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La evaluación funcional se refiere al fin que pretende conseguir mediante el proceso evaluativo respecto al estudiante, determinando el uso que se hará de los resultados del mismo, generalmente en la bibliografía se encuentra ligada a la dimensión de temporalidad. De acuerdo con la naturaleza de la evaluación como actividad proyectada sobre todos los componentes del proceso didáctico, las decisiones tanto iniciales y/o diagnósticas, como continuo‐formativas y finales, se proyectarán sobre la misma función docente, la metodología, los recursos y las circunstancias contextuales.[6].
La evaluación inicial o evaluación diagnóstica proporciona información acerca de los conocimientos y las habilidades previas del sujeto. Debe considerarse siempre en términos de su utilidad para facilitar adaptaciones constructivas de los programas educativos a los individuos. En este sentido, cumple con la función reguladora que asegure que las características del sistema se ajusten a las de las personas a quienes se dirige; es decir, que va a servir de base para adoptar decisiones relativas a la realización de actividades de apoyo, específicamente orientadas a la superación de problemas que presente el alumno, o bien dará lugar a modificaciones específicas en otros componentes de la enseñanza en función de los problemas detectados.
El concepto de evaluación formativa urgió en los Estados Unidos a mediados de la década de 1960, cuando Michael Scriven acuñó el término junto con el de evaluación sumativa en 1967. La evaluación formativa se desarrolló como una reacción crítica frente a la concepción dominante de evaluación promovida en la aplicación de pruebas estandarizadas, en el marco de lo que se conoce como el movimiento de estandarización de la evaluación. A su vez, Angulo Rasco, unos años más tarde, hablaría de las problemáticas que puede traer la estandarización de evaluaciones tipo test y la normalización de que organizaciones externas la escuela o al estado queden a cargo de la evaluación de los estudiantes, ya que estas buscarían imponer sus ideas de que es estar educado o "inteligente".[7].
La evaluación formativa o evaluación procesual cumple una función reguladora de los procesos de enseñanza y de aprendizaje lo cual, nos permite llevar a cabo ajustes y adaptaciones de manera progresiva durante el curso porque se centra más que en los resultados del aprendizaje en los procesos que se ponen en juego para el logro de tales resultados.
La evaluación formativa se centra en conocer el desempeño actual del alumno y ese se relaciona con los saberes aprendidos, dentro de esta relación entran muchos factores que pueden afectar el proceso educativo, como puede ser las situaciones sociales, económicas, culturales o con la misma escuela. Por esto mismo, este tipo de evaluación no acepta el examen como una instancia definitiva y lo ve mas como una herramienta procedural que ayude a conocer al estudiante.[8].
Desde este punto de vista, la evaluación es otra parte del proceso de "enseñanza-aprendizaje-evaluación", la cual en lugar de simplemente fijarse en una nota, es una herramienta que permite al alumno ver cuales son sus puntos fuertes, cuáles debe mejorar, y también dota al docente de una capacidad de ver en que flaquea él mismo en su trabajo, en su metodología y en como debería intervenir en el aula.[9].
Solo centrados en los procesos podremos identificar áreas de oportunidad para poder ofrecer una retroalimentación[10] apropiada a los estudiantes, debido a que en las evaluaciones queda en caro que tanto han profundizado con el conocimiento y da al alumno la oportunidad de corregirse y al docente de como organizar las próximas clases. de manera que ellos sepan qué es aquello que deben hacer o ajustar de su proceso para alcanzar los resultados esperados.[11].
De esta manera, la evaluación se transforma en una herramienta que ayuda al docente a tomar decisiones, en lugar de ser una instancia que define por completo el desempeño del alumno. La información recopilada de los estudiantes ayuda a ajustar la enseñanza en función de su progreso y necesidades. Pueden modificar estrategias y materiales de instrucción de acuerdo a los requisitos del aula.[12].
