Canonización del Movimiento Moderno
Movimiento moderno, en arquitectura, es el conjunto de tendencias surgidas en las primeras décadas del siglo , marcando una ruptura con la tradicional configuración de espacios, formas compositivas y estéticas. Sus ideas superaron el ámbito arquitectónico influyendo en el mundo del arte y del diseño.
El movimiento moderno aprovechó las posibilidades de los nuevos materiales industriales como el hormigón armado, el acero laminado y el vidrio plano en grandes dimensiones.
Se caracterizó por plantas y secciones ortogonales, generalmente asimétricas, ausencia de decoración en las fachadas y grandes ventanales horizontales conformados por perfiles de acero. Los espacios interiores son luminosos y diáfanos.
Aunque los orígenes de este movimiento pueden buscarse ya a finales del siglo , con figuras como Peter Behrens, sus mejores ejemplos se construyeron a partir de la década de 1920, de ideados por arquitectos como Walter Gropius, Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe y Le Corbusier.
La llegada de Hitler al poder en 1933, provocó la salida del país de numerosos arquitectos y creadores que habrían de extender los principios de este movimiento a otros países.
El "Estilo Internacional"
• - Weissenhofsiedlung, edificio de Le Corbusier, en Stuttgart (1927).
• - Casa Citrohan en Weissenhof, Stuttgart, de Le Corbusier (1927).
• - Villa Paul Poiret, de Robert Mallet-Stevens (1921–1925).
• - La Villa Noailles en Hyères, de Robert Mallet-Stevens (1923).
• - Hôtel Martel, de Robert Mallet-Stevens (1926–1927).
La denominación Estilo Internacional "Estilo Internacional (arquitectura)") comenzó a generalizarse en Estados Unidos tras la exposición de arquitectura moderna celebrada en 1932 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, con motivo de la cual Henry-Russell Hitchcock y Philip Johnson escribieron el libro International Style: Architecture since 1922.
Pese a que tras la Segunda Guerra Mundial hubo aún importantes construcciones dentro de este estilo, las últimas décadas del siglo han estado dominadas por otros movimientos críticos, herederos en cualquier caso del movimiento moderno.
Mediados del siglo XX: Reconstrucción de Europa
El Movimiento Moderno continuó desarrollándose en Europa durante la segunda posguerra, impulsado por las tareas de reconstrucción. En el plano teórico, las aportaciones de la llamada arquitectura orgánica, una tendencia inspirada en la obra del arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright y Alvar Aalto como representantes destacados, se contraponían al llamado «Estilo Internacional» inspirado en la obra de Le Corbusier, que postulaba una ortodoxia «funcionalista» plasmada en la «Carta de Atenas» (y la famosa cita de Sullivan) así como la pureza absoluta de la composición y los detalles, inspirada a su vez en la obra de Mies. La cita de Taut al inicio de este artículo, constituye una síntesis teórica del «Estilo Internacional», el cual tuvo muy amplia difusión en los Estados Unidos, Europa y Sudamérica.
El Movimiento Moderno entró en crisis a fines de la década de 1950, cuando se formularon una serie de críticas muy severas a los excesos del «estilo Internacional» y al urbanismo derivado de la «Carta de Atenas». Un conjunto de tendencias que se reivindican a sí mismas como continuadoras del Movimiento Moderno, protagonizan la arquitectura desde los años 1960 hasta la actualidad.
Proyectistas destacados del Movimiento Moderno
En los años 1920, las figuras más importantes de la arquitectura moderna ya tenían gran reputación. Los más reconocidos fueron Le Corbusier en Francia, Arne Jacobsen, Mies van der Rohe y Walter Gropius, estos dos últimos fueron directores de la Bauhaus en Alemania. La Bauhaus fue una de las más importantes escuelas europeas, y su mayor preocupación era la experimentación con las nuevas tecnologías industriales.
La carrera del arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright se desarrolló de forma paralela a la de los 'arquitectos modernos' europeos; sin embargo, Wright se negó a ser categorizado junto a ellos, desarrollando por su parte tanto la teoría como los preceptos formales de la arquitectura orgánica.
En 1932 se celebró la Exhibición Internacional de Arquitectura Moderna"), cuyo comisario fue Philip Johnson; junto a su colaborador, el crítico Henry-Russell Hitchcock, Johnson logró aglutinar corrientes y tendencias muy diversas, mostrando que eran estilísticamente similares y compartían un propósito general, y las consolidó en lo que vino a llamarse el Estilo Internacional. Fue un hito importante.
• - Escuela de la Bauhaus en Dessau, de Walter Gropius (1926).
• - Apartamento de trabajadores según la Bauhaus, de Walter Gropius (1928-30).
• - El Pabellón alemán (Barcelona) "Pabellón alemán (Barcelona)") (reconstrucción), de Ludwig Mies van der Rohe (1929).
• - La exposición Weissenhofsiedlung en Stuttgart, realizado por la Deutscher Werkbund (1927).
En la década de 1930, bajo la presión del nazismo, que clausuró la Bauhaus, las principales figuras se trasladaron a los Estados Unidos: a Chicago, a la escuela de diseño de Harvard y al Black Mountain College. Este Estilo Internacional se convirtió en la única solución estilística aceptable desde los años 1930 hasta los años 1960.
