Piedras Decorativas
Introducción
Se denomina piedra dura a una técnica de las artes decorativas consistente en el embutido por taracea de mármol o piedras semipreciosas como el jade, el cuarzo, el ágata "Ágata (mineral)"), el jaspe, el lapislázuli, la calcedonia, el granito, el pórfido, etc. La artesanía de piedras duras se conoce habitualmente por el término italiano pietra dura (o, en plural, pietre dure), ya que fue en este país donde se inició esta técnica en el Renacimiento. Con esta técnica se solían realizar sellos, objetos de adorno personal o pequeñas piezas de decoración.
Surgió en Roma en el siglo y alcanzó su plena madurez en Florencia, en el Opificio delle Pietre Dure[1] instaurado por los Médicis.
En el siglo se fundaron el Real Laboratorio delle Pietre Dure en Nápoles[2] y el Real Laboratorio de Mosaicos y Piedras Duras del Buen Retiro en Madrid.
En Asia Meridional existe una técnica similar denominada parchin kari.
Técnica
La taracea o embutido de piedras duras consiste en incrustar sobre una superficie compacta finas losetas de piedra o mármol de color, cortadas y encajadas formando imágenes o composiciones diversas, adheridas con cola o masilla, y posteriormente pulimentadas, lo que da al acabado final el brillo de un espejo.[3] La técnica para trabajar piedras duras es similar a la empleada en orfebrería para trabajar piedras preciosas. Debido a la dureza del material hace falta una gran destreza por parte del artesano. Antes de su elaboración se prepara una plantilla coloreada que sirve de modelo para su confección. Después el artesano debe escoger las piedras necesarias según el color requerido, teniendo en cuenta igualmente la calidad de la piedra. Por colores, para el blanco se usa generalmente ágata, jade, coral blanco, calcedonia y ópalo; para el rojo, cornalina y coral rojo; para el azul, turquesa, lapislázuli y zafirina; para el verde, malaquita, heliotropo "Heliotropo (mineral)") y turmalina; y, para el negro, obsidiana y leña fosilizada.[4].
Historia
Esta técnica tiene un antecedente en el opus sectile romano, un tipo de mosaico realizado en taracea. Durante el Renacimiento, una época que volvió la vista al legado clásico grecorromano, se retomó este procedimiento para la elaboración de obras de arte decorativas, especialmente en Florencia y Milán. En 1588 el gran duque de Toscana Fernando I de Médici fundó el Opificio delle Pietre Dure, un taller dedicado en exclusiva a estas labores.[5] Estaba ubicado en el palacio de los Uffizi, ya que inicialmente sirvió sobre todo para la elaboración de decoración de piedras duras para la capilla de los Príncipes de la Basílica de San Lorenzo "Basílica de San Lorenzo (Florencia)"). Posteriormente pasó a la Via degli Alfani, donde aún se encuentra convertido en museo.[6].