Del siglo XVIII al siglo XX
A principios del siglo aparecieron las primeras linternas metálicas, que aguantaban mejor el calor de las llamas, pero hubo que esperar hasta finales de siglo para que los faros conocieran avances tecnológicos significativos. En 1786 el ingeniero francés Joseph Teulère reemplazó tan imperfectos medios por lámparas compuestas por un quinqué (inventado en 1784 por el suizo Ami Argand) rodeado de reflectores parabólicos de metal bruñido, e ideó el primer sistema de rotación mecánico. Habían nacido los primeros aparatos catóptricos, y las primeras luces giratorias.[3][2] El primer verdadero aparato de destellos y eclipses fue instalado en Suecia, en el faro de Marstrand"). En el dispositivo de Teulère los espejos miraban hacia el centro del círculo donde estaba la lámpara; en el de Marstrand se dirigían hacia fuera. Pero se perdía mucha luz porque la superficie del metal absorbía parte de los rayos y se deterioraba por la acción de la sal marina.[2].
En el siglo , la iluminación de los faros dio un paso inmenso con la invención por parte de Augustin Fresnel de las lentes escalonadas, compuestas por una lente central rodeada por una serie de anillos prismáticos concéntricos de poco espesor, que concentran e intensifican el haz de luz. Este sistema aprovechaba las propiedades de refracción de la luz, y producía una luz mucho más potente que la obtenida hasta entonces con espejos (reflectores). Fresnel y François Arago, perfeccionaron su sistema lumínico para la oficina estatal encargada de los faros y las balizas de Francia, y la lente de Fresnel fue instalada por primera vez en 1823 en el faro de Cordouan.[5].
La fuente de alimentación también evolucionó con el tiempo, y entre el siglo y el siglo varios combustibles fueron utilizados sucesivamente: del carbón se pasó a aceites de pescado, aceites minerales y aceites vegetales (colza y oliva), mejorando el tipo de mechas que eran cada vez más densas. En España, el combustible mayoritariamente utilizado desde al menos la Edad Media era el aceite de oliva, hasta que en el último cuarto del siglo se abandonaron los aceites vegetales en beneficio de los aceites minerales, como la parafina, llamada parafina de Escocia.[2].
Entre 1824 y 1826, Augustin Fresnel empezó a experimentar unos tipos de alumbrado para faros que utilizaban gases procedentes de la destilación de distintos productos aceitosos.[6] El siglo verá implantarse el uso de gases producidos por la distilación del alquitrán y de residuos de petróleo, el llamado gas Pintsch, pero sobre todo su versión mejorada, el gas Blau, que empezará a ser utilizado a partir de 1890. En la misma época, el suizo Carl Auer inventó unos capillos incandescentes incombustibles que se colocaban sobre la llama para intensificar su luz. Desde los últimos años del siglo , la electricidad empezó a suministrar luz a algunos faros gracias a lámparas de arco eléctrico, pero este sistema no fue desarrollado porque se prefirió el uso del vapor de petróleo que se extendió al iniciarse el siglo .[2].
En el transcurso del siglo , se establecieron por primera vez en Europa planes nacionales destinados a impulsar la construcción de faros a lo largo de los litorales, y se crearon normativas para armonizar el sistema de señalización marítima. En España, el primer plan es el Plan General de Alumbrado Marítimo de las Costas y Puertos de España e Islas Adyacentes, que data de 1847. Fue mejorado con el plan general de 1902, gracias a la experiencia adquirida tras casi 50 años de funcionamiento. Se clasificaron los faros adoptando el modelo imperando en Francia, según el cual existían seis órdenes de faros en función de la distancia focal y el diámetro interior de las ópticas. La intensidad luminosa se calculaba en carceles "Carcel (unidad)")[2] que equivalían a 9,74 candelas.[7].
Se normalizaron las linternas que eran de dos tipos: el inglés, con una cúpula cónica "Cono (geometría)") de laterales inclinados y colocada sobre un zócalo cilíndrico, y el francés, cuya cúpula era cilíndrica con laterales verticales y colocada sobre una base de mampostería. En España se adoptó el sistema francés para los primeros faros edificados tras el plan general de 1847.[2].
En los años 1920, el sueco Gustaf Dalen ideó una lámpara de gas acetileno que producía destellos automáticos y podía ser giratoria gracias a la presión del gas. Este invento abrió paso a los primeros faros no vigilados, y pudo ser instalado en boyas y balizas de poca intensidad.[2] Con el siglo aparecerán también el butano y el propano, hasta que el suministro eléctrico se generalizó a partir de mediados de siglo. Desde los primeros cableados eléctricos, se ha pasado paulatinamente a generadores o grupos electrógenos, o a menudo a placas solares si la luz no requiere mucha potencia.
El primer faro español electrificado fue el Faro de cabo Villano, en la Costa de la Muerte, en la provincia de La Coruña. La energía eléctrica se obtenía gracias a dos grandes dínamos accionados por máquinas de vapor.[2].
Hasta finales del siglo , los faros tenían guardafaros, también llamados fareros, que acostumbraban a vivir en el mismo faro, y que debían ocuparse del mantenimiento y de la limpieza del faro, sobre todo de las instalaciones lumínicas. Actualmente, los faros que siguen en uso son operados en su mayoría de forma automática, y vigilados a distancia.
Los faros aéreos suelen estar generalmente en aeropuertos militares ej :Torrejón de Ardoz.