Secciones del edificio
Las principales secciones en que se puede dividir el Real sitio son:.
Biblioteca
Felipe II cedió a la biblioteca del monasterio los ricos códices que poseía y para cuyo enriquecimiento encargó la adquisición de las bibliotecas y obras más ejemplares tanto de España como del extranjero. Fue proyectada por Juan de Herrera cerrando el atrio de la Basílica y unificando la fachada principal, ya que Juan Bautista de Toledo la situaba en la desaparecida torre central de la fachada Sur. Herrera también se ocupó de diseñar las estanterías que contiene. Se ubica en una gran nave de 54 metros de largo, 9 de ancho y 10 metros de altura con suelo de mármol y estanterías de ricas maderas nobles ricamente talladas.
Arias Montano elaboró su primer catálogo y seleccionó algunas de las obras más importantes para la misma. Está dotada de una colección de más de 40.000 volúmenes de extraordinario valor. En 1616 se le concede el privilegio de recibir un ejemplar de cada obra publicada en España, aunque tal cosa nunca se llegó a cumplir del todo.
La bóveda de cañón del techo de la biblioteca está decorada con frescos representado las siete artes liberales, esto es: Retórica, Dialéctica, Música, Gramática, Aritmética, Geometría y Astrología. Entre los estantes de libros se colgaron retratos de diversos monarcas españoles, entre ellos el famoso Silver Philip (Felipe IV con traje castaño y plata) pintado por Velázquez, y que ahora está en la National Gallery de Londres. Los frescos de las bóvedas fueron pintados por Pellegrino Tibaldi, según el programa iconológico del Padre Sigüenza.
La fama de Salomón como el rey sabio por excelencia de la Biblia debió condicionar la decisión de Felipe II de donar su biblioteca a los monjes del Monasterio para crear un Centro de Sabiduría, en vez de repartirla por sus otros palacios, como Aranjuez, Valsaín o el Alcázar de Madrid, y donarla así solo a sus herederos.
En 1671 se produjo un gran incendio en la biblioteca,[10] destruyó unos 5.280 códices manuscritos, tanto latinos o griegos, franceses, judíos o árabes, aunque las colecciones impresas se llegaron a salvar. La colección impresa de la biblioteca está compuesta por más de 600 incunables, 10.608 libros del siglo , 2.179 libros del siglo y un número mayor de libros del siglo . La colección de manuscritos se compone de varios miles de códices medievales.[11].
Palacio de Felipe II
El también denominado «Palacio de los Austrias» ocupa todo el mango de la parrilla de El Escorial y parte del patio Norte, construido en dos pisos alrededor del presbiterio de la Basílica y en torno al Patio de Mascarones. Sigue el mismo esquema arquitectónico del Palacio de Carlos I en el Monasterio de Yuste. Actualmente solo se pueden visitar los Cuartos Reales y la Sala de Batallas. En las dependencias privadas de los Reyes se pueden contemplar importantes obras pictóricas de la escuela española de principios del XVII, de la escuela italiana y veneciana del siglo , y de las escuelas flamencas del XVI y XVII, entre ellos San Cristóbal en el vado de Joachim Patinir.
Antes de las habitaciones reales se atraviesan otras dependencias como el Salón de Embajadores, con interesantes objetos expuestos: morteros del siglo , una mesa con incrustaciones de marfil, dos relojes solares en el pavimento, dos sillas plegables de madera chinas de la época Ming (ca. 1570) y los retratos de todos los monarcas de la casa de Austria. Merecen especial mención las impresionantes puertas de marquetería, regalo del emperador Maximiliano II. Se expone también la supuesta silla-litera en la que Felipe II realizó su último viaje al Monasterio aquejado por la gota "Gota (enfermedad)").
La «Casa del Rey» está formada por una serie de estancias decoradas con sobriedad, ya que fue el lugar de residencia del austero Felipe II. El dormitorio real, situado junto al altar mayor de la Basílica, cuenta con una ventana que permitía al rey seguir la misa desde la cama cuando estaba imposibilitado a causa de la gota que padecía. Está dividido en cuatro estancias: la sala principal, el escritorio, la alcoba y el lujoso oratorio.
