Historia
Luego de casi seiscientos años de mantenerse como el eje de las actividades políticas, económicas y sociales de la Ciudad de México, ya fuera con el antiguo Imperio Mexica, el virreinato de la Nueva España o del México independiente, la zona del antiguo islote y del viejo casco colonial de la ciudad, empezó en la época del Porfiriato un proceso de descentralización, movido por la creciente expansión urbana y demográfica, impulsada por el desenvolvimiento económico vivido por el país; muchos centros de negocio, instituciones públicas o puntos de encuentro social y popular se desplazaron a los nuevos límites de la urbe.
Sin embargo, la fundación de la Universidad Nacional de México (actual UNAM) el 22 de septiembre de 1910, se convirtió en el suceso que permitió sostener la relevancia y dinámica de la zona centro de la capital mexicana, esto debido al establecimiento del llamado Barrio Universitario, nombre genérico con el que se refirió al centro histórico, cuando el cúmulo de escuelas, oficinas administrativas, viviendas estudiantiles y centros de investigación o divulgación de la Universidad se ubicaron en los antiguos edificios coloniales y los inmuebles decimonónicos abandonados. Esto produjo un fenómeno de revitalización del área, pues generó una cadena de comercios, centros de entretenimiento, puntos de abastecimiento e infraestructura urbana ligados a la vida académica y social de los estudiantes, docentes, autoridades y personal de la casa de estudios.[38].
No obstante el dinamismo socioeconómico generado por el Barrio Universitario, las secuelas de la revolución mexicana en la capital entre 1911 y 1930, produjeron un progresivo abandono, en términos de conservación, de los edificios o monumentos públicos de la zona. Aun con la presencia de la Universidad, muchos de los inmuebles entraron en una fase de desinterés o descuido, generando perdidas parciales en el patrimonio artístico, la degradación de fachadas o interiores y la sustitución de elementos arquitectónicos originales por estilos modernos. En la década de los años 1920, por decreto presidencial se ordenó la protección de los edificios principales del Zócalo capitalino "Plaza de la Constitución (Ciudad de México)") (Catedral y Palacio Nacional "Palacio Nacional (México)") especialmente) y de la Calle de Moneda, aunque esto no se hizo extensivo al resto de la zona.
En la década de 1930, en el marco del nacionalismo revolucionario que, en el aspecto histórico-artístico, concebía la conservación de los monumentos, edificios y elementos urbanos con valor patrimonial, como un deber que protegiera la identidad cultural; se comenzó a gestar una forma de pensamiento entre autoridades y habitantes para buscar el correcto uso y cuidado de los inmuebles, reivindicado la importancia del centro histórico.[39].
El 20 de noviembre de 1952 fue inaugurada la Ciudad Universitaria de la UNAM "Ciudad Universitaria (Universidad Nacional Autónoma de México)"), un enorme campus universitario que albergaria la totalidad de las instituciones de la máxima casa de estudios, por lo que mudó ahí todo aquello que durante 42 años había residido en el centro histórico. Esto significó el abandono de todos los elementos urbanos y socioeconómicos ligados a la vida universitaria. Edificios de todo tipo quedaron desocupados, y sus calles aledañas vacías, sin iluminación o mobiliario urbano, originando problemas de ambulantaje o delincuencia; los dueños de las viviendas elevaron los costos de renta para poder subsistir, alejando aun más la población permanente del lugar, luego estas fueron congeladas y el efecto fue un declive de calidad en la vivienda; los negocios cambiaron de giro o cerraron definitivamente, atrayendo visitantes que incentivaron problemas de conductas antisociales como el delito. A todo esto se sumaron los proyectos urbanísticos de los gobiernos capitalinos, que priorizaron la expansión de la zona oeste y norte de la ciudad, excluyendo el desarrollo del centro de la capital.[40].
El primer proyecto para el rescate del centro histórico fue propuesto por el historiador José Ezequiel Iturriaga en 1964, sin embargo no generó suficiente impacto hasta el acontecer de dos sucesos que servirían como punto de inflexión. Primero, la obtención en 1962 de la sede de los Juegos Olímpicos de 1968, que despertó, un año antes de la justa en 1967, el interés de las autoridades por el embellecimiento y adecuación de la capital como sede olímpica, creando el primer programa de rescate del centro histórico, lo que permitió una serie de trabajos de conservación y restauración de edificios coloniales, de la época porfirista e incluso los de más reciente edificación, en ello también se hicieron labores en servicios urbanos como iluminación, limpieza, pavimentación, entre otros; en este año de 1968 fue la primera vez que oficialmente se usó el término Centro Histórico para referirse a esa zona de la ciudad. El segundo acontecimiento fue el descubrimiento de las ruinas del Templo Mayor el 21 de febrero de 1978 por trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro que realizaban trabajos de cableado para el metro.[41].
