Lamentablemente, lagos urbanos que en el pasado eran valorados y utilizados por la población para la práctica de pesca, natación o náutica, por su inadecuada gestión han visto cercenados los servicios que prestaban al desmejorar marcadamente la calidad de sus aguas, al punto que quedaron limitados en muchos casos a apenas una utilidad escénica, prohibiéndose incluso el contacto mismo con el agua.[30].
Los lagos urbanos son jaqueados por diversas amenazas o perturbaciones que impactan tanto en sus cualidades para la recreación como en su valor biológico o educativo, a causa de su propia ubicación y de sus rasgos morfométricos, los que los tornan muy vulnerables a las agresiones antrópicas.
Las mayores amenazas son la entrada de tóxicos, de nutrientes y el aumento desmedido de los parámetros físico-químicos de sus aguas, lo que crea condiciones hostiles para el desenvolvimiento del propio ecosistema acuático. Esto puede obedecer a diferentes causas.
Puede estar relacionado con un bajo o nulo grado de evacuación de las aguas, lo que redunda en una lenta acumulación de variables, exacerbado por: la alimentación por bombeo desde napas subterráneas (con aguas de mayor dureza), el incorrecto aislamiento del lavado —que produce el agua de lluvia— de las calles y áreas de estacionamiento de vehículos de su derredor (arrastrando los residuos generados por el parque automotor —combustibles, lubricantes, líquidos de baterías o refrigerantes, hollín precipitado, etc.—),[31] la presencia de drenajes de aguas servidas (provenientes de viviendas, instalaciones recreativas, sanitarios públicos de su derredor, etc.), la falta de cestos de residuos o el no uso de los mismos (con la consecuente llegada a las aguas de basura de manera directa o por acción del viento), el esmog y cualquier otra contaminación atmosférica que recala por medio del viento desde puntos alejados de la ciudad, etc. En caso de lagos urbanos posicionados sobre cursos fluviales, la calidad de sus aguas también se ve determinada por las acciones que se realicen en la porción de su cuenca ubicada hacia aguas arriba, entre las más dañinas se encuentran el vertido de aguas servidas cloacales o industriales, el uso intensivo o incorrecto de agroquímicos, el vertido de producciones porcinas, avícolas o pecuarias intensivas, etc.[3].
La propia estructura del lago urbano puede influir en el grado de disipación de los desbalances fisicoquímicos. Un área central de mayor profundidad permite aumentar el volumen contenido, lo que ayuda a morigerar la elevación térmica del estío; por el contrario, si el cuerpo acuático es muy somero, el sol calentará más rápidamente todo el volumen, lo que hace que el agua alcance niveles de temperatura que provoquen una caída peligrosa en los tenores de oxígeno, con las consiguientes mortandades de las especies de peces más sensibles. Las corrientes de aire mueven la superficie del espejo, lo que mejora la circulación interna en la columna de agua, su tenor de oxígeno y la liberación de calor, algo que se ve disminuido si se encuentran densamente forestadas las orientaciones de los vientos preponderantes en temporada estival. Para mejorar las condiciones del cuerpo acuático, una intervención más artificial, pero cada vez más habitual, es la instalación de una o varias fuentes dentro del propio espejo; se toma el agua del lago y, bombeándola, se la arroja a varios metros sobre la superficie, haciéndola caer en forma de simulada lluvia, ya muy oxigenada, caída que al mismo tiempo produce el movimiento de la superficie, lo cual también es muy positivo.[32][33].
Si es elevada la llegada de nutrientes disponibles (principalmente nitrógeno y fósforo) se eutrofiza el biotopo. Las heces de los animales o la hojarasca de los árboles de sus márgenes (más la que es transportada por el viento desde otros sectores del parque) suelen ser algunas de las causas de la eutrofización de estos cuerpos acuáticos.[9] De allí que privilegiar la plantación de esencias arbóreas perennifolias sobre las caducifolias, disminuye la carga anual de hojas que llegan al cuenco.[31] Una adecuada intervención de las áreas terrestres del perilago permite minimizar la llegada de nutrientes al mismo al detener las hojas y basura que llegarían arrastrados por el viento y la escorrentía, por ejemplo, elevando el suelo de los bordes del lago con un rediseño topográfico, colocando cercas de malla densa en derredor, instalando enrejados y cámaras de retención de barros en las entradas de pluviales, creando áreas de acceso restringido con franjas paralelas de arbustos —en el borde costero— y vegetación palustre —en los sectores inmediatos de aguas someras— (priorizando las especies nativas de la región), etc.[3].