Palacio de los Borbones
En claro contraste con la austera monumentalidad del Palacio de los Austrias, se yergue el Palacio de los Borbones. Construido al norte de la Basílica, alrededor del Patio del Palacio, el complejo de habitaciones tiene su origen en época de Felipe II, cuando en esa zona se instalaron los aposentos de los Infantes (lado noreste del patio), la Galería de Batallas (lado sur, ver más abajo) y las cocinas y zonas del servicio (lado oeste).
Bajo el reinado de Carlos III, esta área fue habitada por los entonces Príncipes de Asturias. Cuando estos ascendieron al trono, en 1788, como Carlos IV y María Luisa de Parma, decidieron mantener sus aposentos en la misma zona y no trasladarse a la «Casa del Rey». Los nuevos monarcas encargaron una nueva escalinata de acceso al arquitecto Juan de Villanueva que fue terminada en 1793. Los interiores fueron además aderezados con suntuosos tapices diseñados por Bayeu o Goya y un rico mobiliario. Fernando VII fue el último monarca en hacer uso de estos aposentos.
En diciembre de 2015, después de años de restauraciones, el conjunto de 18 salones fue abierto al público en visita libre.[12].
Basílica
Precedida por el Patio de los Reyes, es el verdadero núcleo de todo el conjunto, en torno al cual se articulan las demás dependencias.
Cripta Real (Panteón de Reyes)
Juan Gómez de Mora, según planos de Juan Bautista Crescenzi, reformó por orden de Felipe III la pequeña capilla funeraria de granito de debajo del altar para albergar allí veintiséis sepulcros de mármol en un suntuoso Panteón barroco donde reposan los restos de los reyes y reinas de las casas de Austria y Borbón, con solo algunas excepciones.
Relicarios
Siguiendo uno de los preceptos aprobados por el Concilio de Trento referente a la veneración de los santos, Felipe II dotó al Monasterio de una de las mayores colecciones de reliquias del mundo católico. La colección se compone de unas 7500 reliquias, que se guardan en 507 cajas o relicarios escultóricos trazados por Juan de Herrera y la mayoría construidos, por el platero Juan de Arfe y Villafañe. Estos relicarios adoptan las más variadas formas: cabezas, brazos, estuches piramidales, arquetas etc. Las reliquias fueron distribuidas por todo el Monasterio concentrándose las más importantes en la Basílica. En el lado del Evangelio, bajo la protección del Misterio de la Anunciación de María, se guardan todos los huesos de los santos y mártires. En el lado opuesto, en el Altar de San Jerónimo, se sitúan los restos de los santos y mártires. Los restos sagrados se guardan en dos grandes armarios, decorados por Federico Zuccaro, que se encuentran divididos en dos cuerpos; se pueden abrir por delante, para ser expuestos al culto, y por detrás, para poder acceder a las reliquias. En la actualidad permanecen cerrados exponiéndose únicamente el día de Todos los Santos.
Convento
El monasterio propiamente dicho ocupa todo el tercio sur del edificio. Fue ocupado originalmente por monjes jerónimos en 1567, aunque desde 1885 está habitado por los padres Agustinos, de clausura, por lo que no es visitable por el público. El recinto se organiza en torno al gran claustro principal, el Patio de los Evangelistas, obra maestra diseñada por Juan Bautista de Toledo y que constituye una de las mejores páginas de arquitectura del Monasterio. Sus dos pisos están comunicados por la espectacular escalera principal, con las bóvedas decoradas por frescos de Luca Giordano. El ambicioso programa pictórico de sus soportales fue iniciado por Luca Cambiaso y continuado por Pellegrino Tibaldi. En el centro del claustro se levanta un hermoso templete realizado en granito, mármoles y jaspes de diferentes colores sobre traza de Juan de Herrera, influido por el tempietto de San Pietro in Montorio de Bramante. Las esculturas de los cuatro evangelistas fueron cinceladas por Juan Bautista Monegro de un solo bloque de mármol y sujetan un libro abierto con un fragmento de su Evangelio en la lengua en que fueron escritos.
