Historia
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La quebrada de Picchu, a medio camino entre los Andes y la floresta amazónica, fue una región colonizada por poblaciones andinas, no selváticas, provenientes de las regiones de Vilcabamba y del Valle Sagrado, en Cusco, en busca de una expansión de sus fronteras agrarias. Las evidencias arqueológicas indican que la agricultura se practicaba en la región desde al menos el 760 a. C.[40] Una explosión demográfica se da a partir del período Horizonte Medio, desde el año 900 de esta era, por grupos no documentados históricamente, pero que es posible estuvieron vinculados a la etnia tampu del Urubamba. Se cree que estos pueblos podrían haber formado parte de la federación Ayarmaca, rivales de los primeros incas del Cusco.[41] En ese período se expande por una considerable área agrícola «construida» (andenes). No obstante, el emplazamiento específico (la cresta rocosa que une las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu) no presenta huellas de haber tenido edificaciones antes del siglo .[42].
Época incaica (1475-1534)
Hacia 1430, durante su campaña hacia Vilcabamba, la quebrada de Picchu fue conquistada por Pachacútec,[43] primer inca del Tahuantinsuyo (1438-1470). El emplazamiento de Machu Picchu debió impresionar al monarca por sus peculiares características dentro de la geografía sagrada cusqueña,[44] y por ello habría mandado construir allí, hacia 1450, un complejo urbano con edificaciones de gran lujo civiles y religiosas.[45].
Se cree que Machu Picchu tuvo una población móvil como la mayoría de las llactas incaicas, que oscilaba entre 300 y 1000 habitantes[46] pertenecientes a una élite (posibles miembros de la panaca de Pachacútec)[47] y acllas. Se ha demostrado que la fuerza agrícola estuvo compuesta por esclavos mitimaes o mitmas (quechua: mitmaqkuna) procedentes de diferentes rincones del imperio, estimándose que la mayor cantidad de estos fueron los chancas, quienes también construyeron la fortaleza, al ser esclavizados y despojados de sus tierras (actuales Apurímac y Ayacucho) tras ser derrotados por Pachacútec.[48].
Machu Picchu no era desde ningún punto de vista un complejo aislado, por lo que el mito de la «ciudad perdida» y del «refugio secreto» de los soberanos incaicos carece de asidero. Los valles que confluían en la quebrada formaban una región con densa población que incrementó de modo espectacular su productividad agrícola a partir de la ocupación incaica, en 1440.[49] Los incas construyeron allí muchos centros administrativos, los más importantes de los cuales fueron Patallacta y Quente Marca"),[50] y abundantes complejos agrícolas formados por terrazas de cultivo. Machu Picchu dependía de estos complejos para su alimentación, pues los campos del sector agrario de la ciudad habrían resultado insuficientes para abastecer a la población prehispánica.[51] La comunicación intrarregional era posible gracias a las redes de caminos incaicos: ocho caminos llegaban a Machu Picchu.[52] La pequeña urbe de Picchu se llegó a diferenciar de las poblaciones vecinas por la singular calidad de sus principales edificios.
A la muerte de Pachacútec, y de acuerdo con las costumbres reales incaicas, esta y el resto de sus propiedades personales habrían pasado a la administración de su panaca, que debía destinar las rentas producidas al culto de la momia del difunto inca.[53] Se presume que esta situación se habría mantenido durante los gobiernos de Túpac Yupanqui (1470-1493) y Huayna Cápac (1493-1529).
Machu Picchu debió de perder en parte su importancia al tener que competir en prestigio con las propiedades personales de los soberanos sucesores. De hecho, la apertura de un camino más seguro y amplio entre Ollantaytambo y Vilcabamba (el del valle de Amaybamba) hizo que la ruta de la quebrada de Picchu fuera menos empleada.[54].
Época de transición (1534-1572)
La guerra civil incaica (1531-1532) y la irrupción española en el Cusco en 1534 debieron de afectar mucho la vida de Machu Picchu. La masa campesina de la región estaba compuesta por mitmaes, colonos de diferentes naciones conquistadas por los incas llevados a la fuerza hasta allí. Ellos aprovecharon la caída del sistema económico cusqueño para retornar a sus tierras de origen.[55] La resistencia incaica contra los españoles dirigida por Manco Inca en 1536 convocó a los nobles de las regiones cercanas a integrar su corte en el exilio de Vilcabamba,[56] y es muy probable que los principales nobles de Picchu hubieran abandonado entonces la ciudad. Documentos de la época indican que la región estaba llena de «despoblados» en ese tiempo.[57] Picchu habría seguido habitada, pues fue considerada una población tributaria de la encomienda española de Ollantaytambo.[58] Eso no quiere significar que los españoles visitaran Machu Picchu con frecuencia; de hecho, sabemos que el tributo de Picchu era entregado a los españoles una vez por año en el pueblo de Ollantaytambo, y no «recogido» en forma local.[59] De todas maneras, está claro que los españoles sabían del lugar, aunque no hay indicios de que fuera con frecuencia visitado por los españoles cada año. Los documentos coloniales mencionan el nombre de quien era curaca (acaso el último) de Machu Picchu en 1568: Juan Mácora.[60] Que se llamase «Juan» indica que había sido, al menos en lo nominal, bautizado, y, por tanto, sometido a la influencia española.
