Obras
San Carlo alle Quattro Fontane
Entre 1634 y 1637, su primer encargo independiente fue la reconstrucción de la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane, también llamada San Carlino. La fachada se terminaría mucho más tarde, al fin de su carrera, incrementando el valor arquitectónico de la obra. La iglesia está dedicada a San Carlos Borromeo y se la considera una obra maestra del barroco.
Borromini evitó la linealidad del clasicismo y eligió un esquema oval, que representara la cosmovisión de ese entonces, en lugar de la más simple forma circular, utilizada en el Renacimiento, bajo una cúpula también oval estructurada mediante un sistema de cruces y octógonos que se van reduciendo hasta la linterna superior, fuente de toda la luminosidad del oscuro interior[8] El edificio es pequeño, ya que la fachada entera podría caber en uno de los pilares de la Basílica de San Pedro.[9].
La forma oval de la nave se ve articulada y disuelta en un ritmo de convexidades y concavidades que muestran una de las cumbres de los interiores barrocos, tal como lo describen Trachtenberg y Hyman:.
Lo intrincado de su geometría es mucho más osada y menos recargada en decoraciones figurativas[10] que la iglesia de Sant'Andrea al Quirinale, obra de Bernini ubicada a pocos metros en la misma calle.
La obra de Bernini, cuya construcción se inició algunos años después, presenta un drama escultórico incrustado en la arquitectura. San Carlo, en cambio, ofrece una dramatización del espacio a través de la racionalidad y la geometría.
Los elementos ondulados de la fachada (1662-1667), unidos por una cornisa serpenteante y esculpidos con nichos, son así mismo piezas maestras[11] que influirían con fuerza en la arquitectura de Nápoles y en el barroco siciliano.
Santa Inés en Agonía
En Santa Inés en Agonía, Borromini revirtió la planta original de Girolamo Rainaldi (y su hijo Carlo Rainaldi), comenzada en 1652 en el lugar en que santa Inés fue martirizada en el circo de Flavio Doniciano, convertida luego en la Plaza Navona. Su acceso principal en la Via di Santa Maria dell'Anima. La fachada se expandió para incluir partes del lindante Palazzo Pamphilii, ganando espacio para los dos campanarios.[12].
Borromini perdió el encargo antes de completarlo, debido a la muerte del papa Inocencio X en 1655. El nuevo papa, Alejandro VII, y el príncipe Camilio Phampilii") volvieron a llamar a Rainaldi, pero este no hizo grandes cambios y la iglesia todavía es considerada como una expresión notable de los conceptos de Borromini.
Sant' Ivo alla Sapienza
Entre 1640 y 1650 Borromini trabajó en el diseño de la iglesia de Sant'Ivo alla Sapienza y sus jardines, cerca del palacio de la Universidad de Roma La Sapienza . Inicialmente había sido la iglesia del gimnasio romano. Borromini fue recomendado para el trabajo en 1632, por el después supervisor de las obras del Palazzo Barberini, Gian Lorenzo Bernini. El edificio, como muchos en la estrecha Roma, es modificado por las perspectivas exteriores; fue construido al extremo del largo patio diseñado por Giacomo della Porta.
La cúpula y la torre coclear son peculiares y reflejan la idiosincrasia de los motivos arquitectónicos que distinguieron a Borromoni de sus contemporáneos. El interior presenta una nave de inusual planta centralizada, en la que se alternan cornisas cóncavas y convexas, ascendiendo a una cúpula decorada con una matriz lineal de estrellas y puttis. La estructura muestra un esquema de estrella de seis puntas. Desde el centro del piso las cornisas asemejan dos triángulos equiláteros que forman un hexágono, aunque tres de las puntas tienen forma de trébol, mientras que las restantes terminan en concavidades.
Las columnas interiores se distribuyen sobre puntos de un círculo. La fusión entre los excesos febriles y dinámicos del barroco y la geometría racionalista constituyen un logro excelente para una iglesia perteneciente a una institución papal de altos estudios.
Oratorio de San Felipe Neri (Oratorio dei Fillipini)
La congregación de los filipinos tenía ya una de las iglesias mejor decoradas de Roma, y la orden, muy adepta a la expresión piadosa a través de la música, pensó construir un oratorio que incluía aposentos al lado de la iglesia de Santa Maria in Vallicella (Chiesa nuova), ubicada en pleno centro de Roma.
Borromini fue uno de los postulantes para la construcción del proyecto, entre los que se contaba a Paolo Maruscelli"). Resultó empleado para el trabajo durante trece años que incluyeron varios períodos conflictivos. Para 1640 el oratorio estaba en uso, y en 1643 se completó la biblioteca. La llamativa fachada cercana a la entrada de la iglesia tiene poca semejanza con las estructuras interiores. Dentro del oratorio el espacio se articula mediante semicolumnas.
Santa Maria dei Sette Dolori
Santa Maria dei Sette Dolori") es una iglesia barroca en Roma construida adjunta a un convento en el rione de Trastevere, ubicado en Via Garibaldi, cerca de la intersección con Via dei Panieri.
La construcción de la iglesia se inició en 1643 con planos de Francesco Borromini,[1] anexa a un convento agustino que fue fundado por Camilla-Virginia Savelli Farnese, duquesa de Latera. Sin embargo, cuando la fortuna de la Casa de Farnese declinó, también lo hizo la financiación de la iglesia, y en 1655 se detuvo el trabajo. El convento pasó por una serie de tribulaciones durante el siglo , sin embargo, no fue desconsagrado en 1873, como muchos otros monasterios. Desde entonces, el convento ha disminuido lentamente y la mayor parte del convento es ahora el Hotel Donna Camilla Savelli. La Diócesis actualmente enumera la iglesia al cuidado de las pocas monjas restantes de la orden de Suore Oblate del Santo Bambino Gesù. El monasterio también sirvió como lugar para esconder a los judíos de las autoridades fascistas activas en el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial.
La fachada de la iglesia permanece en ladrillo, desprovista de decoración. Es muy interesante su cambio de traza horizontal en altura. El acceso a la iglesia se configura en un tramo cóncavo que se transforma en recta en el alero de cubierta. Tiene un ritmo de ventanas extraño y afortunado que afirma la idiosincrasia barroca de Borromini. El interior todavía contiene algunas de las decoraciones escultóricas de mármol más un San Agustín y el Misterio de la Trinidad de Carlo Maratta y un lienzo de Marco Benefial").