Plan de arquitectura topográfica urbana
Introducción
El Plan Jaussely fue un proyecto de adaptación del planeamiento urbanístico de Barcelona definido en el Plan Cerdá con el fin de encajar la trama del ensanche barcelonés con los trazados originales de las villas que rodeaban la ciudad de Barcelona. Fue la propuesta de Léon Jaussely la ganadora del concurso que el Ayuntamiento de Barcelona hizo en 1903. El resultado final del plan fue entregado por Jaussely en 1907.[1].
Antecedentes
El Plan Cerdá aprobado en 1859 dibujaba el "Ensanche ilimitado" contando con la facilidad topográfica del llano de Barcelona, si bien no contemplaba cómo enlazaría la trama ortogonal cuando llegara a las calles de las villas que rodeaban Barcelona y que respondían a un diseño condicionado por los caminos y con crecimiento básicamente anular. El desarrollo del Ensanche obligaba a hacer ajustes en la unión de su trama homogénea con los viejos núcleos urbanos y requería una actuación coordinada entre estos municipios del plan en cuestiones fiscales y de planeamiento. En 1897 se produce su agregación en una "gran Barcelona", cosa que comportaría la extensión progresiva de las infraestructuras y de los servicios (transporte, electricidad, gas) desde el centro hacia la periferia.[1].
Este instrumento de planeamiento llegó a su límite a finales del siglo como consecuencia de dos fenómenos paralelos: la formación de una conciencia reformista con respecto al impacto del desarrollo industrial sobre las condiciones de habitabilidad de la ciudad y la consolidación progresiva del catalanismo político entre la burguesía industrial, que encuentra en el modernismo su principal expresión artística e intelectual.
En este sentido, Puig i Cadafalch, uno de los mayores detractores de Cerdá, manifestaba en La Veu de Catalunya cómo la homogeneidad igualitaria de la trama de Cerdá entraba en contradicción con la voluntad de dotar ciertos espacios o instituciones de la ciudad de una representatividad especial. La ciudad empezaba a aspirar a una capitalidad que no había tenido en siglos, y eso impone un nuevo urbanismo y una nueva arquitectura. París era el referente más inmediato en lo que concierne a la ordenación monumental o institucional deseada y las nuevas teorías urbanísticas europeas sobre la segregación de usos (industria, comercio/servicios, ocio y residencia) ofrecían soluciones a la compatibilidad de la ciudad con la industria.[1].