Bellas Artes
Arquitectura
En el Perú preincaico, los primeros ejemplos de arquitectura monumental son las pirámides de terrazas superpuestas, construidas básicamente de adobe. Su función era religiosa (templo) y administrativa (palacios). Son típicas de las culturas costeras, comenzando por Caral, donde destaca la Pirámide Mayor. Forman complejos con otros edificios, siendo denominados Templos en U"), por la forma de su disposición: una pirámide principal, con dos construcciones laterales en forma de brazos.[14] Otras construcciones piramidales destacadas son los de la cultura moche, como las llamadas Huacas del Sol y de la Luna. En Lima destacan las huacas de Pucllana, Maranga "Maranga (sitio arqueológico)"), y Mateo Salado "Mateo Salado (complejo arqueológico)"). Las pirámides o huacas de las culturas costeras del Perú eran tan imponentes como las de Mesoamérica, pero el hecho de estar construidas en adobe ha imposibilitado su conservación plena; actualmente más parecen elevaciones naturales del terreno, aunque se han restaurado algunas de ellas.
Otros ejemplares de la arquitectura preinca son los templos de Chavín de Huántar, hechos en piedra tallada; las construcciones de Cahuachi de los nazcas; los edificios de adobe de Chan Chan, considerada la ciudad de barro más grande del mundo; los templos de Tiahuanaco (Akapana, Kalasasaya, Pumapunku); la ciudad de Wari, con edificaciones de piedra de varios pisos. En la costa los materiales utilizados preferentemente fueron los adobes y tapiales; en la sierra, la piedra.
La arquitectura incaica tiene tres grandes características: solidez, sencillez y simetría. Destaca por el uso refinado de la piedra, así como por sus técnicas avanzadas de aprovechamiento del espacio territorial. Hasta hoy causa asombro el tamaño de las piedras en algunos edificios, como en la llamada “fortaleza” de Sacsahuamán. En esta y otras construcciones se admira también el ensamblado de piedras de diferente forma y tamaño sin usar argamasa y que encajan tan perfectamente que entre sus junturas no pasa ni una hoja de papel. Ejemplo clásico de esta técnica es la llamada Piedra de los doce ángulos.[15] Otros edificios, como el Coricancha y los palacios incas del Cuzco, están construidos con piedras labradas de forma rectangular o cuadrada, alineadas de manera simétrica. Pero indudablemente es Machu Picchu, construido en un cerro cuya cima fue aplanada, el icono de esta arquitectura; es considerado una de la siete maravillas del mundo moderno.
Los españoles trajeron nuevas técnicas arquitectónicas, como el uso de la bóveda, el arco, la columna y el empleo de materiales fuertes como el ladrillo, necesario en los lugares en donde no había piedra. La arquitectura virreinal se adaptó al medio de cada región y desarrolló los estilos imperantes en Europa. Estos fueron el barroco, con sus variantes del churrigueresco, el plateresco y el rococó, que se caracterizan por su recargada ornamentación; y el neoclásico, que se caracteriza por la vuelta a las líneas rectas y a la sencillez. Los ejemplos de estos estilos se ven en la arquitectura religiosa, es decir los templos, iglesias y conventos, así como en los característicos balcones de la ciudad de Lima.[16].
La arquitectura republicana, al igual que la colonial, siguió las corrientes europeas. El primer gran edificio construido fue el de la Penitenciaría de Lima. En lo largo del siglo persiste la influencia del neoclasicismo (Hospital Nacional Dos de Mayo, Iglesia Matriz del Callao, Escuela Militar de Chorrillos). En el gobierno de José Balta se edificó el Palacio de la Exposición, de estilo neorrenacentista. También se introdujo la arquitectura metálica importada de Francia (catedral de Tacna, el puente Balta). En el siglo , se desarrollaron varios estilos arquitectónicos, como el estilo académico de influencia francesa (palacio del Congreso de la República del Perú, la Cripta de los Héroes, etc.); el estilo neocolonial (fachada del Palacio Arzobispal); el estilo neoperuano, que es una fusión de elementos coloniales e indígenas (fachadas de la Escuela de Bellas Artes y la del Museo de Arqueología); el estilo indigenista (Museo de la Cultura Peruana).[17].
