Trabajos de ajardinamiento y urbanización
En 2005 el Ayuntamiento de Madrid del Partido Popular convoca un concurso de ideas internacional con el objetivo de recuperar la ribera del Manzanares a su paso por Madrid. El proyecto debe conectar los distritos y barrios de la ciudad separados por la autovía, con otras infraestructuras dotacionales como el Anillo Verde Ciclista, Matadero Madrid, la Casa de Campo, el Mercado de Frutas, así como elementos patrimoniales y culturales existentes junto al río como son la ermita de la Virgen del Puerto "Ermita de la Virgen del Puerto (Madrid)"), el puente de Toledo y el puente de Segovia. También se valoraría si el proyecto contempla la conexión con los tramos del río que enlazan la ciudad con el territorio exterior de la ciudad.
El proyecto ganador del concurso, dirigido por el arquitecto Ginés Garrido, se elaboró por un equipo interdisciplinar del que formaban parte los estudios Burgos & Garrido Arquitectos, Porras & La Casta, Rubio & Álvarez-Sala, y los paisajistas holandeses West 8, todos unidos bajo el lema M-Río. La propuesta se destacó por sus valores ecológicos al recuperar los bosques próximos a la ciudad, creando un sistema continuo de zonas verdes estructurado por el río, uniendo el centro de Madrid con la Casa de Campo.
Se crea así un parque consistente en una zona peatonal y de recreo construido entre los años 2006 a 2012 en las márgenes del río Manzanares, en buena parte sobre el trazado soterrado de la vía de circunvalación M-30, desde el nudo Sur hasta el enlace con la A-5.[2].
Se recuperan y regeneran las márgenes del río en toda su longitud, como verdaderas áreas de integración entre el paisaje y la actividad humana, bajo un entendimiento contemporáneo capaz de superar el antagonismo implícito en el binomio urbano-rural.[8] De esta manera, Madrid recupera su río para sus ciudadanos, puesto que este se encontraba secuestrado por la M-30.
A escala metropolitana, a través del proyecto y de su concepción como gran infraestructura, se lleva a cabo la incorporación del corredor que se extiende sobre los bordes fluviales a su paso por la ciudad como parte del GR-124 de la Red de Senderos Europeos desde Manzanares el Real hasta Aranjuez.
A escala urbana, el proyecto incorpora el río como doble línea de fachada inédita y configura un conjunto enlazado de espacios verdes que se infiltra en la ciudad. Establece en la superficie un nuevo sistema de movilidad y accesibilidad. Incrementa la integración y calidad urbana de los barrios limítrofes al río. Protege y revaloriza el patrimonio histórico y crea un ámbito de nueva centralidad, que genera un cambio en conjunto de la ciudad.
A escala local, la propuesta se ejecuta como una operación radicalmente artificial, materializada sin embargo con instrumentos eminentemente naturales. No se debe olvidar que se actúa mayoritariamente sobre una infraestructura bajo tierra. El proyecto se implanta sobre un túnel o, más bien, sobre la cubierta de un conjunto complejísimo de instalaciones al servicio del viario enterrado. Un edificio de hormigón de más de seis kilómetros de longitud, con enormes y determinantes servidumbres y con una topografía cuya lógica obedece exclusivamente a la construcción de la infraestructura, que emerge inopinadamente sobre el suelo y con la que ha sido necesario negociar. Sobre esta edificación subterránea, la solución adoptada se ha basado en el uso de la vegetación como principal material de construcción. El proyecto establece como estrategia general la idea de implantar una densa capa vegetal, de carácter casi forestal, allá donde sea posible, es decir, fabricar un paisaje con materia viva, sobre un sustrato subterráneo inerte, modificado y excavado para el automóvil, sobre una construcción que expresa por sí misma el artificio máximo.[9].
Las familias, formas y asociaciones de especies vegetales seleccionadas provienen de la extrapolación del estudio de la cuenca del río y su adaptación, en cada caso, al medio urbano específico. La ordenación de los distintos entornos y su caracterización como lugares de uso público se ha producido teniendo en cuenta, por un lado, las funciones requeridas y las necesidades detectadas en cada distrito y por otro, la capacidad de conformar espacios habitables, inherente a los conjuntos organizados de vegetación de distinto porte.
La solución se concreta en tres unidades de paisaje principales:[10].
• - El Salón de Pinos, o corredor verde que discurre por la margen derecha del río. Es la estructura que permite la continuidad de los recorridos y reacciona en su encuentro con los puentes existentes dando lugar a distintos tipos de jardines de ribera (jardines bajos de puente de Segovia, jardines del puente de San Isidro, jardines del puente de Toledo y jardines del puente de Praga).
• - El enlace definitivo del centro histórico (representado por la imagen imponente del Palacio Real y la cornisa elevada de la ciudad), con la Casa de Campo, parque de más de mil setecientas hectáreas. En este entorno se incluyen la avenida de Portugal, la Huerta de la Partida, la Explanada del Rey y los jardines de la Virgen del Puerto.
• - La ancha franja sobre la ribera izquierda donde se sitúa el conjunto del parque de Arganzuela que incluye el centro de creación de arte contemporáneo de Matadero, y que representa la mayor superficie de espacio verde unitario de la propuesta.
Además de estas tres grandes operaciones paisajísticas coherentes entre sí, el proyecto propone ciento cincuenta intervenciones de diferente carácter, entre las que destaca el sistema puentes que dotan de un inédito grado de permeabilidad al cauce. Se han desarrollado soluciones sobre más de veinte puentes o pasarelas sobre el río, rehabilitando las siete presas, reciclando algunos puentes existentes y creando nuevos pasos, unas veces con un lenguaje silencioso y otras, intencionadamente expresivo. Como en una acción microquirúrgica el proyecto incorpora, eslabón por eslabón, una cadena de fórmulas de integración del río en la ciudad y de la ciudad en el río. Son elementos que garantizan el contagio de los nuevos valores de las orillas regeneradas sobre los ámbitos y barrios cercanos. Con este efecto de resonancia, se prevé una sucesión de operaciones que aseguren una renovación de gran alcance. Desde ahora y de manera irreversible, se está fraguando una radical metamorfosis, sin precedentes para la ciudad de Madrid.[7].