Cuerpo-Territorio
En concepto clave del ecofeminismo surgido en Iberoamérica, proveniente de las luchas de las comunidades indígenas y su resistencia contra tres formas principales de opresión que se entrelazan: patriarcado "Patriarcado (teoría feminista)"), colonialismo y extractivismo/neoextractivismo. Se trata tanto de una categoría de análisis teórico como de un método práctico de resistencia que vincula el cuerpo de las mujeres como territorio a defender y la Tierra como dotada de derechos frente a su explotación.
Proviene de la analogía entre el cuerpo de las mujeres y el territorio en el cual existe. Es ante todo un concepto histórico. De hecho, el colonialismo, es decir, la conquista y explotación física, política, social e ideológica de un territorio, debe pasar por la conquista de los cuerpos, en particular los cuerpos femeninos. Se imponían tratamientos de explotación a las mujeres durante la colonización española de América, como la mercantilización de mujeres y niñas, la violación masiva y la mutilación de los cuerpos.[35] La conquista del territorio se convierte en explotación del cuerpo de las mujeres, y el cuerpo de las mujeres se convierte en territorio a defender.
El nacimiento del concepto de Cuerpo-Territorio en el seno de las comunidades indígenas no es casualidad. Estos territorios son sistemáticamente el objetivo del extractivismo y de la colonización. Las mujeres de estas comunidades son impactadas en sus cuerpos, pero también utilizan estos para resistir y luchar. El concepto se construye y se utiliza en oposición a la construcción de una dicotomía jerárquica entre el cuerpo y la naturaleza, entre el interior y el exterior, que daría una supuesta legitimidad a la explotación de la naturaleza por los cuerpos.[36].
También, es pertinente mencionar la práctica del “Mapeo” del cuerpo-territorio, una representación física mediante el dibujo del cuerpo y las violencias que este sufre y ha sufrido. Así, se representa sobre el cuerpo el mapeo de los conflictos territoriales para entenderlos desde una perspectiva corpórea y consecuentemente subjetiva. La investigadora Delmy Tania Cruz Hernandez") desarrolla un ejemplo concreto en su libro,[37] relatando la historia de una sobreviviente de la matanza de Acteal, quien, después de esta tragedia, dibujó una cruz roja sobre el corazón de su mapeo, y el resto de su cuerpo quedó vacío debido al trauma. El mapeo se convierte así en una forma de resistencia, concretando las repercusiones de la explotación del territorio sobre los cuerpos.[37].
No obstante, el cuerpo-territorio tiene como objetivo reflexionar sobre el cuerpo y el territorio en un continuum,[38] no como elementos separados, sino como dos caras de la misma moneda.
En los años 1980 se observa el surgimiento del feminismo comunitario en Guatemala, liderado por Lorena Cabnal, con el objetivo de establecer un vínculo entre el territorio, el cuerpo y la Tierra.[39] A través de la creación de la organización Amixmasaj en la montaña guatemalteca, Cabnal busca defender a las mujeres de las violencias físicas y sexuales, así como de la exclusión que sufren, especialmente cuando entran en juego los intereses de conquista y explotación territorial.
Esta lucha adquiere una connotación particular en las grandes zonas de explotación minera "Mina (minería)"), donde se enfrentan a las violencias sufridas por las mujeres de las comunidades vecinas por parte de los hombres que vienen a trabajar, así como a la contaminación de sus cuerpos, siendo las principales afectadas por la polución generada por estas actividades industriales.[39].
En la actualidad, el concepto es construido académicamente por la doctora y activista feminista, anticolonialista y ecologista Delmy Tania Cruz Hernández") en su libro Mujeres, cuerpo y territorios - entre la defensa y la desposesión. La investigadora mexicana desarrolla principalmente la idea de una “repatriarcalización de los territorios”[41] causada por un aumento de las actividades extractivistas en América Latina, dominadas por los hombres. En el estado de Chiapas, México, por ejemplo, las desigualdades entre hombres y mujeres están en aumento, ya que las mujeres no tienen acceso a la propiedad de la tierra, lo que les priva de su capacidad de decisión en las asambleas comunitarias, así como de su independencia económica y soberanía alimentaria.[41].