Escultura
En la época prehispánica se hicieron esculturas menores, como ídolos y estatuillas de piedra y de madera; así como esculturas de carácter monumental, pero estas hechas mayormente por las culturas chavín (el Lanzón monolítico) y tiahuanaco (monolitos). También se labraba en la roca madre o en grandes piedras haciendo diseños que aparentan maquetas (piedra de Sayhuite). En lo que respecta a los incas, estos tuvieron una arte escultórico muy sobrio y esquemático; se sabe que hicieron estatuas que representaban a sus reyes, y una del dios Viracocha, en piedra. Por lo general la escultura era un complemento de la arquitectura.
La escultura colonial siguió las corrientes europeas, y al igual que la pintura, tuvo la finalidad práctica de decorar los ambientes religiosos. Proveyó así de mobiliario religioso a los templos y conventos, a través de sus Retablos o Altares, Sillerías de Coro, Púlpitos, Cajonerías y Techos o Artesonados, así como de escultura exenta, en grupos sagrados, imágenes de santos, simbolismos y esculturas funerarias de personajes religiosos o donantes célebres de la época. Ejemplo de todo ello se puede ver todavía en las iglesias de Lima, Cuzco, Arequipa, Trujillo, Cajamarca, Ayacucho y tantos otros lugares del Perú. Se recuerdan los nombres de algunos de los escultores, como Pedro de Noguera y Baltazar Gavilán, este último autor de la célebre escultura de La Muerte, hecha en madera.[18].
En la época republicana, los talleres escultóricos siguieron produciendo obras de tema religioso. La escultura académica se importaba de Europa, como en el caso de las estatuas de la Alameda de los Descalzos, de estilo neoclásico. En la primera mitad del siglo surgen artistas nacionales, como David Lozano, Luis Agurto y Artemio Ocaña, que hicieron estatuas de héroes y próceres para orlar las plazas y avenidas públicas. Aunque todavía en esta época se siguieron importando monumentos, como la estatua ecuestre de José de San Martín, elevada en la plaza de su nombre "Plaza San Martín (Lima)") (1921). Al fundarse la Escuela de Bellas Artes (1918), el español Manuel Piqueras Cotolí dio un impulso a la escultura nacional, al propiciar la fusión hispano-indígena. La escultura moderna la inició Joaquín Roca Rey, hacia 1948. Años después se manifiesta la modernidad figurativa con Víctor Delfín y Cristina Gálvez.[19].
Pintura
En la época prehispánica, la pintura se expresó en los murales que decoraban los templos, tanto sobre las paredes enlucidas como en los altorrelieves; así como en el decorado de las piezas de cerámica, destacando en este arte las culturas nazca y moche. Se sabe también que los incas pintaron escenas históricas en tablas y telas, que se guardaban en el edificio de Puquincancha, en el Cuzco, pero de los que no se conserva ningún ejemplar.
En la época colonial brilló la pintura religiosa, destinada a satisfacer la gran demanda de cuadros que hacían las iglesias, conventos y grandes residencias coloniales. Por otra parte, la nobleza colonial también mandaba hacer otra clase de obras, muy especialmente retratos. Las primeras obras la realizaron religiosos venidos de España; luego llegaron los artistas italianos Bernardo Bitti, Mateo Pérez de Alesio y Angelino Medoro (siglo -). Posteriormente destacan Fray Francisco de Bejarano, Cristóbal Daza, Cristóbal Lozano y José del Pozo. Pronto, los indios y mestizos aprendieron el arte pictórico y formaron escuelas propias, como la famosa escuela cusqueña, que se desarrolló a lo largo de los siglos y , y que es un neto ejemplo del mestizaje en las bellas artes virreinales. Los pintores de dicha escuela han permanecido por lo general en el anonimato, pero se mencionan algunos nombres, como el de Diego Quispe Tito.[20].