Este hecho generó el interés de autoridades, residentes y especialistas por la restauración del centro histórico, por ello dos años después, el 11 de abril de 1980 se publicó el decreto presidencial que creó la llamada Zona de Monumentos Históricos del Centro de la Ciudad de México, mediante el cual se delineaban las políticas públicas que intervendrían la zona para su rehabilitación y se establecían los grados de responsabilidad en ello, no solo de autoridades propietarias de los inmuebles, sino de las empresas y personas que tuvieran alguna propiedad en el área. Esto incluyó el mejoramientos de los servicios públicos de electricidad, agua potable, drenaje, limpia, alumbrado, mercados, pavimentación, asfaltado, parques y plazas. La naciente industria turística también se involucro a través de la inversión privada reconstruyendo espacios de entretenimiento, así como ampliando la oferta de comercios y servicios como hoteles, restaurantes, galerías, cines y teatros. El proyecto se propuso reposicionar la zona en la vida pública de la ciudad y el país con la construcción de la Terminal Central de Autobuses del Poniente y el Palacio Legislativo de San Lázaro; reubicando el Archivo General de la Nación "Archivo General de la Nación (México)") en el antiguo Palacio de Lecumberri; y usando los viejos edificios de la zona para albergar distintos museos, siendo los primeros el Museo Nacional de Arte "Museo Nacional de Arte (México)") en el Palacio de las Comunicaciones en la Plaza Manuel Tolsá (1982) y el Museo Franz Mayer en el ex Hospital de San Juan de Dios (1986).[41].
El terremoto del 19 de septiembre de 1985, devastó gran parte del centro histórico, provocando un nuevo éxodo de habitantes y comerciantes, poniéndolo nuevamente en una situación de decaimiento, pues en consecuencia mucha de la infraestructura creada hasta entonces fue descuidada, y los edificios dañados dieron marcha atrás al proceso de restauración que se vivía desde hacía cinco años. Afortunadamente, la mayor parte de los inmuebles anteriores a la segunda mitad del siglo (es decir los coloniales, los decimonónicos, porfiristas y posrevolucionarios) se mantuvieron en pie, por lo que la pérdida de patrimonio arquitectónico fue mínima frente a la infraestructura moderna. Gracias a ello fue posible un nuevo acontecimiento que serviría como impulso al rescate del lugar. El 11 de diciembre de 1987 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura declaró al centro histórico de la Ciudad de México (e incluyó a la zona de canales de Xochimilco) como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Nombramiento que dio un alcance mundial al sitio y aumentó el grado de responsabilidad para su efectiva conservación.[41].
Luego de las obras de reconstrucción por los terremotos de 1985, los programas de conservación y rehabilitación del centro histórico en la década de 1990 (que incluyó la creación del primer Fideicomiso para el centro histórico, aunque de carácter privado) se enfocaron en la explotación comercial, financiera y turística de la zona con el acondicionamiento de centros de negocios, desarrollo de infraestructura vial y de transporte que favoreciera el turismo, así como la regulación del comercio informal. No obstante estos programas dejaron de lado la habitabilidad de la zona, excluyendo a los residentes permanentes de casas, condominios y vecindades que presentaban altos grados de precariedad.[41][42][43].
En diciembre del año 2000 como una de sus primeras acciones gubernamentales, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal Andrés Manuel López Obrador, emitió un bando directriz de la política de vivienda para concentrar la oferta de este servicio público en las cuatro delegaciones centrales (Cuauhtémoc "Cuauhtémoc (Ciudad de México)"), Venustiano Carranza "Venustiano Carranza (Ciudad de México)"), Miguel Hidalgo "Miguel Hidalgo (Ciudad de México)") y Benito Juárez "Benito Juárez (Ciudad de México)")), como medida para detener el crecimiento desordenado de la urbe, repoblar el centro histórico, impulsar la actividad económica en las zonas abandonadas y atraer inversión privada para el mejoramiento de la infraestructura turística.
El 15 de agosto de 2001 se instaló en el Palacio Nacional "Palacio Nacional (México)"), en un evento encabezado por el presidente Vicente Fox y el Jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador, el Consejo Consultivo para el Rescate del Centro Histórico, un ente público-privado integrado por 125 personas (intelectuales, inversionistas, artistas, etc.) y un Comité Ejecutivo de dicho consejo integrado por tres miembros del gabinete federal (Conaculta, Secretaría de Turismo "Secretaría de Turismo (México)") y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público), tres del gabinete local (Desarrollo Urbano, Turismo y Desarrollo Económico) y cuatro representantes de la sociedad civil: un periodista (Jacobo Zabludovsky), un historiador (Guillermo Tovar de Teresa), la arquidiócesis de México a través del arzobispo Norberto Rivera Carrera y el empresario más rico del país: Carlos Slim. Este organismo, con la colaboración de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional realizó un diagnóstico pormenorizado de las áreas a intervenir y las estrategias para hacerlo.[44].
