Retos del agua
Entre estos, se incluyen la sobreexplotación de agua subterránea, el hundimiento de tierra, el riesgo de grandes inundaciones, el impacto de la creciente urbanización, la baja calidad del agua y el suministro intermitente, el uso ineficiente del agua, un índice bajo de tratamiento de aguas residuales, problemas de sanidad sobre la reutilización de aguas residuales para riego y la recuperación limitada de costos para el agua. La cobertura de la infraestructura en términos de acceso a una conexión de conductos de agua o al saneamiento, la cual se utiliza para supervisar los Objetivos de Desarrollo del Milenio para el abastecimiento de agua y el saneamiento, es casi universal en la Zona Metropolitana del Valle de México y como tal no constituye un reto.
Sobreexplotación de agua subterránea
El crecimiento exponencial de la población de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México ha agotado sus recursos de agua subterránea. La recarga del acuífero es de unos 31,6 m/s que, al compararla con la extracción de 59,5 m/s, da lugar a un consumo excesivo de 28 m/s.[10] En 1983, se inició la supervisión sistemática de los niveles de agua del acuífero. Desde ese momento, el promedio anual de descensos de los niveles de agua subterránea varían de 0,1 a 1,5 metros por año en distintas zonas. Teniendo en cuenta la tasa actual de agotamiento, se ha calculado que el volumen estimado de almacenamiento corresponde a entre 200 y 350 veces la extracción anual. Sin embargo, con un enfoque simplista del balance de agua se están obviando otras realidades. Por ejemplo, el acuífero es vulnerable a los problemas de calidad del agua inducidos geológicamente con el aumento de consolidación y profundidad del acuífero y la fragmentación de las capas de arcilla. Además, es posible que el volumen real disponible del acuífero principal fuera menor que el estimado debido a la probable reducción de porosidad con el aumento de profundidad. También existen limitaciones prácticas y económicas a la profundidad de bombeo.[11].
Lo que sigue es el balance de agua de la Zona Metropolitana del Valle de México:.
Hundimiento de tierra
La ciudad descansa sobre la arcilla altamente saturada del antiguo lago de Texcoco. Esta base blanda se está desplomando a causa de la sobreextracción de agua subterránea. El hundimiento de tierra de la Ciudad de México provocado por la sobreexplotación de agua subterránea durante los últimos cien años ha sido de hasta 9 metros y, como consecuencia, se han producido daños en edificios, calles, aceras, alcantarillas, drenajes de agua pluvial y otras infraestructuras.
Inundación
La inundación es habitual en la Ciudad de México y empantana carreteras y aceras. En los barrios de baja altitud como Iztapalapa, los residentes están tan acostumbrados a ver la crecida de un mar fétido de aguas residuales en las calles que han construido pequeños diques delante de sus casas.[5] Las inundaciones se provocan por el hundimiento conjunto y el aumento de impermeabilidad del suelo a causa de la urbanización. Según muestra el modelado, si el Emisor Central fallara durante la temporada de lluvias, se produciría una gran inundación que anegaría el centro histórico, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y los distritos del este de la Ciudad de México.[12].
Aumento de la urbanización
El crecimiento urbano reduce la permeabilidad del suelo en las zonas de recarga de agua subterránea y aumenta el riesgo de inundaciones. Se estima que la zona metropolitana crece de forma anual de 200 a 300 hectáreas en las zonas de recarga. Por cada metro cuadrado que se edifica, se pierde un promedio de 170 litros de recarga al año. De esta manera, por cada hectárea que se edifica, se pierde el agua para 500 familias y aumenta de forma adicional la presión del agua subterránea.[13] Entre 1989 y 1994, el Distrito Federal declaró seis zonas de protección ambiental, principalmente en los bosques y las laderas, con una superficie total de casi 5.000 hectáreas con el fin de protegerlas de la urbanización.[14].
