Inicios en México
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Particularmente en el caso mexicano, el llamado crac del 29 no fue el detonante para su depresión. En realidad, este suceso comenzaba a mostrar señales de vida desde 1925 principalmente por la disminución en las exportaciones como lo fue el petróleo, el cual fue causado por el descubrimiento y explotación de nuevos pozos en Venezuela. Las consecuencias del crac y de las distintas políticas gubernamentales tuvieron un alcance internacional debido a la interdependencia financiera existente. En el caso particular de México, la relación era sumamente estrecha. Cualquier modificación en el mercado estadounidense afecta directamente al mexicano.
La exportación de minerales representaba una suma importancia al ser el sesenta por ciento del total, modificando de manera significativa la balanza comercial. Además, el flujo de capitales provenientes de Estados Unidos disminuyó en gran medida siendo la entrada de dinero más importante del país. Otro sector afectado fue el de la minería. Tanto la producción como la cantidad de trabajadores disminuyeron a más de la mitad en dicha época. Cayó la demanda estadounidense por las materias primas y bienes manufacturados. En contraste, el gobierno de Herbert Hoover validó severas restricciones comerciales al establecer altos precios de aranceles y otras leyes de índole proteccionista. Por otro lado, a pesar de la gran interdependencia entre los dos países mencionados, la economía mexicana se encontraba en un estado de vulnerabilidad. Desde la crisis interna de 1925, la producción caía de manera significativa. Los acuerdos mexicanos relacionados con el intercambio se redujeron un cuatro por ciento entre los años de 1926 y 1929, a pesar de la gran demanda de minerales para exportación.
Otro de los sectores afectados fue el de la agricultura con la presencia de malas cosechas en 1929. Finalmente, el sector con mayores consecuencias fue el financiero debido al aumento de los precios de los préstamos. Se creó una distorsión negativa al ver que los precios de productos nacionales no iban en caída.[3].
Estructura económica de México al inicio de los años treinta
En los años 1920 se comenzó a tomar en cuenta tres elementos fundamentales para el estudio de la estructura de la economía. Una de ellas es la caracterización de grupos económicos dentro de la economía nacional que interactúan entre sí. El segundo elemento, desde el punto de vista sensorial, se analiza la estructura de la economía; este elemento se enfoca en la balanza de pagos, en las productividades relativas y su participación en el producto y crecimiento. Finalmente, el tercer elemento que se toma en cuenta es el estudio del sector externo que influyó en la transmisión del problema al interior del país en el sector enclave.[4].
Grupos Económicos Básicos.
Los cuatro grupos económicos básicos que son los que integran la economía mexicana son: el externo, el urbano, el semirrural y el rural. Estos datan de mucho tiempo antes de la década de los 30s. El sector externo esencialmente incluía actividades agrícolas, la minera y la industria petrolera, principalmente para la exportación. Dichas actividades fueron denominadas como “enclaves”, ya que eran realizadas por un número mínimo de trabajadores y su producción era en su mayoría para exportación y los propietarios eran extranjeros. Las industrias encargadas de esto eran enclaves ya que contaban con enlaces limitados con el resto de la economía. Además, este sector respondía a los costos de extracción de recursos naturales y de cultivo para la exportación y a las condiciones del mercado internacional.
El sector rural constituía en el mayor grupo de concentración de población en el país con 66.5% que vivía en comunidades de 2,500 habitantes dentro de la década de los 30s. Este sector absorbía el 68% de la población para fuerzas de trabajo. El grupo no tenía contacto con el resto de la economía, ya que se enfocaba en la agricultura y producción para el autoconsumo. Este sector dependía de las condiciones climáticas y de los programas de reforma agraria que ayudaran para su prosperidad, así como también de los demás grupos.
En el sector semirrural, había comunidades de entre 2500 y 15 000 personas. El 30% de la población pertenecía a este grupo en 1930. La mayor parte de los individuos ejercían actividades agrícolas semi-comerciales, adquirían otros bienes elaborados doméstica o industrialmente y además de proveer algunos servicios de comunicación y comercio. Es por esto se le llamaba sector de transición.
El sector urbano representaba una minoría en la población mexicana, tan solo representaba el 17.5% de la población total, además Este grupo fue el más importante dentro del mercado para los sectores industriales y aquellos que proveían algún servicio.
El sector externo influía directamente en la economía del país. La demanda de trabajo dentro de dicha industria cambiaba de acuerdo a la producción que generaba. También el sector externo tenía importante captación de ingresos fiscales, por ejemplo: impuestos pagados por las industrias, al presentarse un auge dentro del sector extractivo, en el gasto gubernamental y la demanda agregada, sucedía lo mismo. Cuando la industria se encontraba con dificultades, ya sea por escasez de demanda externa por pocos ingresos fiscales, el gasto gubernamental y la demanda agregada disminuían de igual manera. Por último, el sector externo afectaba el comportamiento del sector industrial ya que este requería de tanto capital como materias premias extrajeras. El grupo urbano era el más afectado por tanto las decisiones tomadas por el gobierno como de las fluctuaciones del sector externo.