Este enfoque también permite dar cierto tipo de reconocimiento a aquellos alumnos que no se desempeñan de la mejor manera en los exámenes tradicionales, esto se debe a que algunos alumnos si aprenden, pero las situaciones estresantes del examen puede condicionar su desempeño en los mismos. Al reconocer que no todos tienen el mismo rendimiento en los exámenes, abre las puertas para que el docente pueda tomar más decisiones u otras estrategias para poder enseñar.[9] Por lo tanto, la evaluación formativa se centra en el proceso de aprendizaje más que en los resultados finales y se promueve un diálogo abierto entre docentes y estudiantes. La retroalimentación se convierte en una conversación constructiva en lugar de una simple entrega de calificaciones.[12].
Este punto de vista enfrenta la creencia tradicional de que la nota va ligada de las capacidades del alumno o de su compromiso con la escuela, haciendo que estos alumnos queden excluidos del sistema o segregados por ser inferiores o menos responsables.[10].
Un ejemplo de este modelo podría ser la implementación de portafolios en el aula, el portafolio es una herramienta que consiste en la recopilación de trabajos a lo largo del tiempo donde se deje constancia del crecimiento y evolución del alumno, de esta manera el profesor podrá evaluar todo el proceso de evaluación a lo largo del año en lugar de en una fecha determinante al final de este.[13].
En relación con la tipología en función de los agentes, la autoevaluación se produce cuando el sujeto evalúa sus propias actuaciones. Es un tipo de evaluación que toda persona realiza a lo largo de su vida; es recomendable que el alumno realice de manera continua ejercicios de valoración de su aprendizaje, de manera que le sea posible identificar aspectos que debe mejorar.[14] En la medida en que un alumno logre contrastar sus avances contra estándares de actuación establecidos, podrá identificar áreas de mejora, con lo cual estará en condiciones de regular su aprendizaje hacia el logro de sus competencias útiles para su desarrollo social y profesional.
En la autoevaluación, el alumno evalúa sus propias actividades, con pautas de seriedad y corrección fijadas por la cátedra, de modo que aprende a valorar sus propias capacidades. Se refiere a la evaluación que realiza el estudiante sobre sus propias actuaciones. Dentro del proceso educativo es de suma importancia que esta función sea tomada en cuenta, ya que esta permitirá al estudiante identificar los aspectos que requieren una mejora para una mayor eficiencia.[15].
La coevaluación como evaluación mutua o conjunta de una actividad realizada entre varios permite valorar las deficiencias o dificultades surgidas mejorando el propio aprendizaje y evaluar todo cuanto ocurre en el grupo. Se refiere tanto a procesos de evaluación compartidos por el profesor y el alumno como a aquellos en los que los alumnos evalúan a sus compañeros, debería ser usado como práctica habitual en el aula. La coevaluación tiene un valor añadido relacionado con el aprendizaje de valores y actitudes. Cuando los alumnos utilizan de manera habitual estos procedimientos de evaluación aprenden la importancia de destacar los aspectos positivos y no sólo los negativos del trabajo de sus compañeros, el valor de la ayuda y del trabajo en común, y a valorar el error como un paso necesario en el aprendizaje. También conocida como evaluación mutua.[8].
La heteroevaluación, por su parte, implica la evaluación del alumno por parte del profesor, con respecto a su trabajo, actuación y rendimiento. Detectando aciertos y errores y permitiéndole ajustar el proceso de enseñanza y el de aprendizaje.[16] Se basa en la evaluación que ejecuta el docente hacia el discente sobre el rendimiento académico que este muestra dentro del aula de clases, esta se orienta hacia los objetivos y tiene como finalidad el observar si se cumplieron las competencias necesarias de aprendizaje.[16].
Summative evaluation
• - The teaching-learning process is inclined to be certified, qualified and recycled. (The teacher checks whether or not the students have managed to assimilate the knowledge, skills and abilities).
• - Allows qualifications to be granted through qualitative and quantitative assessments.
• - The results provide clarity of the methodology used, the means and activities.
• - They must be carried out upon completion of one or several units, in order to determine the percentage level of the terminal objectives (they can be cognitive, psychomotor and even affective).
• - They are presented as achieved or not achieved by objectives, from that degree of mastery the qualification emanates.