Calidad del agua y abastecimiento intermitente
La baja calidad del agua es una preocupación en cuanto a la fuente y al punto de uso. Al principio, se creía que el agua subterránea de la Ciudad de México estaba protegida de la contaminación por una gruesa capa impermeable. Sin embargo, esta capa se ha fragmentado a causa del hundimiento de tierra. Asimismo, el flujo natural ascendente del agua en el Pozo artesiano ahora se ha invertido a causa del agotamiento del agua subterránea. De esta manera, se cree que el agua subterránea de la Ciudad de México se hará cada vez más vulnerable a los contaminantes de los vertederos y los emplazamientos industriales que se filtran en el acuífero. Además, el profundo sistema de drenaje penetra en la arcilla (acuitardo) en algunos lugares del acuífero principal. Durante los períodos de lluvias torrenciales, las aguas residuales se filtran fuera de los túneles profundos hacia el subsuelo de alrededor y producen la contaminación del acuífero.[15].
Las fugas del sistema de distribución son uno de los principales motivos de preocupación de la calidad del agua potable. Cuando las aguas residuales penetran en el suelo desde alcantarillas con fugas u otras fuentes, cuando la presión es baja los conductos con fugas se infiltran con agua contaminada. Según el Laboratorio de Calidad del Agua del Distrito Federal, los barrios que experimentan interrupciones más frecuentes del servicio tienen agua de peor calidad que los barrios con suministro constante. El porcentaje de muestras de agua corriente de los hogares en cumplimiento con el estándar de cloro residual (0,2 miligramos/litro) fue del 87 al 100 por ciento de las pruebas realizadas en 1993 y resultó notablemente bajo en las delegaciones del sureste (Iztapalapa, Tláhuac y Xochimilco). Los depósitos de almacenamiento de agua de los hogares o tinacos son habituales en casi todas las azoteas de las casas y suelen almacenar agua cuando la presión de agua del sistema es inadecuada. En muchos casos, los depósitos están abiertos y no se limpian con regularidad, lo cual hace que el cloro residual se disipe y propicie el crecimiento de microorganismos. Los niveles estándar de cloro (0,2 miligramos/litro) mantenidos en el sistema de distribución al llegar al grifo del cliente no son suficientes para eliminar los microorganismos que hayan podido penetrar en los conductos.[15].
El abastecimiento de agua en muchas partes de la Zona Metropolitana del Valle de México es intermitente y la presión suele ser insuficiente. Así, los usuarios tienen que complementar su abastecimiento de agua con agua comprada de camiones cisterna o pipas. De forma ocasional, el abastecimiento de agua incluso se interrumpe durante varios días, como sucedió en enero de 2009 cuando el suministro de agua del sistema Cutzamala tuvo que reducirse cortando el agua a 5,5 millones de personas durante tres días.[16] A este incidente le siguió un segundo corte del suministro en marzo de 2009 y, más recientemente, una tercera interrupción en abril de 2009. Esta tercera interrupción se realizó en respuesta a los niveles alarmantemente bajos de las reservas de agua de la ciudad y a la realización de reparaciones en el sistema Cutzamala. Ésta duró 36 horas y dejó a más de cinco millones de residentes de la ciudad sin servicios de agua. En respuesta, el gobierno de la Ciudad de México ha tenido que implementar un programa de respuesta de suministro de emergencia, mediante el cual se proporciona agua en camiones cisterna y botellas a los residentes de las comunidades afectadas.[4].
Tratamiento limitado de aguas residuales y preocupaciones sobre la reutilización para riego
Como se ha mencionado anteriormente, únicamente el 15% de las aguas residuales de la Zona Metropolitana del Valle de México recibe tratamiento en la actualidad. El agua pluvial, las aguas residuales municipales sin tratar y las aguas residuales industriales parcialmente tratadas se mezclan entre sí y se reutilizan para riego a gran escala.