Junto a las Salas Capitulares, destaca también la Celda Prioral Baja, con un fresco en el techo sobre El Juicio de Salomón de Francesco da Urbino, recordando al prior la necesidad de un gobierno justo al frente del Monasterio. La sacristía, aún en uso, con la Adoración de la Sagrada Forma de Claudio Coello.[13] En la iglesia Vieja o de Prestado se conserva El Martirio de San Lorenzo de Tiziano, una de las obras maestras del renacimiento italiano, que Felipe II encargó para el retablo principal de la Basílica pero que descartó por su oscuro colorido, poco visible a cierta distancia.
Escalera principal
Sigue la típica tradición española de escalera imperial con un tramo principal dividido en dos a los lados a partir de la primera meseta, manteniendo el eje de simetría del convento y compatibilizando los tres pisos del Patio de los Evangelistas con los tres del convento mediante puertas discretas que permiten el paso a la zona más recogida y doméstica. Se suele atribuir a Bergamasco, aunque su proyecto fue modificado y desarrollado por Juan de Herrera. Su altura es de 23 metros, 8 de anchura y se forma por 52 peldaños de granito de una sola pieza de 4,40 metros de largo; cuenta con una cubierta propia que cubre la gran bóveda esquifada que ilumina desde arriba sus magníficos frescos.
Su decoración de pinturas al fresco es notable; la caja de la escalera presenta 14 arcos a la altura del piso superior. Cinco de ellos están cerrados y muestran paneles pintados que continúan loa asuntos de la Vida de Jesucristo del claustro bajo; dos son de mano de Luca Cambiaso (San Pedro y San Juan junto al sepulcro del Señor y Aparición de Jesús a los Apóstoles en el Cenáculo) y tres de Pellegrino Tibaldi (Aparición del Señor a la Magdalena; Aparición a las Santas Mujeres y Aparición a los discípulos de Emaús). Pero la obra más considerable corresponde a Luca Giordano, que en por orden de Carlos II de fecha 31 de agosto de 1692 pintó el gran friso y la grandiosa bóveda con su estilo grandilocuente y brioso, realizando una obra de extraordinaria belleza y técnica insuperable en el increíble tiempo de siete meses. En el friso destaca las escenas de La batalla de San Quintín y la Fundación de El Escorial, en la que aparece Felipe II discutiendo las trazas del Monasterio con Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, junto al Obrero Mayor, el jerónimo Fray Antonio de Villacastín. La bóveda es una obra maestra donde se representan escenas de la Santísima Trinidad, Virgen con ángeles llevando los emblemas de la Pasión, numerosos santos españoles o las Virtudes cardinales. En el lado occidental se representa una balaustrada a la que se asoma Carlos II, quien explica a su esposa Mariana de Neoburgo y a su madre Mariana de Austria el significado de la pintura que había ordenado realizar.
Sacristía
Ocupa una gran sala abovedada, con unas dimensiones de 30x9 metros y casi 11 de altura. Se encuentra situada en la zona Este del claustro bajo del Patio de los Evangelistas, y de él recibe luz por cinco ventanas a nivel del suelo. En el centro está colocado un hermoso espejo de barroco marco de plata y adornos de cristal de roca, regalo de la Reina Doña Mariana de Austria (madre de Carlos II), y a sus lados, hay otros seis menores convenientemente distanciados, con marcos de chapa de plata finamente trabajada. La bóveda está pintada de grutescos, figurando grandes casetones con adornos diversos entre fajas resaltadas, obra de Niccolò Granello y Fabrizio Castello; el pavimento es de mármoles blanco y gris.