Otro documento[61] indica que el inca Titu Cusi Yupanqui, quien reinaba entonces en Vilcabamba, pidió que frailes agustinos acudieran a evangelizar «Piocho» hacia 1570. No se conoce ningún topónimo de la zona que suene parecido a Piocho que no sea Piccho o Picchu, lo que hace suponer a Lumbreras que los famosos «extirpadores de idolatrías")» podrían haber llegado al sitio y haber tenido que ver con la destrucción e incendio del torreón del Templo del Sol.[62].
El soldado español Baltasar de Ocampo") escribió a fines del siglo sobre un poblado «en lo alto de una montaña» de edificios «suntuosísimos» y que albergaba un gran acllahuasi (casa de las escogidas) en los últimos años de la resistencia incaica. La descripción breve que hace de sus ambientes nos remite a Picchu. Lo más interesante es que Ocampo dice que se llama Pitcos. El único lugar de nombre parecido es Vitcos, un sitio incaico en Vilcabamba por completo diferente al descrito por Ocampo. El otro candidato natural es Picchu.[63] No se sabe hasta hoy si se trata del mismo lugar. Ocampo indica que en este lugar se habría criado Túpac Amaru I, sucesor de Titu Cusi y último inca de Vilcabamba.
Entre el virreinato y la república (siglo XVII-siglo XIX)
Tras la caída del reino de Vilcabamba en 1572 y la consolidación del poder español en los Andes centrales, Machu Picchu se mantuvo dentro de la jurisdicción de diferentes haciendas que cambiaron varias veces de manos hasta tiempos republicanos (desde 1821). No obstante, ya se había vuelto un lugar remoto, alejado de los nuevos caminos y ejes económicos del virreinato del Perú. La región fue casi ignorada por el régimen virreinal (que no mandó edificar templos cristianos ni administró poblado alguno en la zona), aunque no por el hombre andino.
En efecto, el sector agrícola de Machu Picchu no parece haber estado del todo deshabitado ni desconocido: documentos de 1657[64] y de 1782[65] aluden a Machu Picchu, en tanto tierras de interés agrícola. Sus principales construcciones, sin embargo, las de su área urbana, no parecen haber sido ocupadas y fueron ganadas pronto por la vegetación del bosque nuboso.
Machu Picchu en el siglo XIX
En 1865, en el curso de sus viajes de exploración por el Perú, el naturalista italiano Antonio Raimondi pasa al pie de las ruinas sin saberlo y alude a la escasa población de entonces en la región. Sin embargo, en esos años, la zona empieza a recibir visitas por intereses distintos a los científicos.
En efecto, una investigación en curso, divulgada a finales de los años 2000,[66] revela información sobre el empresario alemán Augusto Berns"), quien en 1867 no solo habría «descubierto» las ruinas, sino que habría fundado una empresa «minera» para explotar los presuntos «tesoros» que albergaban (la Compañía Anónima Explotadora de las Huacas del Inca). De acuerdo con esta fuente, entre 1867 y 1870, y con la venia del gobierno de José Balta, la compañía habría operado en la zona y luego vendido «todo lo que encontró» a coleccionistas europeos y norteamericanos.[67].
Conectados o no con esta presunta empresa (cuya existencia espera ser confirmada por otras fuentes y autores), lo cierto es que es en esos momentos cuando los mapas de prospecciones mineras empiezan a mencionar Machu Picchu. Así, en 1870, el estadounidense Harry Singer coloca por primera vez en un mapa la ubicación del cerro Machu Picchu y se refiere al Huayna Picchu como «Punta Huaca del Inca». El nombre revela una inédita relación entre los incas y la montaña e incluso sugiere un carácter religioso (una huaca en los Andes Antiguos era un lugar sagrado).[68] Un segundo mapa de 1874, elaborado por el alemán Herman Gohring, menciona y ubica en su sitio exacto ambas montañas.[69] Por fin en 1880 el explorador francés Charles Wiener confirma la existencia de restos arqueológicos en el lugar (afirma «se me habló de otras ciudades, de Huayna Picchu y de Machu Picchu»), aunque no puede llegar al emplazamiento.[70] En cualquier caso, está claro que la existencia de la presunta «ciudad perdida» no se había olvidado, como se creía hasta hace años.