Existen preocupaciones sobre el impacto sobre la salud y el medio ambiente de la reutilización para riego de aguas residuales sin tratar de la Ciudad de México. Los cultivos que crecen con aguas residuales se limitan a los cultivos que no se comen crudos, pero estas limitaciones son difíciles de imponer y los agricultores también cultivan verduras utilizando aguas residuales. Según un estudio del Instituto Internacional del Manejo del Agua (IWMI), estos riesgos se deben considerar con detenimiento, pero también debe tenerse en cuenta la importancia de esta práctica para los medios de vida de innumerables minifundistas.[17] Los estudios acerca de suelos regados con aguas residuales sin tratar durante 50 años revelan una acumulación de metales pesados en el suelo, pero también que se acumulan en menor grado en las plantas.[18] De acuerdo con otro estudio, se ha encontrado contaminación bacteriana en el agua de los canales utilizada para baño y en el agua subterránea utilizada para abastecimiento de agua potable de las zonas de regadío en las que se han reutilizado aguas residuales, lo que ha dado lugar a una alta incidencia de diarrea e irritaciones de la piel.[19].
Ineficiencia en el uso urbano del agua
El Distrito Federal tiene un nivel de agua no rentable del 40%, próximo a la media nacional, lo que implica que únicamente el 60% del agua bombeada en el sistema se factura realmente. Un gran porcentaje del agua no rentable no se debe a las fugas, sino a las conexiones ilegales. Además, el SACM, el departamento de aguas del distrito, tiene con creces la eficiencia de cobro más baja entre las 25 municipalidades principales, ya que solo recibe el pago del 40% de todas sus boletas. Por lo tanto, solo el 24% (el 60% se factura, el 40% de las boletas se paga) del agua bombeada en el sistema se paga. El nivel de agua no rentable en el Estado de México es inferior, de modo que el nivel medio de la zona metropolitana es del 36%.
Las cifras en cuanto al uso de agua per cápita son difíciles de comparar a lo largo del tiempo, ya que las fuentes normalmente no indican si las pérdidas de agua están incluidas en las cifras o no. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía estableció el uso de agua del Distrito Federal en 223 litros/día en 1999 (probablemente tras las pérdidas), incluidos 164 litros de uso residencial y 59 litros para usos industriales y comerciales. Esto es solo un tercio del uso de agua en Estados Unidos promedio, que es de 603 litros/persona/día. Sin embargo, sigue siendo un tercio mayor que el uso de agua en Francia, que solo es de 165 litros/persona/día.[20] Otra fuente establece el uso medio de agua per cápita en 1994 entre 364 y 230 litros al día para el Distrito Federal y el Estado de México respectivamente (probablemente antes de las pérdidas). Las autoridades atribuyen el aumento del uso per cápita en el Distrito Federal al hecho de que este tiene un mayor desarrollo y cuenta con mayor actividad comercial e industrial que el Estado de México.[1] No obstante, las tarifas y la medición más bajas en el Distrito Federal también pueden influir en el mayor uso de agua.
Recuperación limitada de costos
Existe una enorme brecha entre el costo del abastecimiento de agua, un cuarto de lo que se importa mediante trasvases intercuencas de las cuencas del Lerma y el Balsas, y lo que se recupera de los usuarios. Entre los motivos de la baja recuperación de costos, se encuentran las conexiones ilegales de agua, las bajas tarifas y el bajo nivel de cobro de boletas, en concreto en el Distrito Federal.
La recuperación de costos en el Estado de México es mucho mayor que en el Distrito Federal. Por ejemplo, la ciudad de Toluca en el Estado de México cobra a los usuarios residenciales 9,5 pesos (0,72 US$)/m por un consumo de 30 m³, incluido un recargo por el saneamiento, la sexta tasa más alta entre las 25 municipalidades principales del país.[21] Esto sigue siendo insuficiente en relación con el costo del agua en grandes cantidades del sistema Cutzamala, a casi 10 pesos (0,78 US$)/m, sin tener en cuenta el costo de la distribución de agua y el saneamiento.
En 2004, el Distrito Federal cobró a los usuarios residenciales 3,3 pesos (0,26 US$)/m por el mismo consumo sin ningún recargo por el saneamiento, la cuarta tasa más baja entre las mismas municipalidades.[21] El resto se subsidia de forma eficaz a través de los gobiernos municipales y federales. En agosto de 2007, surgió un conflicto entre CONAGUA y el Distrito Federal cuando CONAGUA aumentó la tarifa del agua abastecida a través del sistema Cutzamala y el gobierno local la rechazó.