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El movimiento deconstructivista, como explicado anteriormente, fue basado en distintas influencias, como el filósofo Jaques Derrida, las vanguardias y el constructivismo Ruso. Con eso, es posible percibir, al estudiar las obras de los principales arquitectos del movimiento, que el desconstrutivismo fue abordado de distintas formas diferenciando sus obras. Algunos de los arquitectos que se destacaran son: Peter Eisenman, Zaha Hadid, Frank Gehry, Rem Koolhaas, Daniel Libeskind, y Bernard Tschumi.
Bernard Tschumi
Bernard Tschumi es uno de los arquitectos que mejor trabaja con la filosofía deconstructivista de Derrida, él la interpreta:.
Actualmente es esa estrategia de programas múltiplos constantemente usada. La forma no sigue más a función, principalmente porque la función no es más única: Un único espacio puede ser destinado a distintas actividades.
Con estrategias como la programación cruzada (espacio usado para un programa particular, que no fue construido para el mismo), la transprogramación (combinación, en el mismo espacio, de dos programas, en principio incompatibles) y la desprogramación (combinación de programas con una contaminación del programa A en el B), el arquitecto crea espacios de programas múltiples, rompiendo así con las oposiciones básicas de la arquitectura en que ocurre una relación directa entre la causa y la resolución, como forma y función, creando otra analogía al filósofo Derida que intentaba romper con el lenguaje.
Tshumi entiende que el significado viene de interpretaciones personales y esto cambia de persona a persona. Cuando se proyecta, en su opinión, se debe pensar en las circunstancias sociales, políticas y culturales. Un ejemplo de deconstrucción en la práctica arquitectónica es el Parque de la Villette (1982-1983).
El Parque de la Villette es un proyecto que posee una superficie de más de un kilómetro de longitud y setecientos metros de anchura, y un programa complejo (talleres, gimnasios, museos, teatros y entre otros) que es considerado deconstructivista desde su concepción. El arquitecto rechazó la idea de “complementar” los vacíos de lo preexistente y la idea de palimpsesto, o sea, expresar lo anterior en las nuevas construcciones, creando una nueva memoria para el espacio.
El concepto principal fue la improvisación, creando la posibilidad de un programa que constantemente puede cambiar conforme la necesidad. Consiste de tres sistemas: las superficies (espacios verdes abiertos), las líneas (los caminos del parque) y los puntos (las construcciones del proyecto, estructuras rojas que difieren unas de otras). Estas últimas no poseen un programa definido, fueran pensadas para abrigar eventos conforme la necesidad del parque. Los puntos son el organizador del espacio y es la característica icónica del plan.
La deconstrucción en el proyecto está primeramente en la creación de un espacio que no posee un único significado, tornando posible que el peatón cree su propia interpretación de lo experimentado y entendido. El siguiente punto es la búsqueda del arquitecto por la creación de un espacio incoherente, contradictorio, así como la experiencia humana.
La superposición de los sistemas, también es deconstructivista, crea una colisión e interacción entre el sitio, sus caminos y sus construcciones, no hay un ritmo o una orden clara, es una no-estructuración estructurada. Y por último, el rechazo de la adición la arquitectura. El proyecto no necesita de ningún otro complemento, la imprevisibilidad de las necesidades del parque ya fue prevista en las construcciones sin uso definido.
Peter Eisenman
Así como Bernard Tschumi, Peter Eisenman también es directamente influenciado por la filosofía de Derrida, hasta llegó a trabajar personalmente con el filósofo.
En su proyecto el arquitecto crea distintos planos geométricos de una manera que el entendimiento no es inmediato, solo es posible comprender la totalidad de su intención cuando los textos explicativos son leídos. Todos los conceptos modernistas son afrontados, Eisenman sigue la teoría y no la forma. Aparte de eso, también proyecta con la psicología, creando espacios que generan sentimientos, como en Centro de Arte Moderna de Wexner").
