Baldosa Hidráulica
Introducción
Un mosaico hidráulico es una baldosa decorativa de cemento pigmentado, de uso interior y exterior. Inventado en España a mediados del siglo XIX, fue usado como pavimento en las construcciones hasta los años 1960.
El proceso de fabricación se caracteriza por el uso de moldes metálicos («trepas») para la aplicación de los colores, que posteriormente son fijados a la base de cemento mediante el uso de prensa hidráulica.
Historia
Las primeras referencias son de 1857 si bien su consolidación como producto alternativo a la piedra natural (mármol principalmente) fue en la Exposición Universal de París de 1867 donde la empresa barcelonesa Garret, Rivet y Cía. lo presentaba como un tipo de baldosa que no requería cocción sino que se consolidaba mediante prensas. Las medidas de las baldosas eran básicamente de 10 x 10, 15 x 15, 20 x 20, 25 x 25 y 40 x40 cm, pero las más habituales fueron las de 20 x20.
Tras la moda de los elegantes suelos Minton, el suelo hidráulico se popularizó siendo una forma más económica de conseguir una apariencia similar.[1]
La coincidencia de esta técnica con el desarrollo del modernismo hizo que los diseños fueran más complejos y artísticos y que los fabricantes contaran con los diseñadores de moda entre sus colaboradores, como Alexandre de Riquer, Domènech i Montaner, Josep Puig i Cadafalch, Josep Pascó y Enric Sagnier.[2] Antoni Gaudí diseñó un único pavimento, para la Casa Batlló, que finalmente no se colocó en esta casa pero sí en la Casa Milà y que ahora pavimenta las aceras del Paseo de Gracia de Barcelona. Los dibujos representaban formas geométricas, florales o vegetales. Los diseños más sencillos tenían un dibujo que se repetía y combinaba pieza a pieza. Generalmente los decoradores componían los diseños simulando una alfombra que ocupaba toda la habitación y que requería baldosas que conformaran una cenefa perimetral. También era habitual que la composición de la imagen final se obtuviera con la combinación de 2, 4 o 6 piezas diferentes, lo que complicaba de forma notable la producción e instalación.
Los principios del mosaico hidráulico mostraron bien pronto las enormes posibilidades que este tenía. Los primeros diseños partían de una intención decorativa donde abundaban los diseños de mosaicos geométricos y florales. Fundamentalmente estaban pensados para las casas palacio del siglo XIX tan presentes en algunas ciudades de la geografía española como Vitoria, Sevilla o la misma Barcelona. Por añadido, en el caso de Sevilla fue el elemento protagonista del emblemático monumento de Plaza de España.