Proyecto de descarbonización
Introducción
La economía hipocarbónica,[1] también llamada economía baja en carbono (acrónimo en inglés LCE), o economía baja en combustibles fósiles (acrónimo en inglés LFFE)[2] es una economía que emite un mínimo de gases de efecto invernadero (GEI o GHG por sus siglas en inglés) hacia la biosfera y, específicamente, un mínimo de dióxido de carbono (CO).
Desde mediados del S. XX, investigaciones científicas han identificado un aumento de la temperatura media de la Tierra. Este fenómeno, conocido como calentamiento global, está asociado a la gran concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera debido a causas antropogénicas, generando cambios en el clima a largo plazo, con impactos negativos sobre la humanidad y la vida en el planeta.[3] La aplicación mundial de la economía hipocarbónica se propone como un medio para evitar un cambio climático catastrófico, y como antecesor de lo más avanzado: sociedad de cero carbono y economía de energía renovable.
El proceso de convertir una economía con altas emisiones de carbono en una hipocarbónica se conoce como descarbonización de la economía o, simplemente descarbonización.[4]Puede incluir medidas para el secuestro o captura de carbono, para la transición energética a fuentes renovables, entre otras.
Numerosos países han reconocido la necesidad de transitar hacia una economía hipocarbónica para enfrentar el cambio climático y garantizar un desarrollo sostenible a largo plazo, lo que se ha visto reflejado en acuerdos internacionales como el Protocolo de Kioto, firmado en 1997. A través de este documento se establecieron objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para los países industrializados, lo que impulsó la investigación y el desarrollo de tecnologías bajas en carbono y la adopción de políticas públicas con objetivos jurídicamente vinculantes.[5].
En 2015, en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, se redactó el Acuerdo de París, firmado por 196 países[6] que manifestaron su compromiso de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero para [7]limitar el aumento de la temperatura global por debajo de 2 °C sobre los niveles pre-industriales, así como de comunicar sus planes de actuación cada cinco años.
El proceso de descarbonización es fundamental para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el ODS 7: Energía asequible y no contaminante.