Causas
Comúnmente se menciona como principales causas del cambio de uso de suelo al desarrollo, expansión y mantención de actividades silvoagropecuarias junto con la construcción y ampliación de infraestructura urbanas y/o industriales. Es evidente que aquellas acciones generan un cambio inmediato—es decir, sin procedimientos intermedios—en el suelo, por lo que se les ha clasificado como causas directas.
La actividad agropecuaria ha utilizado más de un tercio de la superficie terrestre del planeta,[3] lo cual se traduce en alrededor de 5.000 mega hectáreas.[16] De los terrenos dedicados a la agricultura, aproximadamente un tercio se utiliza para la producción de cultivos con fines alimenticios y los dos tercios restantes se emplean para la mantención de praderas y pastizales requeridos en el pastoreo.[16] Sin embargo, mencionar a la agricultura y la ganadería como principales causas directas del cambio de uso de suelo implica englobar a un rubro que incorpora diversas culturas, empresas de todos los tamaños y diferentes metodologías. Por consiguiente, para no redundar en la generalidad, a continuación se describen las formas de impacto que presentan las actividades de agricultura y ganadería:.
La ganadería, en primeras instancias, requiere de la preparación de las tierras para operarlas como zonas de pastoreo y cultivo de forraje destinado al ganado. En muchas ocasiones, aquello implica la necesidad de deforestar bosques o inclusive modificar cultivos agrícolas utilizados para la industria alimenticia. Su forma de manifestar un cambio de uso de suelo incluye procesos de defoliación, pisoteo de la tierra y el retorno de nutrientes por medio de heces y orina del ganado.[17].
La agricultura, entendiéndose como el “conjunto de técnicas y conocimientos relativos al cultivo o la labranza de la tierra[18]”, ha generado cambios en el uso del suelo desde la necesidad de aumentar la producción. Aquello conlleva a emplear métodos para mejorar el rendimiento de producción, aumentar la intensidad de los cultivos (es decir, la frecuencia de cosecha) y expandir la superficie de labranza.[19] Las prácticas que no son sostenibles, como los monocultivos, implican degradación de la tierra, salinización y reducción de la diversidad genética agropecuaria.[20] Por otro lado, las buenas técnicas agrícolas permiten potenciar beneficios al ecosistema como el almacenamiento de carbono y la conservación de paisajes rurales y su biodiversidad.
El desarrollo forestal se entiende como la certeza de la conservación y el aprovechamiento de la diversidad de los recursos naturales que nos pueda entregar. El manejo de bosques produce distintos impactos, dependiendo del interés de un área forestal determinada; ya sea la preservación de especies dentro del área o bien la plantación de especies que serán explotadas para obtener recursos naturales (como madera, resina, entre otros productos naturales). Debido a los distintos impactos que se obtienen por el manejo de bosques, durante los años 2001 a 2015 se podría decir que a nivel mundial se perdieron 3,5 a 6,5 millones de hectáreas por año, por lo cual se ha generado una gran pérdida de los servicios ecosistémicos como el secuestro de carbono.[7].
Dado por la alta la tasa de productividad, es decir, por la cosecha o tala de los árboles de los bosques, se puede llegar a generar un cambio en el uso de suelo ya que los árboles tienen la acción de proteger al suelo de la erosión como también de que este mismo se deshidrate. Por lo tanto, al ser talados, el suelo queda al descubierto con altas probabilidades de ser erosionado.[21].
Por su parte, la ocupación de uso de suelo en infraestructura, ya sea por urbanización o por la instalación de industrias, ha venido en crecimiento puesto que, en primer lugar en cuanto a la urbanización, el aumento de zonas urbanas que se ha duplicado desde la década de los 90 no proyecta tener fin, según la ONU hoy en día cerca de un 55% de la población vive en áreas urbanas y se estima que al llegar al año 2050 esta población aumentará en un 13%.[22] Esto sumado al crecimiento poblacional que implica mayor demanda de productos, generan este tipo de cambio de uso de suelo, que cabe destacar afecta principalmente a la superficie de bosques, humedales y praderas.}.
Sin embargo, además de las causas directas descritas, también se consideran factores que, pese a no cambiar directamente el uso del suelo, sí influyen en la gestión de las consecuencias negativas y en las causas directas mencionadas; estos factores son catalogados como Causas indirectas.
Según el informe IPBES[3] (2019), los impulsores directos que impactan los ecosistemas terrestres y acuáticos—entre ellos, el Cambio de uso de suelo—están asociados a otros impulsores indirectos. Estos, por lo tanto, pueden comprenderse como Causas indirectas del cambio de uso de suelo que si bien no generan un impacto inmediato, sí influyen en la forma en que se desenvuelven las actividades agropecuarias y el desarrollo de infraestructuras. Estos se incorporan en rubros: 1) Demográficos y socioculturales, 2) Tecnológicos y económicos, 3) Instituciones y gobernanza y 4) Conflictos y epidemias. Asimismo, la ambigüedad conceptual puede jugar un rol relevante en el momento de gestionar las medidas en busca de disminuir las consecuencias del cambio de uso de suelo.
Las políticas que promueven las actividades relacionadas con las Causas directas sin contar con un manejo sostenible, influyen en el cambio de uso de suelo (1). De tal forma que legislaciones e incentivos económicos, pueden facilitar aquellas actividades. Como sucedió en Chile, con el Decreto Ley 701, que incentivó el área forestal desde bonificaciones y beneficios tributarios; sin embargo, este proceso fue basado en la introducción de especies exóticas (o especies introducidas), y a largo plazo fue una de las principales causas del cambio de paisaje y la pérdida del Bosque nativo.[5] O bien, la disminución de selva tropical, bosque húmedo y subhúmedo del territorio del Amazonas presente en México, para utilizarlo en ganadería de bovinos; procedimiento financiado por organismos internacionales[23] (entre ellos, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo).
Cabe mencionar que, pese a no ser mencionado dentro de los impulsores indirectos del IPBES, la ambigüedad conceptual, es decir, la confusión o el mal uso de conceptos puede llegar a causar graves problemas o malas interpretaciones que conllevan la incertidumbre sobre la información que se quiere aplicar, la cual va a ser utilizada para la solución de un problema.
Se le debe dar gran importancia a este tema de la ambigüedad conceptual debido a que ya ha pasado en investigaciones, por ejemplo en un reporte FAO que se desarrolló en el año 2015, en el cual se produjo una incertidumbre sobre los datos que se entregaron. Al no diferenciar entre los conceptos de bosques naturales y su diferencia con las plantaciones forestales, se vieron afectadas las estimaciones que se debían hacer en relación con la dinámica de pérdida de estos y, por consiguiente, los datos no fueron cercanos a la realidad.[7].