Fisuración en la pintura
Introducción
El término pinturas minerales describe las pinturas con ligantes minerales. Existen dos ligantes minerales relevantes en el campo de las pinturas: la cal y el silicato.
Mientras que los ligantes de cal carbonatan reaccionando con el dióxido de carbono y el agua (formación de carbonato), los ligantes de silicato (generalmente silicato potásico) reaccionan con el CO2 y forman hidratos de silicato potásico en contacto con las sustancias reactivas.[1].
Dado que las pinturas de cal (salvo la técnica al fresco) solo son resistentes a la intemperie en determinadas circunstancias, su uso se reduce básicamente al campo de la conservación de monumentos. Cuando hoy se habla de pinturas minerales, uno se refiere por lo general a las pinturas de silicato – o pinturas Keim (por el inventor, Keimfarben). Estas pinturas emplean como ligante el silicato potásico (en alemán, también llamado “vidrio líquido”).
La composición especial de las pinturas de silicato les confiere propiedades específicas. Las pinturas minerales de silicato se caracterizan por ser muy duraderas y resistentes a la intemperie. Pueden alcanzar una durabilidad superior a cien años. Un ejemplo de ello es el ayuntamiento pintado con pintura mineral en el siglo de la localidad de Schwyz, en Suiza.
Historia
Los alquimistas, en la búsqueda de la "Piedra Filosofal" (fabricación de oro), descubrieron perlas de brillo cristalino entre los residuos de las hogueras. La arena mezclada con carbonato potásico y calor se funde y se convierte en perlas de silicato potásico. Las primeras ventanas primitivas, pequeñas y redondas, se fabricaron con silicato potásico. La primera producción industrial de silicato potásico tuvo lugar en el siglo por parte de Van Baerle en Gernsheim y por Johann Gottfried Dingler") en Augsburgo. Los primeros intentos de fabricar pinturas con silicato potásico los realizó Johann Nepomuk von Fuchs. La fachada de la pinacoteca de Múnich fue pintada aproximadamente en 1850 por los pintores Kaulbach y Schlotthauer. Al usar pigmentos no aptos para la silicatización (pigmentos térreos), los murales se fueron perdiendo por efecto de la lluvia.
Las pinturas minerales de silicato fueron patentadas en 1878 por el artesano e investigador Adolf Wilhelm Keim") y se fabrican hasta hoy por la empresa sucesora Keimfarben de Diedorf, cerca de Augsburgo.
También V. van Baerle, en su día proveedor de silicato potásico de A.W. Keim, intentó fabricar pinturas de silicato. Sus experimentos duraron años hasta madurar, y también él obtuvo finalmente buenos resultados. La empresa Silinwerk van Baerle de Gernsheim am Rhein") y la empresa Keimfarben de Diedorf, cerca de Augsburgo, se convirtieron en fabricantes de renombre.[2].