Las tres torres de la Huerta del Carmen fueron, junto a un trozo de la escarpa del foso del recinto norte los únicos restos de la ciudad andalusí que permanecían en superficie a finales del siglo desde la destrucción de la ciudad en 1379 "Sitio de Algeciras (1369)"). Tanto las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo entre 1997 y 1998 en el recinto norte como las llevadas en la actualidad en este recinto sur han puesto de manifiesto la importancia que tuvo las defensas estáticas de Al-Yazirat al-Hadrá.
Según pusieron de manifiesto diversas excavaciones realizadas en la zona y diversos planos del siglo la estructura completa de la cerca estaría formada por una muralla con torres a intervalos regulares, liza, barbacana y escarpa. No se tiene constancia documental ni arqueológica de la presencia de foso y en algunos planos se intuye la presencia de una puerta en la zona oriental de la muralla. Los restos arqueológicos visibles en la actualidad, a la espera de nuevas intervenciones arqueológicas, se corresponden con tres torres de la cerca, varios metros de la barbacana y del escarpe y un horno cerámico del siglo .
Aunque actualmente se conserva únicamente su núcleo y unas pocas hiladas de sillares, con un alzado máximo de 2 metros, las excavaciones arqueológicas realizadas en el lugar mostraron que en origen poseyeron planta cuadrada, 5'4 metros de anchura en cada uno de sus lados y que estaban adosadas a la muralla. Las torres 1 y 2, las más occidentales, se encuentran separadas entre sí 28 metros y las torres 2 y 3 unos 130 por lo que se calcula que el número total de torres existentes en ese tramo de muralla debía ser de 6, 7 si se considera el tramo de muralla entre la torre 3 y la torre albarrana.
Las torres poseen un núcleo macizo de calicanto con varias hiladas de mampostería revistiendo su exterior a modo de refuerzo. La hipótesis contemplada en la actualidad para la cronología de estas torres mantiene que debieron ser construidas por los benimerines en torno a 1282 a 1285 con la técnica de tapial, junto a la barbacana y la muralla. Posteriormente, muy probablemente cuando la ciudad estuvo bajo el dominio nazarí entre 1312 y 1329, se reforzaron estas torres con un forro de mampostería en sus tres caras. Este forro estaría formado por piedras de arenisca en hiladas relleno de calicanto y reforzado en las esquinas con sillares de mayor tamaño de calcarenita. Para sustentar este forro de mampostería se añadió a la base de las torres un zócalo de unos 75 cm de altura que sobresale unos 10 centímetros de los sillares añadidos por encima.[6].
La muralla, muy arrasada en la actualidad, tiene una anchura máxima de 2'10 metros y fue construida con tapial revestido de mampuestos.[7][8] La gran parte de sus restos se encuentran actualmente bajo el Paseo de la Conferencia y no ha podido ser estudiado con detenimiento. Parece formr parte del original sistema de defensas benimerí de 1282 a 1285 debido a la presencia de un núcleo de tapial por coladas similar al de las torres y se desconoce si el forro de mampuestos que parece presentar se corresponde a una reforma nazarí similar a la efectuada en las torres.[6].
La barbacana fue construida, como la muralla, con un núcleo de calicanto y reforzado en algunas zonas por hiladas de mampostería. Se encuentra a 7 metros de la muralla y de las torres de forma constante adaptándose para ello su trazado al perímetro de la cerca.[9] De este modo la barbacana, de 1,65 metros de anchura, rodea en codo las torres, dejando un paso de ronda o liza de alrededor de 3,8 metros formado por cantos rodados.
En diversas zonas de esta estructura se observan dos etapas constructivas, la original de tapial y una de mampostería. Quizás, como ocurrió con las torres esta barbacana fue reforzada en época nazarí aunque es también probable que estos añadidos no se correspondan con un plan de refuerzo a gran escala sino con simples reparaciones. Entre la torres 2 y 3 se ha observado la presencia de un muro más adelantado a la barbacana que algunos autores habían interpretado como una tercera línea defensiva. A falta de nuevas excavaciones arqueológicas se ha propuesto que este muro podía corresponder a parte del acceso acodado de la barbacana hacia la puerta abierta en la muralla que algunos planos del siglo parecen representar.
Una tercera línea defensiva está representada como un escarpe de calicanto revestido situado a 16 metros de la barbacana. Esta segunda barbacana posee un escarpe en talud en su zona externa y debía presentar una zona superior vertical. Está realizada con un núcleo de calicanto en contacto con la ladera y una hoja externa de mampuestos regulares en hiladas alternados con lajas. En varios puntos de esta barbacana se han localizado marcas de cantero cristianas similares a las localizadas en las murallas del recinto norte de la ciudad y situadas cronológicamente en el refuerzo de las defensas llevadas a cabo durante el reinado de Alfonso XI tras la conquista de la ciudad en 1344.[6][10].
La función defensiva de este sistema de murallas estaba respaldada con la presencia de una torre albarrana en su extremo sudoriental. Esta torre ha sido identificada con la Torre del Espolón que aparece en las Crónicas castellanas, una torre de planta octogonal con 6 metros de anchura máxima y unos 12 de altura que se adentraba varios metros en el mar al haberse construido sobre las rocas del acantilado. Poseería un basamento de cal y canto con una única estancia en su mitad superior y se unía a la muralla mediante una coracha con adarve. Sin embargo esta torre aparece mencionada en 1730 como Torre de Don Carlos y en 1796 como Torre de Don Rodrigo y fue reutilizada en el siglo como almacén de pólvora para ser luego abandonada y caer el 25 de noviembre de 1901 a causa de un temporal.
Las descripciones más recientes, y sus representaciones cartográficas, muestran una torre de planta cuadrada, de mampostería y sillería con algo más de 13 metros de altura, con una estancia abovedada e integrada en las murallas por lo que se duda de que realmente fuese la misma torre que se nombra en los textos medievales. Sus restos, que se mantuvieron durante varias décadas conocidos como Piedra Morena fueron completamente destruidos a mediados del siglo durante una ampliación del Puerto de Algeciras.[11].