Planificación territorial energética
Introducción
La política energética es la manera en que una determinada entidad (generalmente un gobierno nacional o subnacional) decide conducir la producción, distribución y consumo de energía. La política energética se puede llevar a cabo a través de legislación, tratados internacionales, incentivos a la inversión, directrices para el ahorro energético o la eficiencia energética, impuestos o elaboración y cumplimiento de planes energéticos a medio y largo plazo. La energía es un componente fundamental de las economías modernas. Una economía que funcione no solo requiere capital "Capital (economía)") y trabajo "Trabajo (economía)"), sino también energía para las actividades de fabricación, transporte, comunicación, agricultura, salud, vivienda o educación.
Antecedentes
Respecto al término política energética, debe resaltarse la importancia de poner en práctica una política sostenible a escala mundial para paliar el grave problema del calentamiento mundial.[1].
Aunque la investigación sigue en marcha, las "dimensiones humanas" del consumo energético son de interés creciente para las compañías energéticas, las otras empresas del mercado y los diseñadores de políticas. Utilizar las ciencias sociales para entender el comportamiento del consumidor de energía permite a estos diseñadores tomar mejores decisiones sobre las diferentes opciones de energía y clima (básicamente qué matriz energética perseguir y cómo administrarla para un suministro sostenible y seguro a un precio razonable). Esta utilización puede facilitar un uso más eficaz de la energía, la comercialización de energías renovables y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento mundial.[2] El acceso a la energía también es crítico para necesidades sociales básicas, como iluminación, calefacción, cocina y cuidado de la salud. Como resultado, el precio de la energía tiene un efecto directo en el empleo, la productividad, la competitividad y el coste de productos y servicios.