Mitos y realidades
Contenido
Hasta hace pocos años, estas lámparas tenían algunos inconvenientes y limitaciones, heredados de la tecnología del tubo fluorescente clásico. Las lámparas fluorescentes compactas actuales han mejorado ostensiblemente la tecnología fluorescente inicial gracias a la electrónica y la mejora de los compuestos luminiscentes. No obstante, algunas características de estas luminarias son objeto de polémica, especialmente tras el inicio de la prohibición de las bombillas incandescentes convencionales en la Unión Europea a partir de septiembre de 2009.[2].
Toxicidad
Las lámparas fluorescentes contienen mercurio "Mercurio (elemento)"), un metal pesado utilizado en forma de gas para producir radiación ultravioleta (no visible), que luego un recubrimiento fluorescente convierte en luz visible. El envenenamiento por mercurio es muy dañino para la salud de humanos, peces y aves.
Vida útil
Los ciclos de encendido y apagado de las bombillas CFL afectan la duración de su vida útil, de manera que las bombillas sometidas a frecuentes encendidos pueden envejecer antes de lo que marca su duración teórica,[3] reduciendo por tanto el ahorro económico y energético. Esto es aplicable en lugares de uso puntual, como pasillos o aseos. Deben evitarse también las bombillas en luminarias muy cerradas, pues las altas temperaturas también reducen su vida útil.[4].
La controversia se ha visto agravada por la mala calidad de muchas de las bombillas distribuidas en el mercado: un estudio de 2006 demostró que más de la mitad de las bombillas de ciertas marcas duraban menos de 100 horas, en lugar de las 3000 u 8000 anunciadas.[5].
Arranque paulatino
Los primeros modelos, aparecidos en las décadas de 1980 y 1990, requerían temperaturas relativamente altas para generar una emisión luminosa suficiente. Puesto que esos modelos usaban balastros electromagnéticos y arrancadores, igual que un tubo fluorescente lineal, no solo debían ganar temperatura, sino que además el encendido producía parpadeos. Desde mediados de la década de 1990, el balasto electromagnético y el arrancador fueron reemplazados por un transformador electrónico, mal llamado balasto electrónico, que junto a las mejoras en las substancias fluorescentes presentes en el tubo, han mejorado los tiempos de encendido, así como el tiempo requerido para alcanzar su máxima luminosidad. Sin embargo en lugares de tránsito, tales como pasillos, el retardo en el encendido puede resultar molesto y poco práctico.
Zumbido
Las lámparas con equipo electromagnético tendían a zumbar al ritmo de la frecuencia de la red eléctrica, que funciona en 50 Hz o 60 Hz de acuerdo con el país, independientemente de la tensión. Las lámparas electrónicas no usan balastro sino un transformador electrónico muy optimizado que produce la alta tensión de arranque a altísimas frecuencias, condición que ayuda a la creciente disminución del tamaño. Esta altísima frecuencia disminuye casi por completo el parpadeo o flicker.
Escasa potencia
Hasta inicios del siglo , las CFL tenían un rendimiento más bajo, tardaban en arrancar y eran falibles. Hoy en día, una CFL de 24 W puede reemplazar a una bombilla incandescente 100 W con incluso más flujo luminoso. El problema sigue siendo el gran tamaño de las bombillas de alta potencia, que frecuentemente no caben en las lámparas convencionales, o resultan poco estéticas.
Muchos usuarios afirman además que la potencia teórica de las CFL no es real, y que iluminan menos de lo que se dice en las etiquetas, así como que existía una equivalencia de potencia con incandescente demasiado alta u optimista. Esto es muchas veces cierto: sin embargo, esta impresión se debe a las numerosas bombillas etiquetadas con una potencia sensiblemente mayor a su potencia real,[5] y es por tanto un problema de las agencias de control de calidad, y no de la tecnología en sí.
Para solucionarlo, las actuales lámparas vienen con la expresión del flujo luminoso que emiten, en lúmenes. Dado que las lámparas incandescentes tenían un rendimiento entre 10...15 lum/W (mayor cuanto mayor fuera la potencia) bastaría dividir el flujo impreso en la etiqueta por 10...15 para hallar la equivalencia aproximada de la nueva lámpara con una antigua.
Seguridad
Los tubos fluorescentes equipados con balasto magnético pueden explotar si éste entra en cortocircuito, dado que en este estado equivale a un trozo de cable que conecta el tubo directamente a la red eléctrica, sobrecargándolo. La lámpara fluorescente con balastro magnético ha sufrido estos problemas, pero la electrónica está completamente exenta, dado que contiene un transformador electrónico que aísla el tubo de la red, incluso en las peores condiciones, de manera que los modelos de hoy son más seguros que cualquier lámpara, excepto las led. Normalmente éstas solo se rompen por golpes indebidos o accidentales, de modo que basta con usarlas dentro de un buen artefacto o en una posición donde estén protegidas de impactos.
Frialdad de la luz
Los tubos fluorescentes casi siempre se asocian con una luz blanca tendiendo a azul, lo cual puede ser un problema para personas acostumbradas a la calidez de la luz de una lámpara incandescente. Hoy en día pueden adquirirse lámparas fluorescentes compactas en colores como luz día, neutro y cálido. Luz día es la clásica luz fluorescente, cálido es una coloración amarillenta parecida a la que emite la lámpara incandescente, y neutro es un término medio entre las dos. También existen las lámparas tri-fósforo, que emiten iguales cantidades de luz roja, azul y verde, generando un blanco más perfecto que reproduce con precisión todos los colores. Además, empiezan a aparecer lámparas fluorescentes que emiten en rojo, azul, verde, amarillo, ámbar y la llamada luz negra.
En cualquier caso, la "calidez" de la luz no depende solo de su temperatura de color, sino también de la iluminancia. Para iluminancias bajas se aprecian los colores cálidos, pero se admiten colores "fríos" cuando la iluminancia es alta, sin que parezca que lo son. El modelo de luz blanca es el sol, pero emite con tal potencia que nadie diría que es una luz fría. En este sentido, ver las curvas de Kruithof.
Interferencias
Las bombillas de bajo consumo utilizan un pequeño transformador con un oscilador que produce interferencias de radio y electromagnéticas. No sólo eso, algunos modelos interfieren exactamente en la banda de 2,4 GHz, por lo que anulan la cobertura de las redes WiFi. En equipos de audio, como micrófonos a tubo (bulbo), fuentes de alimentación y similares, producen ruidos como los que produce la falta de toma de tierra (gnd), o por el contrario a dejar sin tierra (lift) capta señales de radioemisoras.[6].
Reciclado
Uno de sus inconvenientes, es que por contener pequeñas cantidades de mercurio, estas bombillas deben reciclarse convenientemente, depositándolas en lugares adecuados. No se pueden tirar a la basura ni al reciclado de vidrio, debido a que al romperse liberan mercurio, favoreciendo el envenenamiento por mercurio.