Daniel Libeskind
Daniel Libeskind es un arquitecto estadounidense de origen judío. Nació en Lodz, en la Polonia de la posguerra.
Es posible entender como el arquitecto trabaja la deconstrucción estudiando su obra del Museo Judío en Berlín. El arquitecto, que antes del Museo solo tenía una obra construida, era hasta allí un gran teórico, y su proyecto fue basado en su propia visión de arquitectura, de comprensión del contexto, del presente y de la historia.
El arquitecto entiende la creación arquitectónica como la composición de un libro, de una música o de una poesía. Su proyecto no tiene relación con los de algunos otros arquitectos deconstructivistas. Cada elemento de su deconstrucción tiene un por qué muy claro y definido, es el significado que da forma a todo su proyecto. Solo quien conozca el código e intenciones que generarán la obra va a comprender su mensaje correctamente.
Libeskind explica que «la arquitectura no debe limitarse a comunicar a un ser humano la existencia de un mero objeto. La arquitectura es una percepción, y también algo que posee una dimensión intelectual. Es una forma de comunicar algo más allá de la realidad física con la que está construida».[10].
Su diseño fue originado de la relación entre la historia de Berlín y la contribución de los judíos, su falta y el significado del Holocausto en la consciencia y memoria de la ciudad.[11] La propuesta de Libeskind parte del tema «El vacío y la ausencia» enseñando la desaparición de los judíos de Berlín.
La planta del edificio parte de una línea desarticulada que se parece a un rayo, es una Estrella de David desdoblada, y representa la tortuosa historia de los judíos en Alemania.
El edificio tiene una planta subterránea y cuatro sobre el nivel del suelo. Las fachadas son de hormigón con un recubrimiento exterior de chapa metálica. Esta capa está constituida por paneles colocados diagonalmente que dan la sensación de que las fachadas están inclinadas. Tiene una serie de ventanas estrechas como rajaduras, cortes que la atraviesan en diferentes direcciones como cicatrices de lo que ha pasado. Se le encuentra sentido si le pone en contexto judío: ruptura, fragmentación, desgarramiento. En el interior se aprecia como filtra la luz por esos «cortes» y queda un efecto que llama al recogimiento.
Su fachada no tiene puerta principal alguna, el ingreso al conjunto se da por el edificio histórico contiguo y se produce a través de la planta del sótano, conectándolo a su ampliación. De la entrada por el subsuelo, Libeskind se refiere a como tenían que vivir los judíos en los tiempos de Guerra. Después de allí se entrecruzan tres líneas subterráneas, pasillos llamados «ejes», que definen el concepto general de la obra y simbolizan tres aspectos de la experiencia judía en Alemania: continuidad: el museo, exilio: el jardín exterior recordando los que tuvieran que dejar Berlín y muerte: que lleva a la torre del holocausto, final sin salida de la mayoría de los judíos.
Zaha Hadid
Con influencias del constructivismo ruso y movimientos de las vanguardias Hadid utiliza la tridimensionalidad y su superposición de formas más intensa. Lleva en cuenta la sociología y la historia, y el proyecto es concebido de una manera deconstructivista con trasposición de estratos y la cinematografía..
Rem Koolhaas
Así como Hadid, Koolhaas, es influenciado por el constructivismo Ruso y movimientos de la vanguardia. Hace uso del método de encaje y colage, inventado por los dadaístas, utilizando distintos conceptos de épocas diferentes para crear una nueva arquitectura, articulando la historia, la tipología y el estilo en una sola obra.
En el caso de la Biblioteca Central de Seattle, del estudio OMA, observamos un replanteamiento del concepto de biblioteca y una revolución contra la concepción tradicional del mismo. El estudio pretendía, según la memoria de la propuesta, reformular el concepto tradicional de biblioteca adaptándolo a los nuevos requerimientos de este tipo de instalaciones. La biblioteca ya no sería una institución dedicada exclusivamente al libro, sino un «almacén de información». Esta nueva nomenclatura hace referencia a la creciente importancia de los medios de comunicación audiovisuales alternativos al libro en la bibliotecas modernas, y al cambio progresivo en la interacción del usuario respecto a estos medios gracias a la tecnología.
