Argentina
Según la Fundación Argentina de Nanotecnología (FAN), “Las propiedades de la materia cambian cuando se pasa de una escala macroscópica, a la nanoscópica… En la nanoescala las propiedades intensivas (color, punto de fusión, densidad, conductividad eléctrica y térmica, etc) cambian sorprendentemente, no dependen de la cantidad de materia. Por ejemplo las plata, el cual en las distintas escalas adquiere distintos colores.”[61].
En cambio, las nanociencias según la Escuela de Nanociencias y Nanotecnologías[62] de la Argentina, a diferencia de las nanotecnologías, abordan el estudio y explicación de los aspectos fundamentales y tecnológicos de las propiedades y procesos físicos, químicos y/o biológicos que emergen en sistemas y materiales a la nanoescala; Además de las distintas técnicas, cálculos y herramientas para la fabricación y control de los nanosistemas.
Desde principios de los años 2000, esta tecnología ha experimentado un fuerte crecimiento en todo el mundo, a partir de la fabricación de un gran número de productos beneficiados con sus aportes. En ese contexto, nuestro país ha desarrollado un ecosistema de grupos de investigación, empresas y otros actores públicos y privados que han trabajado y trabajan en esa misma dirección.[63].
En marzo de 2004 se realiza en la entonces Secretaría de Ciencia, Tecnología e innovación Productiva (SECyT)"), y actualmente Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación) el primer taller nacional sobre las nanociencias y nanotecnologías.
Es en 2005 donde el Estado anunció la creación de la Fundación Argentina de Nanotecnología (FAN) que hoy en día sigue activa y es un pilar importantísimo en el desarrollo y producción de la Nanotecnología en Argentina.
Considerada una tecnología de propósito general por su capacidad de ofrecer innovaciones a industrias muy disímiles entre sí como la medicina, los alimentos y la electrónica, la nanotecnología se ha convertido en un campo de relevancia en el desarrollo científico y tecnológico de los países y la Argentina no es la excepción. En la actualidad, el país cuenta con 335 grupos en 91 institutos de ciencia y tecnología que desarrollan líneas de investigación en el tema y, a su vez, según el relevamiento realizado, existen 73 empresas nacionales que comercializan productos o procesos con sus aportes o están en proceso de hacerlo.
El abanico de opciones es realmente muy amplio, en Argentina por ejemplo, existen empresas que fabrican implantes dentales con bio nanomateriales, barbijos con nanopartículas de plata y cobre, alimentos saludables enriquecidos con nanomateriales orgánicos biodegradables o insumos sustentables para la producción agrícola. A esos actores que constituyen parte del ecosistema, se suman otros para potenciarlos; entre ellos están las unidades de vinculación tecnológica, las incubadoras, las universidades y los organismos públicos que también juegan un rol clave en su desarrollo.
Geográficamente, la distribución de las instituciones que participan en el desarrollo de la nanotecnología en la Argentina se concentra en las provincias del centro y específicamente en las grandes ciudades como Capital Federal, Córdoba "Córdoba (Argentina)"), Río Cuarto "Río Cuarto (ciudad)"), Santa Fe "Santa Fe (Argentina)"), Rosario "Rosario (Argentina)"), Mendoza "Mendoza (Argentina)"), La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca. Si bien estos son los lugares principales, también existen institutos con sus grupos de investigación y en algunos casos empresas en las provincias del norte y sur del país, fundamentalmente en Bariloche y San Miguel de Tucumán, entre otras ciudades.[63].
Los microscopios convencionales ópticos, como los que podemos encontrar en los laboratorios de instituciones de educación primarios y secundarios, quedan obsoletos. Actualmente se cuenta con herramientas muy útiles, los microscopios de alta resolución, como el microscopio electrónico de barrido (SEM) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el cual nos permite visualizar los sistemas nanométricos, como por ejemplo nanopartículas de Cu20 (dióxido de cobre)") utilizadas en el sector agrónomo como fungicida.
Argentina actualmente cuenta con un incremento de instrumentos y aplicaciones de la nanotecnología, donde el 60 % de la I+D es realizada por grupos de investigación en institutos y centros que se encuentran en organismos de ciencia y tecnología o en Universidades mayoritariamente públicas y algunas privadas.[64].
Ya en 2011, el Laboratorio de Microscopía Electrónica y Análisis por Rayos X (LAMARX)&action=edit&redlink=1 "Laboratorio de Microscopía Electrónica y Análisis por Rayos X (LAMARX) (aún no redactado)") adquirió una microsonda por un valor de 1,8 millones de dólares, la cual se encuentra en la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (FAMAF) "Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (Universidad Nacional de Córdoba)"), perteneciente a la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).[65].
Actualmente, se cuenta además entre otros, la Nanofab,[66] un laboratorio de asesoramiento, incubación y servicios de equipamiento público que cuenta con la participación de más de 25 instituciones.
Las aplicaciones de la nanotecnología y los nanomateriales abarcan todo tipo de sectores industriales. En la Argentina algunas de estas son:.
Medio ambiente: Según la FAN “Nanotek S.A.[67] plantea la utilización de nanopartículas de hierro cerovalentes en napas subterráneas para la absorción de arsénico, sustancia que afecta a una gran parte del territorio nacional (16 provincias, 435 000 km y 2,5 millones de habitantes) e implica un desembolso de 14 millones de dólares para el presupuesto del área de salud pública”.
Biomedicina: La pandemia generada por el Covid-19 (SARS-CoV-2) conllevo a la creación y mejoras de los barbijos, nuevamente empleando tecnologías desarrolladas por Nanotek S.A. los cuales indican que estos barbijos: “Poseen nanopartículas de plata que liberan iones positivos, capaces de alterar los procesos biológicos de los microorganismos.”[68].
Energía: Existen 22 grupos en la Argentina en dirección a producir nuevos materiales con mayor eficiencia para su utilización en el sector energético,, por ejemplo en los componentes de los molinos eólicos (mejorar su resistencia y disminuir su peso) y paneles solares (semiconductores capaces de captar mayor energía solar).[69].