Se destaca la lucha del EZLN en el estado de Chiapas por la defensa del territorio y las comunidades con el objetivo de lograr el reconocimiento de su autonomía. La resistencia del EZLN desde su levantamiento en 1994 demuestra la voluntad de reapropiación de los cuerpos y del territorio, violentados por la colonización, el patriarcado y el extractivismo. Esta lucha se inscribe en los cuerpos, que enfrentan actos de extrema violencia en el contexto del paramilitarismo en Chiapas, como la matanza de Acteal de 1997 que se dirigió en particular contra los cuerpos de las mujeres y niñas tzotziles.[42].
En Ecuador, la doble lucha de protección del cuerpo y del territorio se ilustró durante la marcha de las mujeres amazónicas hacia Quito en octubre de 2013. Esta marcha se realizó con el objetivo de exigir "la continuidad de la vida de los pueblos originarios", declarando su territorio como “selva viva” y luchando contra la expansión de la explotación petrolera.[43].
El cuerpo de las mujeres se reveló como una encarnación del territorio a defender en el espacio público patriarcal. La identidad y salud del grupo y de los cuerpos están vinculadas al estado de su entorno. La explotación de las tierras resultante del extractivismo y del neoextractivismo provoca un deterioro de este entorno, a través de la contaminación de la tierra, del aire y de las aguas, y, por consiguiente, de los cuerpos, los grupos identitarios y los medios de reproducción de la vida.[44] La explotación de los territorios es violenta hacia los cuerpos individuales y colectivos. La lucha de estas mujeres era por la supervivencia de su entorno como por la de sus cuerpos.[45] Sin embargo, la negativa del presidente de la época, Rafael Correa, de recibir o dialogar con este movimiento demuestra la falta de reconocimiento hacia estos cuerpos femeninos en resistencia.[43].
En Perú, el concepto de cuerpo-territorio ha servido como un marco central en la lucha contra la explotación de recursos naturales con las violencias ejercidas sobre cuerpos, especialmente de mujeres, indígenas y campesinas, que desempeñan roles fundamentales en la preservación de la vida comunitaria. Esta perspectiva, destaca la interrelación entre la salud de la tierra y la dignidad humana, reflejando una resistencia colectiva frente al extractivismo neoliberal, que perpetúa desigualdades de género y desequilibrios ecológicos.[46].
Casos representativos.
A continuación se presentan los casos más destacados sobre las resistencias vinculadas al cuerpo territorio en Perú:.
- Conga y Cajamarca: En Cajamarca, la resistencia al proyecto minero Conga fue liderada por mujeres como Máxima Acuña, símbolo de la lucha contra el extractivismo.[47] Este caso ejemplifica el discurso de "Mi cuerpo, mi territorio", en el que proteger la tierra equivale a defender la soberanía de las comunidades y la integridad de las mujeres.
- Defensa en la Amazonía peruana: En la Amazonía, mujeres indígenas han liderado protestas contra la contaminación causada por actividades petroleras y la tala ilegal. Ser mujer indígena y defender la tierra (territorio) es una lucha en unidad sagrada, debido a que están defendiendo su propia espiritualidad y la conexión ancestral con su entorno.[48] De este modo, se subrayan la conexión entre sostenibilidad ambiental y preservación de la identidad cultural, evidenciando cómo las agresiones a la tierra impactan directamente los cuerpos y las comunidades.
En Brasil, las resistencias vinculadas al cuerpo-territorio son lideradas principalmente por mujeres indígenas y comunidades tradicionales que enfrentan la expansión del agronegocio, la minería y la deforestación en la Amazonía. Estas luchas combinan la defensa del medio ambiente con la reivindicación de derechos humanos y territoriales.
Asimismo, las comunidades quilombolas, descendientes de africanos esclavizados, también enfrentan desplazamientos forzados debido al agronegocio. En regiones como Maranhão, las plantaciones de soja han desplazado a numerosas comunidades, generando una lucha activa por la preservación del cuerpo-territorio y los derechos colectivos a la tierra.[49].