En ella se exhibe una excelente colección pictórica, entre las que destacan obras de Luca Giordano (Noé embriagado y sus hijos; La Oración del Huerto; El falso profeta Balaán; El santo Job; La heroína Jael y Sísara), Tiziano (Cristo crucificado), José de Ribera (San Pedro en la prisión), Michel Coxcie (La Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana que le ofrece una fruta) o Herrera Barnuevo (San Juan Bautista). Aunque entre todas ellas, brilla con luz propia La adoración de la Sagrada Forma, obra maestra del madrileño Claudio Coello, representando en ella la función religiosa que se celebró el 19 de octubre de 1680 para el solemne traslado de la Santa Forma desde otro lugar del Monasterio a su nueva capilla de la sacristía, admirablemente compuesto tanto en perspectiva como en la maestría de los personajes retratados: Carlos II arrodillado; Francisco de los Santos, prior del Monasterio; Padre Fray Marcos de Herrera; los Duques de Medinaceli y Pastrana; el conde Baños; el marqués de la Puebla y el primogénito del duque de Alba; la comunidad de jerónimos religiosos cantando e, incluso, el propio pintor incluyó un autorretrato suyo en la persona situada más a la izquierda de la obra.
El altar queda completamente cubierto con el cuadro de Coello, que sirve de velo o transparente al Santísimo y que sólo se descorre una vez al año (último domingo de septiembre). Es entonces cuando el cuadro se desplaza inferiormente y queda bajo el pavimento, descubriéndose entonces el magnífico crucifijo con la figura de Cristo bellamente modelada y fundida en bronce dorado a fuego, obra de Pietro Tacca, así como un gran templete también dorado a fuego, de estilo gótico-germánico de 1,60 metros de alto, dibujado por Vicente López, comenzado en 1829 por Ignacio Millán y terminado en 1834. Contiene diversas reliquias y se adorna con cuarenta estatuillas y diez bustos. La riquísima custodia de Isabel II, regalo de esta reina en 1852, es obra hecha en Madrid por Carlos Pizzala, con admirable trabajo de orfebre y cuajada de pedrería, es -lamentablemente- una de las joyas desaparecidas en 1936. El camarín de la sacristía, detrás del retablo cubierto de mármoles y adornos de bronce, es obra de Francisco Rizi, José del Olmo y Francisco Filippi.
Salas capitulares (Museo de Pintura)
Destinadas actualmente a Museo de Pinturas, eran las salas donde los monjes celebraban sus capítulos "Capítulo (religión)"), especie de confesiones mutuas para mantener la pureza de la Congregación. Desde tiempos de Velázquez, que intervino en su decoración, albergaron importantes pinturas. A pesar del traslado de muchas al Museo del Prado, actualmente se exhiben varias tan importantes como La Última Cena y un San Jerónimo de Tiziano y La túnica de José de Diego Velázquez. En febrero de 2009 se volvió a colgar en sus paredes el Martirio de San Sebastián de Van Dyck, recuperado (tras su adquisición por Patrimonio Nacional) dos siglos después de su sustracción durante la invasión napoleónica.
Sus bóvedas están bellamente pintadas al fresco en estilo renacentista de grutescos y con figuras bíblicas y de santos, realizadas por los hijos del Bergamasco (Niccolò Granello y Fabrizio Castello) en las propias Salas y por Francisco de Urbino en la celda prioral baja, con un hermoso efecto decorativo, en cuyo centro destaca el Juicio de Salomón.
En el centro del vestíbulo se expone un Ángel algo mayor del natural, sobre pedestal y que sostiene un atril que hacía de oficio de facistol; es de bronce dorado y fue hecho en Amberes por el flamenco Juan Simón en 1571. En el testero menor de la Sala Capitular derecha se muestra un curioso Altar portátil del Emperador, que se supone que llevaba el Emperador Carlos V en sus campañas, realizado a base de bronce y plata con esmaltes.