Esto se refleja en un programa que da la misma importancia a la organización del espacio físico de la biblioteca y a la organización de los espacios virtuales de la misma, concebidos en paralelo como parte de la misma arquitectura. El sitio web de la biblioteca se organiza de igual forma que el edificio. Un programa que pretende comprimir el espacio de almacenamiento aprovechando al máximo las nuevas tecnologías de almacenamiento virtual y que busca la dualidad de uso entre los nuevos y los tradicionales medios de comunicación, presentados por igual y de manera legible.
El proyecto supone un proceso hiper-racional de diseño, en el que ideas racionales adquieren una lógica independiente y dan como resultado imágenes que parecieran irracionales (a simple vista la biblioteca parece producto de un capricho más que del análisis del diseñador).
Un aspecto importante del mismo es que confronta la visión tradicional de la flexibilidad en la arquitectura moderna que, según Joshua Prince-Ramus, coautor del proyecto, crea espacios genéricos donde puede darse casi cualquier actividad pero en la práctica son ocupados por la necesidad más inmediata, que termina imponiéndose frente a otras actividades. En su lugar, propone la llamada «flexibilidad compartimentada». La biblioteca está organizada en distintas secciones dedicadas a tareas específicas. La flexibilidad se produce dentro de cada sección, y permite de este modo la posibilidad de cambiar secciones enteras del edificio para adaptarse a otros usos, en caso de ser necesario, pero sin obstaculizar a las demás.
Asimismo, contribuye al concepto de vida social en tanto que el Estudio concibe la biblioteca moderna no solamente como un lugar para leer, sino como un organismo en donde se llevan a cabo diversas actividades. El nuevo edificio debía ser sensible al incipiente rol social de las bibliotecas, generando un espacio abierto al público y evitando el carácter de «fortaleza» que ha tenido tradicionalmente este tipo de construcción. Estos son a grandes rasgos los principales puntos de desarrollo de la propuesta de OMA.
Frank Gehry
De todos los movimientos de vanguardia, el cubismo, es lo que más influencio Gehry, el arquitecto llegó en su propio decostructivismo con la experimentación de la construcción con materiales baratos. Así como Hadid, es la geometría y su superposición la constante tentativa que torna al arquitecto en deconstructivista.
Comparación
Después de estudiar las obras de cada arquitecto y cuál fue la parte del movimiento que los influenció queda más claro el entendimiento de las críticas sobre la clasificación de las obras de Frank Gehry como deconstructivista. De manera distinta que los proyectistas Peter Eisenman, Bernard Tschumi y Daniel Libeskind, los arquitectos Zaha Hadid, Frank Gehry y Rem Koolhaas utilizan los principios del deconstructivismo de manera muy literal, con formas muy retorcidas y organización caótica.
«El origen del deconstructivismo deriva del término utilizado por el filósofo argelino-francés Jacques Derrida (1930-2004) quien, a su vez, lo retoma del término destruktion del filósofo alemán Martin Heidegger (1889-1976). Derrida considera esta traducción más precisa que la traducción clásica de ya que la deconstrucción hace referencia a la desarticulación de un pensamiento, más que a su destrucción».[13].
El movimiento viene a romper con las reglas arquitectónicas impuestas hasta ahora e instigar al espectador. Pero cuando todo es muy literal y los arquitectos hacen una destrucción en vez de una deconstrucción, puede considerarse que los principios fueran perdidos en el desarrollo del proyecto, tornando más importante a la estética y no a los pensamientos que fueran utilizados en la concepción. La utilización de los principios de manera literal torna la teoría en un modelo, en un conjunto de reglas, y ese es uno de los principales puntos que rechazaba el filósofo Jaques Derida.