Los arquitectos que desarrollaron el Estilo Internacional querían romper con la tradición arquitectónica, diseñando edificios funcionales y sin ornamentos. Comúnmente, utilizaron vidrio para las fachadas, y acero y hormigón para las losas y soportes estructurales. El estilo se volvió más evidente en el diseño de los rascacielos. Quizás sus más notorios exponentes son: el edificio de la Organización de Naciones Unidas, el Edificio Seagram y la Casa Lever, todos ellos en Nueva York.
Los detractores del Estilo Internacional critican su geometría rígida y rectangular por ser "deshumanizante". Le Corbusier describía a los edificios como "máquinas para habitar", pero la gente reaccionaba contra esta uniformidad y rigidez. Incluso el arquitecto - y amigo personal de Mies van der Rohe - Philip Johnson admitió estar "aburrido de las cajas". Desde principios de la década de 1980, muchos arquitectos han buscado, deliberadamente, alejarse de los diseños geométricos.
Características formales
Rechazo de los estilos históricos o tradicionales como fuente de inspiración de la forma arquitectónica o como un recurso estilístico (historicismo). Sin embargo, la arquitectura de la antigüedad, especialmente la clásica, se encuentra a menudo reflejada tanto en los esquemas funcionales como en las composiciones volumétricas resultantes, en:.
• - Adopción del principio de que los materiales y requerimientos funcionales determinan el resultado: la forma sigue a la función,.
• - Adopción de la estética de la máquina, como consecuencia de lo anterior,.
• - Materiales y técnicas de nueva invención, como el hormigón armado,.
• - Rechazo del ornamento como accesorio; la estética resulta de la propia finalidad expresiva del edificio, de los materiales empleados y sus propias características;.
• - Simplificación de la forma y eliminación de los detalles innecesarios, llevado al extremo en las obras de Mies van der Rohe.
Fundamentos teóricos
Auguste Comte (1798–1857), el “profeta de la era científica” según Gideon"), desarrolla el pensamiento positivista, o filosofía positiva, cuyo “carácter fundamental (...) es considerar todos los fenómenos como sometidos a las leyes naturales invariables, cuyo descubrimiento preciso y su reducción al menor número posible es el fin de nuestros esfuerzos”.[3].
“Positivo - dice Comte – es inseparable de relativo, de orgánico, de preciso, de cierto, de real”. El pensamiento humano pasa, de acuerdo a Comte, por tres fases: la teológica, la metafísica y la positiva. La última, que es la de completa madurez del pensamiento humano, se caracteriza por la renuncia volitiva a las dos primeras etapas mediante la adhesión estricta a las metodologías de la ciencia.
El pensamiento positivo de Comte adopta los métodos de las ciencias matemáticas como propios, con lo cual puede vanagloriarse de sistemático y preciso. Puesto que “toda ciencia positiva no es otra cosa que una transformación de la observación y de la experiencia”, es evitando toda disquisición sobre lo absoluto y renunciando a las ontologías como Comte puede definir su método como “sentido común”. A este respecto, Littré"), uno de los herederos intelectuales de Comte, afirmó que “los que creen que la filosofía positiva niega o afirma algo sobre las causas finales o primeras, se engañan, nada niega ni afirma, pues el afirmar o negar sería declarar que se tiene algún conocimiento del origen y del fin de los seres”.
El pensamiento positivo vendrá a tener influencias innegables en el credo de los arquitectos modernos: la apología del progreso, el orden y la ciencia (la metáfora de la máquina, la eficiencia y la higiene modernas), la abstracción del individuo en favor de la mitificación de la Humanidad convertida en fin último (la universalidad, el hombre-tipo), las metáforas biologistas y evolucionistas (la familia tipo y el bloque de viviendas concebidas como célula / organismo).
La cotidianeidad del ser humano, analizada con apego a los métodos de la ciencia, será categorizada y clasificada en la primera Carta de Atenas (1932, por Le Corbusier) en las funciones elementales de Habitar, Trabajar, Circular y Esparcirse. La vida moderna, convertida en modelo matemático-estadístico, puede ya manifestarse, tectónica y espacialmente, en la vivienda construida en serie. El bloque de viviendas, que encuentra su más ilustre prototipo en la Unité d´Habitation, es una invención de la modernidad; la negación de la individualidad personal se materializa en una casa / colmena.
“El hombre propiamente dicho, dice, en el fondo no es más que una abstracción; lo único real es la Humanidad, sobre todo en el orden intelectual y moral”.[4] Esta reducción del ser humano a número, - a la formulación matemática que es la base metodológica del positivismo de Comte – encuentra su reflejo en la búsqueda del Existenzminimun, de la vivienda mínima. Abstraer la vida humana en una red de funciones, relaciones, procesos, cuantificaciones: “este sujeto no es otro que el hombre-tipo lecorbusierano, la familia tipo estadística, ese constructo mental que permitió a los arquitectos ortodoxos objetivar su comportamiento social y cuantificarlo en aquella experiencia casi delirante que fue el ”.[5].