A través del flujo de divisas y los vínculos fiscales se tuvo un gran impacto en el sector moderno. Existían dos tipos de relaciones entre sectores. La primera involucraba vínculos entre productor y consumidor. El sector rural se encuentra aislado de la economía y el sector externo se encontraba produciendo pequeñas porciones de su producción para uso industrial o autoconsumo. El sector semirrural producía para su autoconsumo y los excedentes eran comercializados en las diferentes ciudades. La segunda habla sobre cómo el sector urbano ofrecía bienes industriales, servicios a otros sectores y para su autoconsumo.[5].
Estructura sectorial
La población se encuentra de manera dispersa dentro de las comunidades, por ejemplo, el 66% viven en comunidades rurales con un máximo de 2,500 habitantes y el 17.5% viven en ciudades con más de 15,000 habitantes. Esto reducía el mercado e incrementan los costos de transporte y de transacciones. Otro limitante del mercado para bienes y servicios industriales era la poca productividad agrícola que se desempeñaba. Por otro lado, se podía observar que la economía mexicana se encontraba segmentada tanto en fuerza de trabajo como en distribución sensorial del ingreso, mostrando grandes diferencias entre el sector menos productivo (rural) y el sector industrial y de servicios. El 52% de bienes adquiridos en el extranjero fueron las importaciones en México de servicios y mercancía y el 42% de su valor se otorgaron al extranjero como remesas. El 95% de las exportaciones fue en mercancías como el oro y la plata. Las industrias mineras y petroleras fueron responsables del 80% de las transferencias, esto refleja que México estaba exportando cantidades sustanciales de bienes y solo podía importar mercancías por una fracción de este monto (57.4%).
Gracias a lo anterior, las variaciones en el nivel de exportaciones no tuvieron relación con el poder de compra. Esta relación depende de la distribución relativa de las utilidades, salarios y materias primas utilizadas en las industrias exportadoras y de los precios de las importaciones. Se debe señalar que solo el 2.2% de todas las importaciones se cubrieron con la nueva inversión extranjera a largo plazo. Esta cifra muestra que la mayor parte de la inversión del exterior fue financiada mediante reinversión de utilidades y con recursos internos.
Con respecto a los productos de exportación, las arras y monedas de oro y plata alcanzaron el 16% del valor exportado en el lapso entre 1925 y 1928, el petróleo y sus derivados obtuvieron el 28%, mientras que el 29% se compuso de otros productos minerales. Otro grupo importante de productos de exportación fue el de productos agropecuarios no procesados, que alcanzó el 24%.
Entre 1925 y 1928, los bienes de consumo y el tabaco representaron el 13% del total de las importaciones, mientras que por otro lado bienes duraderos solo representaron el 21%. Los bienes de capital fue el producto más importado con 28%, seguido por las materias primas con un 26% y el resto representaba bienes no clasificados. Esto refleja que la economía estaba luchando por producir internamente bienes que requerían una tecnología relativamente sencilla, como algunos alimentos procesados y bienes de consumo no duraderos. Aún con estos esfuerzos México seguía sin producir bienes de capital y estrictamente dependía de otros mercados para abastecer este sector. Esto se ve reflejado en su dependencia comercial con los Estados Unidos en los años veinte ya que ellos compraron el 66% de los productos mexicanos exportados y vendió a México el 69% de sus importaciones.[4].
Los Enclaves
Los enclaves son los enlaces hacia adelante y hacia atrás, esto refleja la demanda que generaron industrias específicas por insumos nacionales y el beneficio de producir internamente ciertos bienes, como petróleo y minerales, para que otras industrias los pudieran usar como insumos. Para saber si un enlace es un enclave, se debe medir el valor de retorno de las exportaciones, lo cual solo es medida en términos comparativos.
Hay tres características claves del enclave de los años 30. Primero, se estimó que cerca del 85% del sector exportador pertenecía a extranjeros: petróleo, minerales y productos agrícolas. De este porcentaje alrededor del 97% de industrias eran propiedad de extranjeros y conformaban el 97% de todas las exportaciones. Segundo, esas industrias estaban muy limitadas en sus enlaces hacia adelante, pues el 81% de su producción se destinaba al mercado externo, que era prácticamente toda la producción petrolera, además muchos de estos productos eran reimportados después de ser procesados en el extranjero. La tercera característica se refiere al valor de retorno de las exportaciones. Es definido como la parte del valor de las exportaciones que permanece dentro del país y toma en consideración la nacionalidad del dueño, la cantidad gastada en impuestos, trabajadores, transporte, materias primas nacionales, etc. Esto permite medir qué efecto tenían las fluctuaciones externas en volumen y valor de las exportaciones y en la demanda agregada interna.
Además, el valor de retorno también puede dar una idea sobre el mecanismo de transmisión de impactos económicos externos. Solo en el caso del petróleo se dijo que un 15% de la producción bruta se destinaba al pago de impuestos. El valor de retorno de las exportaciones en 1926 fue de dos tercios, en comparación con 58% en 1940 después de la expropiación petrolera. El petróleo muestra un valor de retorno muy bajo, 39% en 1926. La minería tuvo un valor de retorno dos veces mayor que el de la industria petrolera ese porcentaje llegaba a 99%. Otras actividades retornaron con un valor de entre 82% y 87%, la proporción corresponde de la industria en manos extranjeras variaba del 12% al 86%. Entre más proporción de insumos nacionales en la producción bruta, el valor de retorno de las exportaciones será aún mayor.[4].