La pintura de los inicios de la República siguió bajo los moldes coloniales. Luego surgieron varias corrientes: La pintura costumbrista, cuyo máximo representante es Pancho Fierro; la pintura académica, influenciada por las escuelas de Europa, y cuyos exponentes son Ignacio Merino, Francisco Laso, Luis Montero, Francisco Masías, Daniel Hernández Morillo, Teófilo Castillo, Carlos Baca-Flor; la pintura indigenista, que resalta el nacionalismo y el regionalismo provinciano, siendo su iniciador José Sabogal y que contó con varios representantes, como Julia Codesido, Jorge Vinatea Reinoso, Mario Urteaga Alvarado, Enrique Camino Brent. Tras el indigenismo surge un grupo de “independientes”, influenciado por el vanguardismo, cuyos principales representantes son Macedonio de la Torre, Ricardo Grau, Carlos Quizpez Asín. Luego vienen Juan Manuel Ugarte Eléspuru, Sérvulo Gutiérrez, Fernando de Szyszlo, etc. En el arte mural destaca Teodoro Núñez Ureta.[21].
Música académica
El Perú tiene grandes representantes en la música académica. En el siglo y comienzos del siglo destacan los compositores José María Valle Riestra, autor de la ópera Ollanta; Daniel Alomía Robles, autor de El cóndor pasa…; Ernesto López Mindreau; Luis Duncker Lavalle, que compuso valses y piezas de salón; entre otros. Predomina en esta época la composición de óperas.[22].
En el siglo aparece una segunda generación que sabe emplear los elementos folclóricos haciendo con ellos una transformación de las armonías y melodías (estilización del folklore). Músicos representativos de esta tendencia son Theodoro Valcárcel, Alfonso de Silva, Roberto Carpio, Carlos Sánchez Málaga") y Rodolfo Holzmann. Una tercera generación está representada por Enrique Iturriaga, Celso Garrido Lecca, Olga Pozzi Escot, Enrique Pinilla, Francisco Pulgar Vidal, Edgar Valcárcel y Luis Meza; la mayor parte de ellos prefieren escribir obras orquestadas.[23].
Merecen también citarse a los compositores Manuel Bañón, autor de la marcha militar El ataque de Uchumayo; José Bernardo Alcedo, autor de la música del Himno Nacional del Perú; Claudio Rebagliati, autor de Rapsodia peruana; y Carlos Valderrama Herrera, autor de la célebre marcha militar Los peruanos pasan.[24].
Los tenores peruanos de relieve mundial son Alejandro Granda Relayza, Luis Alva Talledo, Ernesto Palacio "Ernesto Palacio (tenor)"), Francesco Petrozzi y Juan Diego Flórez.
• - José Bernardo Alcedo.
• - Daniel Alomía Robles.
• - Juan Diego Flórez.
Cerámica
La cerámica del Perú prehispánico fue muy elaborada. Tiene decoraciones pictóricas de alta calidad artística, y muchas son de forma escultórica. Estos ejemplares se hallan en profusión en las tumbas prehispánicas, debido a la costumbre de enterrar al muerto con vasijas llenas de alimentos y bebidas.
Las muestras de cerámica más antiguas detectadas en suelo peruano serían las de Kotosh, fase Wayrajirca, fechada hacia 1.850 a. C.,[25] aunque si hablamos de la civilización andina en general, la más antigua cerámica es la de la cultura Valdivia, que se desarrolló en el actual Ecuador, hacia 4.000 a. C. En los sitios de la civilización caral (3.000-1800 a. C.) no se ha hallado cerámica, pero si piezas escultóricas de barro crudo, que representan figuras humanas.[26].
El arte de la cerámica empezó a mostrar notables progresos a partir de la cultura Cupisnique. La cerámica chavín tiene excelentes ejemplares de forma globular y con asa estribo, decoradas con motivos plasmados con incisiones y resaltados en alto relieve plano, generalmente monócroma (de un solo color: negro, gris o rojo).[25].
