La Sierra Nevada de Santa Marta ha experimentado un notable retroceso glaciar en las últimas décadas. Este fenómeno ha sido denunciado por comunidades indígenas, especialmente la arhuaca, que alertan sobre el inminente deshielo total de sus picos más altos: el Colón y el Bolívar, ambos con una altitud aproximada de (metros sobre el nivel del mar) y considerados los más elevados de Colombia.[29].
Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), entre 1850 y 2010 la Sierra perdió cerca del 90 % de su cobertura glaciar, pasando de una extensión de 82 km² a tan solo 7,5 km². Este proceso ha sido atribuido principalmente al cambio climático, cuyas consecuencias se manifiestan en la fragmentación de los glaciares y en una tasa anual de pérdida glaciar estimada entre el 3 % y el 5 %, similar a lo que ocurre en otros nevados del país, como el Cocuy, el Ruiz, el Tolima y el Huila.[29].
El deshielo progresivo de la Sierra ha tenido impactos directos sobre importantes fuentes hídricas de la región. Ríos como el Aracataca y el Guatapurí, que históricamente se originan en los deshielos de las altas montañas, abastecen los acueductos de municipios como Aracataca y la ciudad de Valledupar, respectivamente. La disminución de la nieve amenaza la estabilidad de estos caudales, por lo cual el Ideam ha recomendado la realización de estudios hidroglaciológicos que permitan dimensionar con precisión los efectos del retroceso glaciar sobre las cuencas hidrográficas.[29].
La situación también ha derivado en tensiones sociales. Habitantes de corregimientos como San Pues, Sanpuecito y Buenos Aires han protagonizado protestas en respuesta a los constantes racionamientos de agua, acentuados tanto por la pérdida de fuentes naturales como por fallas estructurales en los sistemas de acueducto. La creciente demanda del recurso por parte del sector agroindustrial ha agravado aún más la crisis.[29].
Desde la cosmovisión indígena, este desequilibrio ambiental se interpreta como resultado de modelos de desarrollo ajenos a su cultura, los cuales alteran los ciclos naturales del territorio. Las comunidades kogui, wiwa, kankuama y arhuaca consideran que intervenciones como la construcción de represas, la invasión de sitios sagrados, y la pérdida de cobertura vegetal, han afectado gravemente la armonía de la Sierra. Para ellos, los nevados representan la "cabeza" de la madre tierra y los páramos, su "corazón".[29].
Los representantes de la comunidad arhuaca han sido especialmente activos en la denuncia del acelerado retroceso de los glaciares en la Sierra Nevada de Santa Marta. Durante recientes expediciones a las zonas altas de los picos Colón y Bolívar, líderes indígenas han observado una notable reducción en la cobertura de nieve, evidenciando la transformación de antiguas cumbres nevadas en extensas áreas rocosas.[29].
Desde la perspectiva de esta comunidad, el modelo de desarrollo aplicado en la región ha contribuido significativamente al desequilibrio ambiental. En respuesta, proponen una estrategia de conservación centrada en la restauración de al menos el 70 % de la cobertura vegetal y la protección de las cuencas hidrográficas. También plantean la necesidad de respetar los ciclos naturales del ecosistema y de ampliar los territorios colectivos indígenas como mecanismo de salvaguarda ambiental.[29].
Otras propuestas incluyen la relocalización voluntaria de asentamientos humanos ubicados en zonas de alta fragilidad ecológica, la oposición a nuevos proyectos de infraestructura que alteren el equilibrio natural del territorio, y una evaluación crítica de actividades extractivas, como la minería y el transporte de carbón, que han sido señaladas por su impacto ambiental negativo sobre la Sierra.[29].
De continuar la tendencia actual, los estudios indican que la Sierra Nevada de Santa Marta podría perder completamente su cobertura glaciar antes del año 2030, transformándose en otra de las cadenas montañosas colombianas sin nieve perpetua.[29].
La Sierra Nevada de Santa Marta alberga uno de los últimos seis glaciares activos en Colombia, con una superficie estimada de 5,3 km². Esta masa glaciar, ubicada en los departamentos de La Guajira, Magdalena y Cesar, es parte integral del parque nacional natural Sierra Nevada de Santa Marta, una de las estrategias clave del país para la protección de estos ecosistemas de alta montaña.[30].
En esta región, la cobertura de hielo ha sido objeto de monitoreo continuo por parte del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), dada su vulnerabilidad frente al cambio climático. Además de su función ecológica como regulador hídrico, la Sierra se destaca por su biodiversidad particular, con especies adaptadas a condiciones extremas y una flora característica como los frailejones.[30].
Cada glaciar colombiano presenta respuestas distintas ante el calentamiento global; sin embargo, la Sierra Nevada comparte con otros sistemas glaciares del país una tendencia de pérdida acelerada. El Ideam estima que, de mantenerse la tasa de reducción actual, este glaciar podría desaparecer por completo antes de 2030.[30].
Desde el ámbito institucional, el Estado colombiano ha reafirmado su compromiso con la protección de los glaciares mediante programas de conservación, investigación, restauración ecológica, educación ambiental y monitoreo climático. Estas acciones son desarrolladas de manera articulada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el Ideam y Parques Nacionales Naturales de Colombia, especialmente tras la declaración de 2025 como el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares y el 21 de marzo como el Día Mundial de los Glaciares, iniciativas promovidas por la Asamblea General de las Naciones Unidas.[30].
La Sierra Nevada, además de su importancia ambiental, constituye un territorio culturalmente sagrado, habitado por comunidades indígenas que reconocen en estas cumbres valores espirituales, ancestrales y ecológicos, estrechamente vinculados con su identidad y visión del territorio.[30].
De acuerdo con estimaciones del IDEAM en el 2023, alrededor de 0,5 km² (el 11 % de su cobertura glaciar) se encuentra en zona de ablación si se considera una Línea de Equilibrio Altitudinal (ELA) a (metros sobre el nivel del mar). Este valor se reduce a 0,06 km² (1,2 %) si se usa una ELA más baja de , lo que indica una relativa menor exposición al deshielo en comparación con otros glaciares del país.[26].