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Su obra, generalmente, se basó en algunas categorías nodales: modelos cosmogónicos del mundo, abolición de la historia por la interpretación de mitos y leyendas primitivas y el uso de la religión como explicación de hierofanías (manifestaciones de lo sagrado en el mundo). Siempre, sin embargo, estuvo cruzada por el accionar político del autor diferenciando un abanico de lecturas en torno a su producción.[5].
Las obras más importantes de Eliade, escritas en francés o inglés, incluyen El mito del eterno retorno (1949), Tratado de historia de las religiones (1949), Lo sagrado y lo profano: naturaleza de la religión (1956) y los tres volúmenes de Historia de las creencias y las ideas religiosas (1985). Publicó además una autobiografía y varios volúmenes con sus diarios, entre ellos el Diario portugués (publicado póstumamente en España en 2001), en que el autor nos descubre los avatares de su vida entre 1941 y 1945.
La vasta obra de Eliade comprende varias categorías: científica, literaria, ensayos, diarios, autobiografías y artículos periodísticos. Se puede comprender su obra científica a través de estas áreas, ideas religiosas o estos conceptos filosóficos: homo religiosus, sagrado, hierofanía, alquimia, chamanismo, yoga, símbolo, mito como una historia sagrada, el cristianismo cósmico y el tiempo sagrado.[6].
Se puede comprender su obra literaria sobre todo a través de la novela La noche de San Juan, traducida en español por Joaquín Garrigós y premiada por la Unión de Escritores de Rumania como la mejor traducción del mundo de un escritor rumano en un idioma extranjero.[7].
Naturaleza general de la religión
En su trabajo sobre la historia de la religión, Eliade es célebre por sus escritos sobre alquimia,[8] chamanismo, yoga y lo que llamó el eterno retorno: la creencia implícita, supuestamente presente en el pensamiento religioso en general, de que el comportamiento religioso es no sólo una imitación de eventos sagrados, sino también una participación en ellos, y de tal manera restaura el tiempo mítico de los orígenes. El pensamiento de Eliade a este respecto fue influenciado en parte por Rudolf Otto, Gerardus van der Leeuw, Nae Ionescu y los escritos de la Escuela Tradicionalista (René Guénon y Julius Evola).[9] Por ejemplo, Lo sagrado y lo profano de Eliade se basa parcialmente en La idea de lo santo de Otto para mostrar cómo la religión surge de la experiencia de lo sagrado y de los mitos del tiempo y la naturaleza.
Eliade es conocido por su intento de encontrar paralelismos y unidades transculturales amplias en la religión, particularmente en los mitos. Wendy Doniger, colega de Eliade desde 1978 hasta su muerte, ha observado que «Eliade argumentó audazmente a favor de universales cuando podía haber defendido con más seguridad patrones ampliamente prevalentes». Su Tratado sobre la historia de las religiones fue elogiado por el filólogo francés Georges Dumézil por su coherencia y capacidad para sintetizar mitologías diversas y distintas.[10].
Robert Ellwood describe el enfoque de Eliade hacia la religión de la siguiente manera. Eliade se acerca a la religión imaginando una persona idealmente «religiosa», a la que llama homo religiosus en sus escritos. Las teorías de Eliade describen básicamente cómo este homo religiosus vería el mundo.[11] Esto no significa que todos los practicantes religiosos realmente piensen y actúen como homo religiosus. En cambio, significa que el comportamiento religioso «dice a través de su propio lenguaje» que el mundo es como lo vería el homo religiosus, ya sea que los participantes en el comportamiento religioso en la vida real sean conscientes de ello o no.[12] Sin embargo, Ellwood escribe que Eliade «tiende a pasar por alto esta última característica», lo que implica que las sociedades tradicionales en realidad pensaban como el homo religiosus.[12].
Eliade afirmó que «Yahvé es a la vez bondadoso e iracundo; el Dios de los místicos y teólogos cristianos es terrible y gentil a la vez».[13] También pensaba que los místicos indios y chinos intentaban alcanzar «un estado de perfecta indiferencia y neutralidad» que resultaba en una coincidencia de opuestos en los que «placer y dolor, deseo y repulsión, frío y calor [...] son eliminados de su conciencia».[13].
La perspectiva de Eliade sobre la religión se centra en su concepto de hierofanía (manifestación de lo Sagrado), un concepto que incluye, pero no se limita a, el concepto más antiguo y restrictivo de teofanía (manifestación de un dios).[14] Desde la perspectiva del pensamiento religioso, afirma Eliade, las hierofanías dan estructura y orientación al mundo, estableciendo un orden sagrado. El espacio «profano» de la experiencia no religiosa sólo puede dividirse geométricamente: no tiene «diferenciación cualitativa y, por lo tanto, ninguna orientación [es] brindada en virtud de su estructura inherente».[15] De esta manera, el espacio profano no le brinda al ser humano ningún patrón para su comportamiento. En contraste con el espacio profano, el sitio de una hierofanía tiene una estructura sagrada a la que el hombre religioso se conforma. Una hierofanía equivale a una «revelación de una realidad absoluta, opuesta a la no-realidad de la vasta extensión circundante».[16] Como ejemplo de un «espacio sagrado» que demanda una cierta respuesta del hombre, Eliade narra la historia de Moisés deteniéndose y quitándose los zapatos ante la manifestación de Yahvé como una zarza ardiente (Éxodo 3: 5).[17].
Eliade señala que, en las sociedades tradicionales, el mito representa la verdad absoluta acerca del tiempo primordial.[18] Según los mitos, este fue el momento en que apareció por primera vez lo Sagrado, estableciendo la estructura del mundo: los mitos afirman describir los eventos primordiales que hicieron que la sociedad y el mundo natural fueran lo que son. Eliade sostiene que todos los mitos son, en tal sentido, mitos de origen: «el mito, entonces, es siempre un relato de una creación».[19].
Muchas sociedades tradicionales creen que el poder de una cosa yace en su origen.[20] Si origen es equivalente a poder, entonces «es la primera manifestación de una cosa que es significativa y válida»[21] (la realidad y el valor de una cosa, por tanto, se encuentran solo en su primera aparición).
Según la teoría de Eliade, solo lo Sagrado tiene valor, solo la primera aparición de una cosa tiene valor y, por lo tanto, solo la primera aparición de lo Sagrado tiene valor. El mito describe la primera aparición del Sagrado y por tanto, la edad mítica es tiempo sagrado,[18] el único tiempo de valor: «al hombre primitivo sólo le interesaban los comienzos [...] le importaba poco lo que le había pasado a él, o a otros como él, en tiempos más o menos distantes».[22] Eliade postuló a esto como la razón de la «nostalgia por los orígenes» que aparece en muchas religiones, el deseo de volver a un Paraíso primordial.[22].