Redescubrimiento de Machu Picchu (1894-1911)
Las primeras referencias directas sobre visitantes de Machu Picchu indican que Agustín Lizárraga, un arrendatario de tierras cusqueño, llegó al sitio el 14 de julio de 1902 guiando a los también cusqueños Gabino Sánchez, Enrique Palma y Justo Ochoa.[71] Los visitantes dejaron un grafiti con sus nombres en uno de los muros del Templo de las Tres Ventanas que sería verificado por varias personas.[72] Existen informaciones que sugieren que Lizárraga ya había visitado Machu Picchu en compañía de Luis Béjar en 1894.[73] Lizárraga les mostraba las construcciones a los «visitantes», aunque la naturaleza de sus actividades no ha sido hasta hoy investigada.[74].
Hiram Bingham, un profesor estadounidense de historia interesado en encontrar los últimos reductos incaicos de Vilcabamba, oyó sobre Lizárraga a partir de sus contactos con los hacendados locales y escribió en su diario: "Agustín Lizárraga es el descubridor de Machu Picchu y vive en el puente de San Miguel, justo antes de pasar...".[75][76] Fue así como llegó a Machu Picchu el 24 de julio de 1911 guiado por otro arrendatario de tierras, Melchor Arteaga, y acompañado por un sargento de la guardia civil peruana de apellido Carrasco.[77] Encontraron a dos familias de campesinos viviendo allí, los Recharte y los Álvarez, quienes usaban los andenes del sur de las ruinas para cultivar y bebían el agua de un canal incaico que aún funcionaba y que traía agua de un manantial. Pablo Recharte, uno de los niños de Machu Picchu, guió a Bingham hacia la «zona urbana» cubierta por la maleza.[78].
Bingham quedó muy impresionado por lo que vio y gestionó los auspicios de la Universidad de Yale, la National Geographic Society y el Gobierno peruano para iniciar de inmediato el estudio científico del sitio.[79] Así, con el ingeniero Ellwood Erdis, el osteólogo George Eaton, la participación directa de Toribio Recharte y Anacleto Álvarez, y un grupo de trabajadores anónimos de la zona, Bingham dirigió trabajos arqueológicos en Machu Picchu desde 1912 hasta 1915, período en el que se despejó la maleza y se excavaron tumbas incas extramuros de la ciudad. La «vida pública» de Machu Picchu empieza en 1913 con la publicación de todo ello en un artículo en la revista National Geographic.
Si bien es claro que Bingham no descubre Machu Picchu en el sentido estricto de la palabra (nadie lo hizo dado que nunca se «perdió» realmente), es indudable que tuvo el mérito de ser la primera persona en reconocer la importancia de las ruinas, estudiándolas con un equipo multidisciplinario y divulgando sus hallazgos. Ello pese a que los criterios arqueológicos empleados no fueran los más adecuados desde la perspectiva actual,[80] y pese, también, a la polémica que hasta hoy envuelve la más que irregular salida del país del material arqueológico excavado[81] (que consta de al menos unas 46 332 piezas) y que recién en marzo de 2011 comenzó a ser devuelto al Perú.[82].
Machu Picchu desde 1915
Entre 1924 y 1928 Martín Chambi y Juan Manuel Figueroa hicieron una serie de fotografías en Machu Picchu que fueron publicadas en diferentes revistas peruanas, masificando el interés local sobre las ruinas y convirtiéndolas en un símbolo nacional.[83] Con el transcurrir de las décadas, y especialmente desde la apertura en 1948 de una vía carrozable que ascendía la cuesta de la montaña hasta las ruinas desde la estación de tren, Machu Picchu se convirtió en el principal destino turístico de Perú. Durante los dos primeros tercios del siglo , sin embargo, el interés por su explotación turística fue mayor que el de conservación y estudio de las ruinas, lo que no impidió que algunos investigadores notables avanzaran en resolver los misterios de Machu Picchu, destacando en especial los trabajos de la Viking Found dirigida por Paul Fejos sobre los sitios incaicos del entorno de Machu Picchu («descubriendo» varios establecimientos del Camino Inca a Machu Picchu) y las investigaciones de Luis E. Valcárcel que relacionaron por primera vez el sitio con Pachacútec. Es a partir de la década de 1970 que nuevas generaciones de arqueólogos (Chávez Ballón, Lorenzo, Ramos Condori, Zapata, Sánchez, Valencia, Gibaja), historiadores (Glave y Remy, Rowe, Angles), astrónomos (Dearborn, White, Thomson) y antropólogos (Reinhard, Urton) se ocupan de la investigación de las ruinas y su pasado.
El establecimiento de una Zona de Protección Ecológica en torno a las ruinas en 1981, la inclusión de Machu Picchu como integrante de la Lista del Patrimonio Mundial en 1983 y la adopción de un Plan Maestro para el desarrollo sostenible de la región en 2005 han sido los hitos más importantes en el esfuerzo por conservar Machu Picchu y su entorno. Sin embargo, han conspirado contra estos esfuerzos algunas malas restauraciones parciales en el pasado,[84] incendios forestales como el de 1997, y conflictos políticos surgidos en las poblaciones cercanas en aras de una mejor distribución de los recursos obtenidos por el Estado en la administración de las ruinas.