El 28 de febrero de 2002 en una reunión del comité ejecutivo del consejo se estatizó el fideicomiso convirtiéndolo en público, aunque manteniendo los aportes de la iniciativa privada. La llamada recuperación del centro histórico dio inicio con la remodelación de las calles: Madero "Calle Francisco I. Madero (Ciudad de México)"), Bolívar, Isabel la Católica, Cinco de Mayo "Avenida Cinco de Mayo (Ciudad de México)"), Tacuba, Donceles, Cinco de Febrero y Venustiano Carranza, todas ellas ubicadas al poniente de la Plaza Central; en esta etapa de modificaciones a calles la intervención que podría considerarse que fue de mayor magnitud es la transformación en corredor comercial-peatonal de la calle Madero.[42][45].
Con el fideicomiso estatizado y ampliado por la contribución de la iniciativa privada se intervinieron 34 manzanas del área comercial del centro; se remozó el espacio público, se sustituyeron pavimentos, banquetas y mobiliario urbano, se remozaron fachadas, se modernizó la infraestructura y de nueva cuenta se reubicó a los vendedores ambulantes en las zonas remodeladas. Se creó el proyecto Alameda y se reguló a los vendedores ambulantes: algunos de ellos fueron reubicados en tres plazas comerciales y la mayoría simplemente fue desplazada de la zona «rescatada». En esa época se introdujo el Turibús. La canalización de recursos públicos para la mejora de las fachadas de inmuebles privados se efectuó a través del Acuerdo para el Arreglo de Fachadas, lo que dio como resultado 548 rehabilitaciones entre 2002 y 2006. Además, Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York y promotor de la cero tolerancia, fue invitado como asesor de seguridad, y con base en sus recomendaciones se introdujeron nuevos cuerpos policiacos y otras medidas de seguridad pública. Así, en 2004 se consignó la Ley de Cultura Cívica, que otorgó atribuciones al gobierno local para desalojar de la calle las actividades informales y a los sospechosos de delincuencia.
Durante el gobierno de Marcelo Ebrard se constituyó la Autoridad del Centro Histórico como ente de gobierno de la zona para generar las políticas, proyectos y planes, ya no solo de rehabilitación y conservación, sino también de organización para la administración de recursos y servicios que conserven las remodelaciones ya hechas, coordinando a los tres niveles de gobierno (el de las entonces delegaciones, el de la ciudad y el del gobierno federal). De él surgió el proyecto del Corredor Reforma-Zócalo, plan integral para potencializar el uso turístico de la zona, realizando trabajos de remodelación de las vías públicas, edificios y monumentos; acondicionamiento de infraestructuras de servicio público como mercados, plazas comerciales y parques públicos; se reubicaron cerca de quince mil vendedores ambulantes en 48 plazas comerciales, para liberar de comercio informal a doscientas manzanas del centro histórico, realizada el 12 de octubre de 2007. En ese sexenio se rehabilitaron 26.5 km de calles y 137 000 m cuadrados de parques y plazas en aproximadamente veinte espacios públicos, incluida la remodelación de la Alameda Central. Se introdujeron ciclotaxis y la línea 4 del Metrobús (con un recorrido bidireccional de 27.3 kilómetros en treinta paradas y cuatro terminales), que vincula el centro histórico con el aeropuerto internacional. Además por primera vez se hicieron trabajos de intervención a las zonas populares del centro.[41][42][43][46].
En el periodo 2012-2018, las intervenciones más significativas fueron el remozamiento de la plancha del Zócalo y de las plazas de Seminario y Tlaxcoaque; remozamiento de calles: Barrio Chino, Nuevo Barrio Centro Alameda, 20 de Noviembre, República de Perú, República de Brasil, República de Cuba, Jesús María, Isabel la Católica, Santa Veracruz, 2 de abril, callejón San Juan de Dios y República de Bolivia. Se introdujeron 135 ciclotaxis híbridos, cuatro ciclovías, treinta estaciones del sistema de renta pública de bicicletas Ecobici "Ecobici (Ciudad de México)") y el sistema de taxis eléctricos con veinte unidades. La red de transmisión subterránea de energía eléctrica en el perímetro "A" se inauguró en 2013.[41][42][43].