Ferrocarril
Introducción
El ferrocarril (del latín: ferre,[1]‘hierro’, y carril) o transporte ferroviario es un sistema de transporte de personas y mercancías sobre una vía férrea.
Habitualmente se entiende que los rieles son de acero o de hierro, y que forman el camino o vía férrea sobre la cual circulan los trenes. Pero dentro de esta clasificación también se incluyen medios de transporte que emplean otros tipos de guiado, tales como los trenes de levitación magnética.
Se trata de un transporte con ventajas comparativas en ciertos aspectos, tales como el consumo de combustible por tonelada/kilómetro transportado, la entidad del impacto ambiental que causa o la posibilidad de realizar transportes masivos, que hacen relevante su uso en la época moderna.
Historia
Líneas sobre carriles
La primera noticia de un sistema de transporte sobre carriles fue una línea de tres kilómetros que seguía el camino Diolkos, que se utilizaba para transportar embarcaciones sobre plataformas a lo largo del istmo de Corinto durante el siglo a. C. Las plataformas eran empujadas por esclavos y se guiaban medianta hendiduras excavadas sobre la piedra. La línea se mantuvo funcionando durante 600 años.[2].
Los transportes sobre carriles comenzaron a reaparecer en Europa tras la Alta Edad Media. La primera noticia sobre un transporte de este tipo en el continente europeo en este periodo aparece en una vidriera en la catedral de Friburgo de Brisgovia en torno a 1350.[3] En 1515, el cardenal Matthäus Lang describió un funicular en el castillo de Hohensalzburg (Austria) llamado «Reisszug». La línea utilizaba carriles de madera y se accionaba mediante una cuerda de cáñamo movida por fuerza humana o animal. La línea continúa funcionando actualmente, aunque completamente sustituida por material moderno, siendo una de las líneas más antiguas que aún están en servicio.[4][5].
A partir de 1550, las líneas de vía estrecha con carriles de madera empezaron a generalizarse en las minas europeas.[6] Durante el siglo las vagonetas de madera trasladaban el mineral desde el interior de las minas hasta algún canal, donde se trasbordaba la carga al transporte fluvial, o bien se transportaba por la red de caminos utilizando carros. La evolución de estos sistemas llevó a la aparición del primer tranvía permanente en 1810, el «Leiper Railroad» en Pensilvania.[7].