientras los coleccionistas españoles se inclinaban mayoritariamente por obras religiosas y mitológicas, en los Países Bajos tuvieron un gran auge los géneros del paisaje, las marinas "Marina (pintura)"), los bodegones y las escenas costumbristas, adquiridos por una burguesía que deseaba de ese modo expresar su identificación con su tierra y con su estilo de vida. Todo ello redundó en que la colección del Museo del Prado no sea especialmente extensa, faltando además en ella nombres fundamentales como Johannes Vermeer y Frans Hals. La mayor parte de las obras que posee el Prado proceden de la Colección Real y casi todas fueron adquiridas ya en el siglo , especialmente por parte de Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio.
La pintura neerlandesa cuenta con cien obras, casi todas del siglo,[136][137] entre las que destaca un importante cuadro de Rembrandt: Judit en el banquete de Holofernes "Artemisa (Rembrandt)"), antes identificado como Artemisa recibiendo las cenizas de Mausolo o como Sofonisba recibiendo la copa de veneno. Se trata de una de las obras maestras del periodo temprano de Rembrandt, que parece retratar a su mujer Saskia en la figura femenina principal.
El fondo neerlandés incluye también un bodegón de Pieter Claesz y tres de Willem Claesz. Heda, los cuatro procedentes del legado Fernández Durán, y obras del también bodegonista Jan Davidszoon de Heem, un raro ejemplo de este género de Gabriël Metsu, tres escenas de pequeño formato de Leonaert Bramer, un retrato de Gerard ter Borch, varias obras del costumbrista Adriaen van Ostade, el claroscurista Mathias Stomer, los paisajistas Herman van Swanevelt y Simon de Vlieger, los italianizantes Salomon de Bray y Jan Both y una importante serie de Philips Wouwerman. Esta colección ha sido objeto de una exposición y de la publicación del primer catálogo razonado de la misma en diciembre de 2009.[138].
La histórica rivalidad entre España y el Reino Unido, que arranca en el siglo con la subida al trono de Isabel I de Inglaterra y su definitiva separación de la Iglesia de Roma, no contribuyó precisamente a facilitar la adquisición de obras de arte británicas por la Monarquía española. De tal modo que, a diferencia de las colecciones que posee la institución de las demás escuelas pictóricas, en las que muchas de las piezas —incluido el grueso de las obras maestras— proceden de la Colección Real, en la sección de pintura británica ninguno de los trabajos tiene tal origen. Todos ingresaron mediante donaciones, legados, una herencia, y, sobre todo, compras, realizadas especialmente en las décadas centrales del siglo . La ausencia de aporte de la Colección Real y la falta de interés en esta escuela por parte de la cúpula del museo —a pesar, por ejemplo, de la influencia que ejerció en un artista capital para el Prado como es Goya—, salvo en la etapa de Fernando Álvarez de Sotomayor y Francisco Javier Sánchez Cantón, ha resultado en que esta colección sea muy breve, tan solo treinta y una obras (además de otras dos de atribución dudosa) de veinte pintores (o veintidós). Además es de escasa variedad, puesto que la gran mayoría son retratos realizados entre la segunda mitad del siglo y la primera del , y está constituida por piezas de cierta calidad pero poco representativas, excepto en el caso de las de Thomas Lawrence.[139].
Está compuesta por obras fechadas en la segunda mitad del siglo y en el siglo , salvo la ejecutada por Cornelius Johnson van Ceulen (Cornelis Janssens van Ceulen), de la primera mitad del . Faltan en ella Joseph Wright of Derby, el destacado renovador William Hogarth y el visionario William Blake, así como los grandes nombres del paisajismo inglés (Turner, Constable), pero sí hay en cambio algunos ejemplos de la obra de los principales retratistas. En la nómina figuran, aparte del citado Lawrence, Thomas Gainsborough, Joshua Reynolds, George Romney "George Romney (pintor)"), Francis Cotes, Henry Raeburn y John Hoppner, entre otros. Por otro lado, cuenta con cuatro vistas de distintos puntos de España del pintor del romanticismo David Roberts, que fueron adquiriéndose a lo largo del pasado siglo. Finalmente, del prerrafaelismo, ya en la época victoriana, el museo tiene un espectacular lienzo del neerlandés afincado en el Reino Unido Lawrence Alma-Tadema, Escena pompeyana o La siesta, que ingresó en 1887 por donación de Ernest Gambart.[140].
Más reducida aún, apenas testimonial, es la presencia de pinturas del resto de las escuelas: hispanoamericana (más de una veintena, pero depositadas en el Museo de América), filipina, sueca (Adolf Ulrik Wertmüller, August Franzén"), Bernhard Österman")), danesa (Eberhard Keil -Monsù Bernardo-), estadounidense, centroeuropea... Respecto a la escuela portuguesa, pese a la cercanía geográfica y a la estrecha relación entre las monarquías española y lusa, especialmente en tiempos de los primeros Habsburgo, la presencia de pinturas de aquel país es ínfima, reduciéndose a seis obras, casi todas del siglo o principios del . Las piezas más destacadas son las dos del siglo , los óleos Catalina de Austria, reina de Portugal, como Santa Catalina (única obra firmada que se conoce de Domingo Carvalho) y El rey don Sebastián de Portugal, de Cristóvão de Morais (en España también llamado Cristóbal de Morales).