Administración histórica (1365-1836)
Constitución
Durante el reinado de Carlos II el reino de Navarra atravesó una delicada situación económica. Su coronación vino precedida de una gran hambruna, una carestía alimentaria, que azotó el reino (y Europa) de mediados del siglo .[13] A esta calamidad se unió otra como fue la devastación demográfica de la peste negra que, en el caso de Navarra, redujo su población casi a la mitad.[14] A estas circunstancias se unieron, unos años después, el ingente gasto bélico originado en las confrontaciones libradas en Francia (especialmente Normandía), pero también en la península ibérica (Aragón y Castilla). El difícil momento de la Hacienda del Reino hizo que Carlos II quisiera reforzar el control de las finanzas reales mediante un órgano permanente al que otorgó un gran poder.
Así, en 1365, a través de una Ordenanza dictada por el rey Carlos II, se reorganizó estableciéndola como tribunal permanente.[15].
Composición
La Ordenanza señala que la institución queda integrada por cuatro los Maestros oidores o Oidores Generales de Cuentas, que deben ser "hombres bonos e suficientes". Pero esta cifra fue variando a cinco (1385, 1395) e incluso seis (1390). El perfil habitual era de «clérigos, no de la alta jerarquía» que disfrutaban ya de notables beneficios y que formaban parte del Consejo Real donde asesoraban en materia patrimonial y financiera. Nombrados exclusivamente por el rey, eran personas que previamente ya habían tenido experiencia en la materia habiendo sido recibidores en alguna merindad, ayudantes del tesorero, secretarios del rey o notarios de comptos.[16].
En 1365 figura como primer notario García Pérez de Aranguren que, posiblemente, ya venía ejerciendo la función desde 1358. Su salario era de 5 sueldos al día.[17] La elección del cargo era competencia real exclusiva que los cambia a voluntad y se les exigía un alto grado de discreción.[18].
En la misma fecha era García Ximénez de Salinas el clérigo nombrado «para ayudar a las cosas necesarias de la audición.» Estuvo desempeñando el cargo varios años, llegó a cobrar también 5 sueldos al día y, posteriormente, fue nombrado maestro oidor (12 de septiembre de 1383).[19].
El término clérigo de comptos es usado, a este nivel, como sinónimo de notario. Pero no ocurría así a nivel superior, de maestro oidor aun cuando fuera también un eclesiástico quien ejerciera el cargo.[18].
Junto a ellos aparecen la figura del portero, «un agente subalterno de carácter ejecutivo» quienes tenían por misión ejecutar las órdenes de maestros oidores. Recibían un sueldo al día.[20] El primero conocido fue Simón de Araiz:.
En un principio el depósito del archivo de la tesorería está en el Castillo de Tiebas, con parte del Archivo Real y el Archivo de la Cancillería,[22] pero se trasladó todo a una casa alquilada de la rúa Mayor de la Navarrería (entre las actuales calles Curia y Mercaderes "Calle Mercaderes (Pamplona)")).[a][23][15].
Atribuciones
En la ordenanza de 1365 se declara que los oidores de comptos se constituyen para:[20].
-
- Examinar y exigir cuentas a los recibidores (recaudadores), tesorero y cualquiera vinculado con la hacienda real. Es decir, oír la rendición de cuentas —de ahí su nombre de Oidores— de quienes recaudaban en nombre del Rey.
-
- Vigilar y preservar los derechos reales en todo el reino.
-
- Asesorar en material fiscal e impositiva.
-
- Autoridad para ejecutar órdenes a oficiales y porteros incluyendo la potestad de castigar si desobedecen.
La labor de fiscalización se encontraba con muchas dificultades haciendo bastante irregular el desempeño de la tarea. Eran suficientes tres meses al año para verificar todas las cuentas del reino pero topaban con la demora habitual de muchos recibidores que presentaban tarde sus cuentas. Por ello las revisiones de algunos años no se terminaban hasta años después: por ejemplo, «la cuenta de la merindad de Sangüesa del año 1363 está examinada en enero de 1369. Claro que corresponde a dos recaudadores distintos, aunque de la misma circunscripción».[b][24].
La Cámara de Comptos fue asumiendo otras funciones por encargo de los monarcas, debido seguramente al prestigio de la Institución. Así, asumió enseguida el carácter de Tribunal de Hacienda por lo que pasó a llamarse Tribunal de la Cámara de Comptos.
Le fue encomendada, también, la labor de dirigir la recaudación de impuestos, indicando las cantidades a recaudar y los plazos. Sus funcionarios certificaban la calidad, peso y otras características que debía poseer la moneda navarra, que se acuñaba en la sede de la Cámara de Comptos.
Además, en la Cámara juraban sus cargos oficiales reales, señores feudales, caballeros y soldados.
Archivo
Sus libros y documentos constituyen la mejor fuente de información en Europa sobre la Baja Edad Media y permiten conocer no solamente el funcionamiento del órgano fiscalizador sino también otros aspectos del Reino de Navarra.
En la actualidad dicho archivo forma parte del Archivo General de Navarra.
Abolición
Tras su constitución la Cámara de Comptos fue ganando importancia dentro de la estructura política del Reino, pues solamente tenía por encima al Consejo y al Rey e incluso hubo momentos en los que algunos Oidores formaban parte del Consejo.
En los siglos y la Cámara de Comptos gozó de una gran importancia y prestigio por sus competencias, profesionalidad e independencia.
En 1512 Navarra fue conquistada y quedó anexionada a Castilla y comenzaron los intentos de suprimir la Cámara de Comptos, auspiciados por el Virrey y apoyados algunas veces por las Cortes. La mitad de sus miembros serían castellanos.[25].
La ciudad de Pamplona se opuso de forma enérgica a todos los intentos de hacerla desaparecer y el órgano fiscalizador pudo seguir funcionando durante los siglos y .
En el siglo , coincidiendo con una época de gran centralismo, hubo nuevos intentos por hacerla desaparecer, intentos que culminaron con el Real Decreto de 18 de marzo de 1836, que ordenaba el fin de la actividad de la institución.
La Ley Paccionada de 1841, que convirtió al Reino en provincia española con cierto grado de autonomía, confirmó la supresión de la Cámara de Comptos.
Restauración institucional
Con la creación del Parlamento de Navarra en 1979 se vuelve a crear, como órgano técnico dependiente del mismo, la Cámara de Comptos en 1980 (28 de enero de 1980). Su puesta en marcha efectiva tiene lugar en 1981 tras la elección como presidente de Mariano Zufía Urrizalqui. La Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra ratifica su papel como órgano fiscalizador de cuentas.
La Amejoramiento hace depender a la Cámara del Parlamento Foral de Navarra y su regulación actual se define en la Ley Foral 19/1984, de 20 de diciembre, de la Cámara de Comptos de Navarra que entró en vigor el 26 de diciembre de 1984.