Evaluación de pozos de ventilación
Introducción
Un espacio confinado o recinto confinado es aquel que dispone de aberturas de entrada reducidas, una ventilación natural desfavorable y no está concebido para permanecer en su interior.
Por ello, puede presentar una atmósfera irrespirable y albergar gases, vapores o partículas tóxicas o inflamables.
Un ejemplo sería un depósito cerrado, con una concentración deficiente de oxígeno, al que se accede por mantenimiento.[1]
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Descripción
Aunque la definición precisa pueda variar según la normativa local o el sector, de forma general se considera que:.
• - Posee aberturas de entrada o salida limitadas,.
• - Carece de una ventilación natural suficiente,.
• - Es suficientemente grande para acceder y desempeñar trabajos,.
• - No está concebido para trabajar continuamente en su interior y.
• - Presenta riesgo de asfixia, intoxicación, incendio, explosión, caídas a distinto nivel, atrapamiento, ahogamiento o sepultamiento.
Las arquetas, alcantarillas, galerías de servicios, patinillos, bodegas de barco, cisternas, pozos, fosas sépticas, salas subterráneas de transformadores, depósitos, reactores, calderas, hornos, conductos, cisternas de transporte, silos y palas de aerogeneradores son ejemplos de espacios confinados.
Aunque el término suela asociarse a recintos cerrados, no deben olvidarse aquellos parcial o totalmente abiertos, en los que se identifiquen los mismos riesgos, tales como balsas de residuos, purines, fangos de EDAR, vertederos..., que presentan atmósferas deficientes en oxígeno y con gases producidos por reacciones anaerobias: metano, dióxido de carbono, monóxido de carbono, hidrógeno, sulfuro de hidrógeno, amoniaco, benceno...[3].
Clasificación
Además de por sus características geométricas (abiertos o cerrados) los espacios confinados suelen clasificarse en tres clases y categorías atendiendo respectivamente a sus riesgos o procedimientos de trabajo:[4].