Gestión de renaturalización
Introducción
La gestión restaurativa es un modo de gestión proactivo de entornos degradados (naturales, seminaturales, industriales o urbanos) con el objetivo de restaurar la biodiversidad, el buen estado ecológico, un paisaje de calidad o un estado desaparecido (por ejemplo que lo que fue un bosque y ahora es una pradera vuelva a tener árboles frondosos).
También puede ser una cuestión de restaurar, no un entorno, sino una perturbación (imitación de un árbol caído por causas naturales o un pequeño incendio para crear un claro),[1] o bien de restaurar un recurso (hídrico, pesquero, paisajístico...).
En el ámbito medioambiental, el objetivo principal, que se busca facilitar y acelerar mediante el uso de técnicas de ingeniería ecológica, es la llamada resilvestración (palabra no admitida por la RAE; a veces los términos francés renaturation e inglés naturalisation —en sentido medioambiental— se traducen incorrectamente por renaturalización, un término bioquímico, tampoco admitido por la RAE, que significa invertir el proceso de desnaturalización "Desnaturalización (bioquímica)") de una proteína). Es por tanto un modo de gestión intencional (“gestión proactiva") que debe ser constantemente revaluado a la luz de los resultados, medidos a través de indicadores ambientales. En Francia, la Ley del 10 de julio de 1976 hace responsable al jefe de obras, antes de que se produzca el impacto ambiental, de poner en práctica medidas para «evitarlo, reducirlo o compensarlo» (secuencia ERC).[2].
La gestión intencional se define como «el conjunto de iniciativas que emprende un actor especializado, en el contexto de una situación de gestión eficaz, para hacer evolucionar el estado del medio ambiente en una determinada dirección».[3].
Si, después de la fase de restauración, la zona no puede mantener por sí sola las características deseadas, la gestión restaurativa suele ir seguida de una gestión conservadora, basada en un plan de gestión y en un sistema de seguimiento y evaluación y, en ocasiones, de protección (protección de la tierra, reserva natural, etc.).
Cuando se trata de salvar una especie (animal o vegetal) que debe evolucionar rápidamente para hacer frente a los grandes y rápidos cambios ambientales, como el cambio climático, la disminución de los polinizadores o la fragmentación de hábitat, se habla de "rescate evolutivo" (en inglés, evolutionary rescue).[4][4][5].