Evaluación de manantiales urbanos
Introducción
Se denominan recursos hídricos a la totalidad del agua disponible o potencialmente disponible, en cantidad y calidad suficientes, en un lugar y en un período de tiempo dados, apropiados para satisfacer una demanda identificable.[1] Frecuentemente, este término se utiliza en relación con el agua dulce fácilmente accesible, independientemente del estado físico en que se encuentre, líquida o sólida, que pueda ser utilizada por el ser humano para satisfacer alguna necesidad, como el suministro de agua potable a la población, regadío o producción de energía. En un sentido más general, el concepto de recursos hídricos, se refiere a cualquier tipo de agua productiva o directamente vinculada a un uso o aprovechamiento, por lo que en este caso, un recurso hídrico sería cualquier cuerpo de agua existente en el planeta desde los océanos hasta los ríos pasando por los lagos, los arroyos y las lagunas. A veces se habla de recurso hídrico o de recurso hidráulico en el mismo sentido.[2].
En los últimos años la humanidad se ha concienciado de la necesidad imperativa de preservar los '''recursos hídricos''', evitando los desperdicios y sobre todo evitando la contaminación de los mismos. Se está muy lejos todavía de alcanzar un uso racional de estos recursos naturales que si bien son, en parte, renovables, se corre el peligro de que el incremento de su uso y la contaminación superen la capacidad auto regeneradora de los mismos. EL AGUA es esencial para la supervivencia y el bienestar humanos, y es importante para muchos sectores de la economía. Los recursos hídricos se encuentran repartidos de manera desigual en el espacio y el tiempo, y sometidos a presión debido a las actividades humanas. [3].
Como ya se sabe, dos tercios de la superficie terrestre está sumergida y la mayor parte, alrededor del 97% del total se encuentra contenida en los mares y océanos, es decir, se trata de agua salada cuyo aprovechamiento requiere de actividades adicionales como la desalinización. El resto, alrededor del 3% del agua del planeta es agua dulce; si bien, no es fácilmente accesible, ya que en su mayor parte se encuentra en los casquetes polares o en los glaciares y solamente una pequeña parte del total, alrededor del 0,5% se encuentra en ríos y lagos;[4] es decir, se trata de agua dulce superficial disponible para su aprovechamiento directo como recurso hídrico, aunque hay que decir, que dicha agua no se distribuye de forma homogénea, ya que la cantidad y la disposición de los recursos hídricos varía enormemente dependiendo de la región geográfica. La distribución del agua dulce disponible para el consumo humano es muy variable de región a región. En el extremo más crítico, en algunas partes del Medio Oriente, las disponibilidades están en torno a 136 litros por habitante y por día. En el otro extremo, en zonas húmedas y poco pobladas la disponibilidad supera los 274 m³ por habitante y por día. [5]Por último, mientras que en algunos lugares los recursos hídricos se malgastan, en otros resulta un bien particularmente escaso. Además, existen distintos agentes y actividades contaminantes que atentan contra la preservación del agua, y que requieren de medidas constantes para mantenerlas a raya.