Los niveles de nutrientes se van acumulando e intensificando, por lo que, además de generarse olores desagradables que le otorgan una negativa reputación entre el público en general, se darán las condiciones adecuadas para el crecimiento incontrolado de macrófitas acuáticas,[4] junto con el desencadenamiento de brotes de las peligrosas floraciones algales,[34] por la proliferación excesiva de algas fitoplanctónicas y cianobacterias, las que producen toxinas muy peligrosas para los animales y las personas.[8][15][35][36].
Si el lago urbano posee aguas en estado eutrófico, muy buenos niveles de transparencia y exceso de macrófitas, la intervención habitual es la reducción de estas por medios mecánicos —con la cosecha periódica— o mediante el uso de químicos biocidas —alguicidas y herbicidas—.[37][3].
Para que los lagos urbanos posean una calidad ambiental que satisfaga a todos sus posibles usuarios, es obligatorio que se practique sobre ellos un correcto diagnóstico de sus problemas y amenazas además de técnicas de remediación y políticas de gestión, realizadas por profesionales. Las técnicas de manejo externas (las aplicables a las superficies del perilago) son menos costosas y más simples y duraderas que las internas (las intervenciones sobre las propias aguas y el lecho), pero en casos de urgencia se deben aplicar ambas al mismo tiempo, por ejemplo, en lagos con aguas turbias, verdes, hipereutróficos.[38].
Entre las intervenciones internas está la limpieza de la superficie del lago (interceptando así la basura, hojas o ramas que de otra manera luego precipitarían al fondo) y, especialmente, el dragado de la basura orgánica e inorgánica acumulada en los sedimentos del lecho o apoyada sobre él, mediante la técnica en húmedo (sin secar el lago) o en seco, es decir, retirando por completo el volumen líquido contenido en el lago, lo cual también permite desechar las aguas ya eutrofizadas e incorporar aguas nuevas.[28] Este un proceder resulta catastrófico en lo que respecta a la biota acuática, pero este perjuicio es posible minimizarlo si el lago contiene en su fondo (de costa a costa en una de sus márgenes o en una pequeña área interior en forma de palangana) una loma sobreelevada o pared de cemento que al descender el nivel de las aguas produzca que quede aislada una fracción del mismo, la cual conservaría así el agua y mantendría la biocenosis, mientras la parte restante es fuertemente intervenida.[12] Si estructuralmente no contiene esa sobreelevación, la instalación temporaria de cualquier tipo de barrera puede desempeñar la misma función. En paralelo a esto, puede realizarse el sellado o impermeabilizado del vaso.[27]
Otra manera en que se hace es capturar los ejemplares de cada especie de pez (y de otros animales) y luego trasladarlos a un sitio temporal hasta que se reponga el agua del estanque.[27][28].
Lamentablemente, tanto el dragado como la cosecha mecánica suelen ser de las técnicas más empleadas por las administraciones municipales, dado que producen mayor impacto en el electorado que los métodos poco visibles, pero más eficaces y beneficiosos para la biota.[3].
Otras acciones son la aplicación de técnicas de biomanipulación, por ejemplo, al introducir especies que desempeñen un nicho no bien cubierto por la biota existente pero que resultará beneficioso para la salud del biotopo.[3] Un ejemplo de ello es la liberación de ejemplares de la llamada carpa herbívora (Ctenopharyngodon idella) para controlar a la profusión de macrófitas.[39].
Otra opción es la incorporación de especies de peces nativos de hábitos piscívoros para que preden sobre las especies de hábitos tróficos omnívoro-planctívoros, para así disminuir la presión sobre el zooplancton y que este puede mantener elevado el nivel de herbivoría sobre el fitoplancton y así clarificar la columna de agua; esto puede ser acompañado por la remoción selectiva de este último gremio de peces.[40][41].