Muchas instituciones religiosas crearon aún más lavanderías irlandesas, reformatorios y escuelas industriales, a veces todos juntos en el mismo terreno, con el objetivo de «salvar las almas, principalmente las de mujeres y niños».[17] Ejemplos de esto fueron la Orden de Nuestra Señora de la Caridad y las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, quienes administraban las lavanderías más grandes en Dublín.[18] Estos «grandes complejos» se convirtieron en un «sistema entrelazado masivo …cuidadosa y laboriosamente construido…a lo largo de muchas décadas» y en consecuencia, las lavanderías de la Magdalena se volvieron parte del «sistema más grande de control de niños y mujeres» en Irlanda (Raftery 18). Las mujeres y sus hijos «bastardos» eran «encarcelados por transgredir el estricto código moral de la época» y las mismas congregaciones religiosas controlaban los orfanatos, las escuelas de reformatorio y las lavanderías.[19] Así pues, estas instalaciones «se ayudaban a sostener una a la otra –las chicas de los reformatorios y las escuelas industriales a menudo terminaban trabajando el resto de sus vidas en las lavanderías de la Magdalena».
Casi todas las instituciones eran controladas por congregaciones religiosas femeninas, es decir, por monjas, y estaban regadas por todo el país «en ubicaciones prominentes en pueblos y ciudades». De esta manera, de acuerdo con Raftery, eran poderosas y ubicuas, capaces de controlar eficazmente las vidas de mujeres y niños de «todas las clases».[20].
Esta segunda encarnación de las lavanderías de la Magdalena difería en gran manera de su primera encarnación, debido a su «longevidad» y a «su diversa comunidad de internas, que incluía casos perdidos, mujeres con retrasos intelectuales…[y] mujeres provenientes las escuelas industriales y reformatorios».[21] Estas instituciones particulares intencionadamente compartían «características primordiales, que incluían un régimen de oración, silencio, trabajo en la lavandería, y una preferencia a tener internas permanentes,» lo cual, como lo señala Smith, «contradice la misión declarada de las congregaciones religiosas de proteger, reformar y rehabilitar».
A la vez que esta expansión tenía lugar y estas lavanderías se hacían una parte de una gran red de instituciones, el tratamiento hacia las chicas se hacía cada vez más violento y abusivo. Según Finnegan y Smith, los asilos se volvieron «particularmente crueles», «más herméticos» en su naturaleza y «enfáticamente más punitivos».[14][15] Aunque estas mujeres no habían cometido delito ninguno y nunca había sido llevadas a juicio, su encarcelación indefinida era llevada a cabo en la práctica a través de candados, portones de hierro y guardias de prisión en forma de monjas apáticas. Para 1920, según Smith, las lavanderías de la Magdalena habían dejado de afirmar casi por completo que su objetivo era la rehabilitación y en cambio, se habían «mezclado fácilmente en la arquitectura estatal de contención».
De acuerdo con la historiadora Frances Finnegan, al comienzo de la existencia de estos asilos, debido a que muchas de las mujeres tenían un historial como prostitutas, las mujeres (a quienes se llamaba «niñas») eran consideradas «en necesidad de penitencia», y hasta los años setenta se les exigía dirigirse a todas las miembros del personal como «madres» independientemente de su edad. Para aplicar el orden y mantener una atmósfera monástica, las internas eran obligadas a observar un estricto silencio "Silencio (sonido)") durante gran parte del día.
A medida que el fenómeno se hacía más extendido, se esparció más allá de la prostitución hasta abarcar a delincuentes insignificantes, huérfanas, mujeres con discapacidades intelectuales y jóvenes que habían sufrido maltrato. Un informe de 2013 hecho por un comité inter-departmental presidido por el senador Martin McAleese no encontró ninguna evidencia de que mujeres solteras hubiesen dado a luz en el asilo.[22] Incluso jóvenes que eran consideradas demasiado promiscuas y coquetas o demasiado bonitas, eran enviadas a un asilo por sus familias. Esto era un paralelo de la práctica de los asilos para lunáticos o manicomios administrados por el estado en Gran Bretaña e Irlanda durante el mismo periodo, donde muchas personas con supuesta «disfunción social» eran internadas en asilos. Sin que hubiera un familiar en el exterior que pudiera responder por ellas, muchas de las mujeres encarceladas permanecían en los asilos por el resto de sus vidas, muchas tomando los votos religiosos.
Dados los valores sexuales históricamente conservadores de Irlanda, los asilos de la Magdalena fueron una institución social generalmente aceptada hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo . Desaparecieron con los cambios en los valores sexuales —o, como sugiere Finnegan, cuando dejaron para ser rentables: «Posiblemente el advenimiento de la lavadora ha sido tan instrumental en cerrar estas lavanderías como lo ha sido el cambio de actitudes».[23].
Sin embargo, esto lo contradicie el Informe McAleese de 2013, el cual abordó específicamente el asunto del beneficio económico: «Una idea común ha sido que las lavanderías eran altamente rentables». El comité observó que en algunos casos esta malinterpretación podía remitirse a informes de los medios de comunicación que reportaban ingresos pero no deducían los gastos. «Los resultados del análisis financiero llevado a cabo tienden a apoyar la perspectiva que las lavanderías de la Magdalena eran operadas apenas al nivel de subsistencia o cerca de la quiebra - más que por razones comerciales o de ser altamente rentables». «Las monjas no eran hábiles en la administración de una empresa comercial. Las lavanderías, mientras duró su administración, eran operadas como una fuente de fondos para sostener la manutención de las jóvenes y mujeres junto con una contribución al sostenimiento de las monjas».[23] «Las cifras parecen apoyar la afirmación de las monjas respecto a que el propósito de la lavandería era a la vez “brindar a las residentes una actividad y producir fondos para mantenerlas, y que nunca se hizo por propósitos de rentabilidad».[24] El informe, al discutir el tema de las finanzas, se contradice, citando informes de auditoría que señalan que «Los recibos de ventas de la lavandería eran aplicados a la manutención de las residentes y las religiosas» y a la vez que «no hay ninguna evidencia que la operación de las lavanderías tuviera un beneficio financiero a la Orden».[24][25].