La etapa del apogeo de la cerámica corresponde a las culturas Moche y Nazca, que se desarrollaron en la primera mitad del primer milenio de nuestra era, aunque ambas tuvieron como antecedentes a otras culturas (Salinar y Gallinazo; y Paracas, respectivamente).[25].
La cerámica moche") es considerada como la mejor del Antiguo Perú y entre las mejores del mundo, gracias al fino y elaborado trabajo que evidencian sus ejemplares. En ellas representaron, tanto de manera escultórica como pictórica, a divinidades, hombres, animales y escenas significativas referidas a temas ceremoniales y mitos que reflejaban su concepción del mundo, destacándose la asombrosa expresividad, perfección y realismo con que los dotaban. De este arte sobresalen los huacos retratos y los huacos eróticos.
La cerámica nazca es otra de las mejores del Perú, por su variedad y su alta calidad. Destaca sobre todo por sus diseños pictóricos, con una profusión de colores excepcionalmente brillantes. Se pintaban plantas, animales y sobre todo la figura de un ser sobrenatural, con rasgos de felino y ave.[25].
Posteriormente surge la cerámica tiahuanaco-wari, influida al parecer por la moche y la nazca; a la primera le debería la predilección por la forma escultórica, y a la segunda por el uso de una variedad de colores brillantes. Una característica peculiar es la representación de una divinidad que parece ser la misma que aparece en la Portada del Sol de Tiahuanaco.[25].
Destacan luego la cerámica chancay, que se caracteriza por ser bicroma (sobre un engobe blanco se pincelaba con tinte negro). Es de destacar también las estatuas llamadas cuchimilcos.[25].
En cuanto a la cerámica incaica, es más sobria en expresiones figurativas y poco dada a reproducir formas escultóricas. Sus diseños son geométricos y se usa mayormente como colores el blanco, el negro y el rojo.[25] Ejemplares típicos de la cerámica inca son el o (cántaro), el (plato de asa) y el (vaso).[27] El más conocido es el aríbalo, nombre que le dieron los españoles por su lejano parecido con las ánforas griegas.
Orfebrería
La más remota evidencia del trabajo de metales finos en el Antiguo Perú y en la América en general se remonta al 1.500 a. C. Se encuentra en Waywaka, Apurímac, donde se hallaron láminas de oro martilladas asociadas con herramientas utilizadas para tal efecto. Pero solo posteriormente la metalurgia en su forma compleja alcanzó una hábil manufactura, siendo Chongoyape "Chongoyape (sitio arqueológico)") y Kuntur Wasi, hacia 1000-200 a. C., los centros más antiguos que testimonian este florecimiento.[28].
Un desarrollo más extraordinario de este arte pertenece a las culturas moche, lambayeque o sicán, nazca y chimú, de la costa peruana.
Los moche fueron los mejores metalurgistas de su época. Utilizaron el oro, la plata, el cobre y sus aleaciones, que fundían en hornos de diversos tipos (como la huayra). La aleación más característica fue la tumbaga (mezcla de oro y cobre). Doraron el cobre mucho antes que en Europa y conocieron una variedad de técnicas, como el laminado, martillado, alambrado, soldadura, etc. Una cantidad asombrosa de joyería se halló en la tumba del Señor de Sipán.
Los lambayeque adoptaron las técnicas de los moches y para algunos expertos, sus creaciones tienen un mejor acabado. Piezas representativas del arte lambayeque y de la orfebrería peruana en general son el tumi lambayeque y la máscara funeraria lambayeque, hechas en oro con incrustaciones de piedras preciosas, y con diseños que representan al dios Naylamp.
Los chimúes heredaron las técnicas de las anteriores culturas y produjeron artefactos de extraordinaria calidad, de baja concentración de oro y algunos elaborados con bronce arsenical.[28].
