La economía solidaria es una forma específica de organización y de estructura operativa de las actividades económicas en un determinado ámbito, y que en lo esencial se caracteriza por la autogestión, o sea, por la autonomía "Autonomía (filosofía y psicología)") de cada unidad o emprendimiento, así como por la igualdad y equiparación entre sus miembros.
Existen diferentes autores que se han dedicado a conceptualizar las economías solidarias, siendo Paul Singer") y Euclides Mance dos de sus principales intérpretes.
Por su parte Singer propone que la economía solidaria sea una estrategia posible de lucha contra las desigualdades sociales y el desempleo: "La construcción de una economía solidaria es una de esas estrategias alternativas, que aprovecha los cambios en las relaciones de producción y de trabajo provocados por el gran capital, para lanzar y promover los fundamentos de nuevas maneras de organizar la producción y los intercambios, sobre la base de una lógica muy diferente de aquella que rige en un típico mercado capitalista. Todo lleva a pensar que la economía solidaria permitirá, al cabo de algunos años, dar a muchos la oportunidad de ingresar a la producción por cuenta propia (en lo individual, o en lo colectivo a través por ejemplo de una cooperativa), a pesar de que hoy día las posibilidades que esos mismos tendrían de conseguir un empleo serían demasiado remotas...” ([Singer-2002], pág. 138).
En lo que concierne a Euclides Mance, el concepto de economía solidaria va aún más lejos, ya que a la generación de numerosos puestos de trabajo, agrega la idea de colaboración solidaria, orientada a la construcción de una sociedad pos-capitalista, en donde se garantice un pasar razonable y sin mayores rispideces a todas las personas: "...consideramos la colaboración solidaria como trabajo y consumo compartidos, cuyo vínculo recíproco entre las personas, se encuentre primeramente caracterizado en un sentido moral de corresponsabilidad de la marcha de la sociedad en su conjunto, y del buen vivir de todos y cada uno de sus integrantes, buscando ampliar al máximo posible, el ejercicio concreto de la libertad personal y pública..." (véase que en esta definición, se introduce en destaque, el concepto del ejercicio humano de la libertad) ([Mance-1999], pág. 178).
, el modelo aplicado casi consideraba que el empleado era una especie de propiedad del empleador, ya que el grado de dependencia del primero respecto del segundo era muy fuerte, separándolo completamente de los medios de producción y de las herramientas que utilizaba, y alejándolo así de cualquier esbozo o forma de economía solidaria. Aún en el lenguaje se plasmaba esta concepción, ya que reiteradamente se hablaba entonces de recursos humanos y materiales, pasando así la fuerza laboral a ser un recurso más, en el mismo nivel que los medios de producción y que las materias primas o insumos. Por el contrario, el concepto base en la economía popular solidaria es bien distinto, pues se refiere al “conjunto de emprendimientos productivos de iniciativa colectiva, con cierto grado de democracia interna, y que trata al trabajo y al trabajador en una forma privilegiada en comparación con el capital, ya sea en un ambiente rural, ya sea en un ambiente urbano o suburbano. Menospreciar la formación de emprendimientos alternativos a los usuales patrones capitalistas normalmente aceptados, objetivamente hablando, es una forma de aumentar y promover falencias sociales de todo tipo y desempleo. (...) Los emprendimientos de economía solidaria, potencialmente encuentran en el trabajo colectivo y en las motivaciones de los trabajadores, una importante fuente de competitividad y de eficiencia, hoy día reconocida incluso por el capitalismo contemporáneo. En el fordismo por el contrario, y así exponiendo otro caso, la competitividad es obtenida a través de las economías de escala, así como a través de una creciente división y especialización en el trabajo, asociada a líneas productivas rígidas – automatizadas o no –, lo que en varios aspectos resulta alienante y embrutecedor para el operario.” ([Gaiger-2002], pág. 64).
Para Paul Singer"), la definición de la economía solidaria considera muy especialmente las relaciones entre el trabajador y los medios de producción, ya que dentro de la empresa solidaria se considera que los trabajadores son los propietarios de todos o de la mayoría de los medios de producción. (...) La empresa solidaria básicamente es de los propios trabajadores, y por eso, su finalidad principal no es maximizar el lucro del emprendimiento, sino la cantidad y calidad del trabajo”. ([Singer-2002], pág. 4).
La economía solidaria se presenta como una reconciliación del trabajador con los medios de producción, y proporcionando, según [Gaiger-2003], una experiencia profesional fundamentada en la equidad y la dignidad, durante la cual ocurre un enriquecimiento desde el punto de vista cognitivo y humano. Con las personas más motivadas, la división de los beneficios aceptada por los asociados está fundamentada en la solidaridad: “el interés de los trabajadores en garantizar el suceso del emprendimiento, estimula un mayor empeño de cada cual con el proceso productivo, así como con la minimización tanto de desperdicios y descartes como de tiempos ociosos; la calidad del producto o del servicio generado es fundamental, además de inhibir el ausentismo y la negligencia” ([Gaiger-2002], pág. 34).
Por tanto, uno de los conceptos que está intrínsecamente ligado a la realización de un emprendimiento solidario, es el de desarrollo local. Con la tendencia al aumento del rendimiento del trabajo asociado, es necesario promover el desarrollo local tanto en el aspecto económico como en el social, entendiendo que el mismo se define como el “proceso que moviliza personas e instituciones, buscando la transformación de la economía y de la sociedad local, creando oportunidades de renta y de trabajo, superando dificultades para de una forma o de otra favorecer la mejora de las condiciones de vida de la población local” (Jesús, en: [Cattani-2003], pág. 72).
Según [Gaiger-2002], cuatro características económicas establecen el modo de producción capitalista: producción de mercaderías con el único objetivo de la comercialización; separación entre los trabajadores y los medios de producción; transformación del trabajo en mercadería, a través del empleado asalariado; existencia de lucro y de acumulación de capital, por parte del empleador y propietario de los medios de producción.
Una de las principales características del modelo capitalista, es la de generar desigualdades y de combinar posibilidades: en este contexto, una parte de los trabajadores indudablemente tiene éxito a través de la especialización y de buenos salarios, mientras que otra parte de los trabajadores pierden sus calificaciones, y con el tiempo incluso se tornan miserables ([Singer-2004]). Esta situación es resultado de la competencia, que al contrario de lo que en una primera instancia podría pensarse, no es antagónica de la cooperación (ambas siempre coexisten, y lo que realmente caracteriza un modo de producción, es la predominancia de una o de la otra). En efecto, cuando la competición sobresale en relación con la cooperación, la tendencia es a la exclusión de aquellos que por una razón u otra fracasan o no se encuentran aptos. En contrapartida, cuando la cooperación es la que predomina, se establece un ambiente muy tolerable e igualitario, volviéndose entonces posible procesos de recuperación de economías empobrecidas (Myrdal, en: [Arroyo-2008]).
La economía solidaria, según Wautier (en: [Cattani-2003], pág. 110), está orientada desde el punto de vista sociológico, y « acentúa las nociones de proyecto, de desarrollo local, y de pluralidad de las formas de actividad económica, teniendo muy especialmente en cuenta la "utilidad pública" (bajo la forma de servicios diversos), destinados, principalmente pero no exclusivamente), a la población carente o excluida ».
Se puede decir también que la economía solidaria está fundada en relaciones en las cuales las prácticas de solidaridad y reciprocidad no son utilizadas como meros dispositivos compensatorios y/o redistributivos, sino como factores determinantes en la realidad de la vida material y social.