La espléndida pinacoteca de las Salas Capitulares está formada por obras de arte de extraordinario valor. Fue reorganizada a mediados del siglo para solucionar la falta de espacio y de iluminación de las estancias. Incluye obras de las escuelas alemana, flamenca, veneciana, italiana y española, de los siglos XV, XVI y XVII, de algunos de los pintores predilectos de Felipe II como El Bosco, Pieter Coecke o Michel Coxcie, junto a obras de artistas como Rogier van der Weyden (Gran Calvario "Calvario (Rogier van der Weyden)")), Patinir (San Cristóbal), Navarrete "el Mudo", Tintoretto (Adoración de los pastores), Federico Barocci, Paolo Veronese, El Greco (San Pedro y Alegoría de la Liga Santa), Luca Giordano (Apolo y Marsias), Francesco Guercino, José de Ribera (Asunción de la Magdalena), Zurbarán, Alonso Cano, Mario de Fiori, Vicente Carducho, Andrea Vaccaro, Pablo Matteis, Daniel Seghers o Francisco Rizi, así como una copia del Retrato de Inocencio X "Inocencio X (Velázquez)") de Velázquez debida a Pietro Martire Neri y dos obras del estilo del Veronés (Adoración de los Pastores y ).
Sala de las Batallas
Se trata de una galería de 60 x 6 metros, con 8 metros de altura, situada en la zona de los aposentos reales. En sus muros se representan pintadas al fresco algunas batallas ganadas por los ejércitos españoles. En el muro sur, solo interrumpido por dos puertas, se pintó de forma continua la batalla de La Higueruela, donde el ejército castellano venció a los moros granadinos en Sierra Elvira (1431). Por el contrario, el muro norte aparece dividido por nueve ventanas creándose nueve espacios en los que se representaron otras tantas escenas de la guerra contra Francia (1557-1558), con el acento puesto en la batalla de San Quintín "Batalla de San Quintín (1557)"), vinculada a la fundación del propio monasterio. Por último, en los extremos se representaron dos escenas de una de las más recientes victorias de las tropas españolas: la batalla de la Isla Terceira librada entre la armada española dirigida por Álvaro de Bazán y la armada francesa (1582-1583). De la pintura se encargaron Niccolò Granello y su medio hermano Fabrizio Castello, Lazzaro Tavarone y Orazio Cambiaso, que abandonó pronto. Lo primero que se pintó fueron los grutescos de la bóveda, por los que los artistas cobraron ya en enero de 1585 y se dieron por terminados seis meses más tarde.
En enero de 1587 se firmó el contrato para la pintura de la batalla de La Higueruela, que no se terminó hasta septiembre de 1589. El padre Sigüenza explica que se eligió representar esta batalla de la guerra de Granada por haberse hallado en el Alcázar de Segovia en un viejo arcón un lienzo de 130 pies en el que aparecía pintada la misma batalla en grisalla y que, habiendo gustado al rey, ordenó copiarla.
Algunos meses después de acabada la pintura de la batalla de la Higueruela se resolvió completar la decoración de la sala, firmándose un nuevo contrato con Castello, Granello y Tavarone en febrero de 1590. Las batallas elegidas eran, por una parte, las de la guerra contra los franceses de 1557 y 1558, las únicas batallas a las que Felipe II había acudido en persona, y la toma de la isla Tercera en las Azores, con la que se completaba la incorporación de Portugal a la Corona española. Para asegurar la veracidad histórica, a los pintores se les entregaron modelos de la formación de las escuadras y de sus uniformes proporcionados por Rodrigo de Holanda, yerno de Antonio de las Viñas.[14].
En 1890 fue colocada la barandilla de hierro que protege los frescos, dibujo del arquitecto José de Lema.
Museo de Arquitectura
Estaba situado en los sótanos del edificio, en la llamada por Juan de Herrera Planta de Bóvedas, y fue creado en el año 1963 como parte de las exposiciones del IV centenario de la colocación de la primera piedra. En sus once salas se mostraban las herramientas, grúas "Grúa (máquina)") y demás material empleado en la construcción del monumento, así como reproducciones de planos "Plano (cartografía)"), maquetas y documentos relativos a las obras, con datos muy interesantes que explicaban la idea y gestación del edificio. Estas salas fueron cerradas definitivamente en 2015.