Valoración arquitectónica
Planteamiento estilístico
Las sucesivas fases estilísticas que desde su inicio constructivo de 1652 hasta hoy han venido sucediéndose, van desde un lenguaje tardo-renacentista con evocaciones clasicistas de 1667, a un estilo barroco, que se desarrolló con las incorporaciones decorativas, en el interior del Camarín en 1694 y alcanzando su máxima expresión con la pintura de la bóveda ovalada, de Antonio Palomino en 1701.
Prosiguió un lenguaje academicista pleno, con la incorporación del estilo rococó en 1754, y luego desde 1768 hasta 1824 un lenguaje neoclásico.
Primera fase: lenguaje tardorrenacentista
Sobre un espacio de planta trapezoidal, casi rectangular, se elevó una Capilla Santuario, cuyo componente más destacado es la inserción de un gran espacio elíptico rematado por una bóveda de sección también elíptica.
El planteamiento interior de estricta simetría respecto a los dos ejes ortogonales de la planta elíptica, se trasladaba a la imagen exterior, mediante la definición de tres fachadas claramente simétricas respecto al eje vertical-central. La disposición de los accesos, doble en las fachadas a la plaza y a la calle de la Leña (según las capitulaciones originales) y centrado en la fachada a la Catedral, junto con la disposición vertical de la bóveda y linterna, reforzaban la centralidad y simetría de la composición.
La razón de esta multiplicidad de accesos se debía fundamentalmente a plantear la Real Capilla como un templo de peregrinación que debía acoger a un elevado número de fieles.
La composición de las fachadas se articulaba mediante pilastras de gran escala, pertenecientes a un tipo de orden compuesto: “parte composita, y parte dórica”, como soportes de un gran arquitrabe, friso y cornisa.
Un conjunto de huecos se abrían en los muros de la fachada de la plaza, frente a la iglesia metropolitana había dos ventanales y en la calle de la Leña, cuatro.
El aspecto formal exterior de la Capilla en su planteamiento original, era más equilibrado y proporcionado que su visión actual. La cúpula se hallaba enmarcada por estilizados obeliscos apiramidados que remataban las pilastras de la fachada y del tambor.
El contraste empieza en las dos portadas simétricas realizadas con piedra gris de Godella siguiendo diseños recogidos de Vignola. Cada una cuenta con un orden de columnas toscanas sobre pedestales y pilastras de las mismas características. Sobre los entablamentos, cuyos frisos están decorados con triglifos, descansan frontones "Frontón (arquitectura)") curvos partidos decorados con tarjas y guirnaldas. A los lados sobre pedestal aparecen bolas.
Segunda fase: lenguaje barroco
El lenguaje y estilo interior barroco se inició con los retablos, así como con la construcción del Camarín y culminó, en esta primera fase, con la pintura de la bóveda por el pintor cordobés Antonio Palomino, que conjugó arquitecturas fingidas y perspectivas forzadas, junto con medallones figurados y ornatos resueltos con tipologías barroquizantes.
El retablo del altar Mayor era de jaspe y se rodeaba todo él de nueve lámparas de plata.
El retablo, que se vendió a la parroquia de Chilches, tenía cuatro grandes columnas salomónicas sobre gran zócalo elevado, con un espacioso nicho con arco abocinado y adornado con 5 florones, terminado en medio punto, y estaba profusamente decorado.
En lo que respecta a las capillas laterales existen datos de cómo eran los dos retablos, el de cristo y el de San José. Eran dos retablos con profusión de cenefas, bajorrelieves y talla dorada con escudo en remate, ángeles y cabezas de querubines similares en formas y detalles al estilo tardorrenacentista original del edificio.
Así pues, la disposición retablística inicial, se configura como un conjunto arquitectónico perteneciente al barroco pleno.
Encuadre tipológico
El encuadre tipológico realizado a partir del estudio de la evolución de la traza central, en las arquitecturas prehistórica, romana, paleocristiana, renacentista y barroca, y su comparación con la reconstrucción gráfica del modelos proyecto original y de la primera construcción de la Real Capilla, permite establecer como características tipológicas más relevantes, las que se citan en la página siguiente.
La tipología es de planta central cuadrada, con doble simetría, estructurada a partir de la inserción de la elipse en el cuadrado (trapecio por ajuste al solar), y de su intersección con la cruz centrada o teutónica. El planteamiento espacial es claramente renacentista, y se encuentra muy próximo al doble cubo de San Pietro in Montorio y de San Pedro de Roma. El trazado y proporción de la cúpula es comparable a la del Tesoro de Atreo del 1400 a. C., y a la de Brunelleschi en Santa María del Fiore del año 1420.
La relación con el entorno se plantea desde una posición “prominente”, elevándose cinco gradas, mostrándose como edificio “acabado”, como pieza exenta que aporta a un amplio espacio de plaza, rematado en cúpula con linterna, buscando su simbolismo en el perfil de la ciudad, siguiendo con ello los dictados de Leon Battista Alberti y Palladio.
La sustitución de los contrafuertes del proyecto original por el falso tambor fragmenta la imagen al exterior, reduciendo la fuerza y expresividad de la cúpula, lo que podría justificar la opinión de que la Real Capilla de la Virgen se corresponde, más con la idea de ruptura entre interior y exterior, que con el planteamiento de Serlio del exterior como fiel reflejo de interior.
Ampliación de la Real Basílica
A principios del siglo , se planteó la posibilidad de realizar una majestuosa ampliación de la Basílica. Por ello, el prelado convocó un concurso de ideas en el año 1932, que ganó Vicente Traver. Según su proyecto, el nuevo edificio tendría la cúpula más alta de la ciudad, y sería de las más grandes de Europa. Durante la guerra civil la Basílica fue incendiada, razón por la cual no se llevó a cabo la obra. Décadas después se reintentó, pero se descubrieron las ruinas romanas, visigodas y árabes en la plaza de la Almoina, en la parte trasera de la Basílica, por donde se pensaba hacer la ampliación por lo que el proyecto jamás llegará a realizarse.
Hoy día, sin embargo, empieza a investigarse y saberse de los muchos proyectos que entraron en concurso.