Los incas adoptaron las técnicas metalúrgicas de los pueblos que dominaron y trasladaron a orfebres chimués al Cuzco para que realizaran su labor al servicio del estado imperial. En esa época se difundió el uso del bronce cuproestañífero (aleación de cobre y estaño).[28].
Es de resaltar que la cultura del Antiguo Perú fue la única de América que produjo el bronce, entre otras aleaciones. Desconocieron sin embargo, el hierro, salvo el de origen meteórico, que fue usado en herramientas pesadas que se tallaban y bruñían.[28].
• - Ornamento de oro hallado en Chongoyape "Chongoyape (sitio arqueológico)").
• - Joya labrada en oro, de estilo chavín.
• - Orejera moche de oro con incrustaciones de piedras preciosas.
• - Tumi lambayeque o tumi de Illimo.
• - Vasos de oro del periodo Sicán medio (Lambayeque).
• - Máscara funeraria lambayeque hallada en Batán Grande.
• - Estatuillas incas de oro y plata, elaboradas a base de láminas repujadas y soldadas.
Textilería
La textilería fue una de las técnicas mejor desarrolladas en el Antiguo Perú. Los mismos conquistadores españoles atestiguaron que los incas fueron los mejores vestidos de toda la América prehispánica, por la variedad y la calidad de sus prendas de vestir.[29] La materia prima para los tejidos fue la fibra de algodón y de otras plantas, así como la lana de los camélidos; a veces se usó también pelos humanos y de murciélago. Como instrumento utilizaron el telar manual. La costumbre de enterrar a los muertos con sus mejores vestimentas y el clima seco de la costa peruana han posibilitado la conservación de muestras espléndidas de esta técnica y arte a la vez.
Los antiguos peruanos conocieron prácticamente todas las técnicas textiles, desde el torzal, el paño sencillo y los bordados, hasta brocados y tapicería en telar. Asimismo, decoraron sus telas de las más diversas maneras. Incluso utilizaron otras técnicas peculiares, que actualmente son imposibles de reproducir.[30].
Los primeros indicios de textilería en el Antiguo Perú se remontan a unos 5.000 años. Entre los primeros ejemplares bien conservados de este arte depurado están las telas pintadas de Carhua, en la costa sur, que muestran motivos de estilo chavín, por lo que han sido fechados en el primer milenio antes de Cristo.[30].
Pero sin duda los ejemplares más esplendorosos son los de la cultura topará, antes llamada Paracas Necrópolis, que usó preferentemente la técnica del bordado. Los famosos mantos paracas, con los que envolvían a sus momias, han ganado con justicia la admiración universal. Algunas de estas telas contienen trescientos hilos por pulgada cuadrada. Sobre ellas se bordaron con gran colorido temas naturalistas (peces, felinos, aves, serpientes, frutos y flores), así como figuras míticas y simbólicas, todas con un gusto extraordinario. La variedad, vivacidad e intensidad de los colores de los mantos aún se mantienen en su vigor, pese al tiempo transcurrido.
La textilería preinca continuó con su extraordinario apogeo técnico y artístico, como se evidencian en otras culturas costeñas como Moche y Nazca. De los moche, al no haberse conservado ejemplares, se deduce su desarrollo textil al contemplar el arte pictórico de sus ceramios. Los nazca, herederos de los topará o paracas, abandonaron el bordado y desarrollaron una tapicería fina.[30].
Bajo la época Tiahuanaco-Wari alcanzó su esplendor la tapicería y floreció también el arte plumario como complemento del tejido; su decoración es altamente simbólica y de trazos sofisticados, sobre todo cuando representa al dios de los báculos, el mismo que aparece en la Portada del Sol.[30].
Otra cultura que destaca en este arte es la cultura chancay, con sus finas telas de tapicería y telas pintadas; son de destacar las gasas decoradas. También destaca la cultura chachapoyas, de la que se puede mencionar como ejemplo una tela monumental de algodón decorada íntegramente con diseños de aves.[30].