Erosión fluvial
Introducción
Las aguas fluviales (o de ríos) constituyen un agente erosivo de primera magnitud. El agua continental fluye, en gran parte, en forma de ríos que discurren sobre la superficie, o de corrientes subterráneas, desgastando los materiales que hay por donde pasan y arrastrando los restos o sedimentos en dirección hacia las partes más bajas del relieve, dejándolos depositados en diversos lugares. formando terrazas, conos de deyección y, en definitiva, modelando el paisaje.
El agua de las corrientes fluviales puede crear cascadas, grutas, desfiladeros, meandros, cañones "Cañón (geomorfología)"), deltas, estuarios, entre otros. En ocasiones inunda determinadas regiones más o menos amplias del territorio causando desastres económicos y víctimas, a pesar de lo cual, los seres humanos casi siempre se han asentado en las márgenes de los ríos, lagos o manantiales, con el fin
de garantizar un suministro adecuado de agua.
La acción erosiva de los ríos
La erosión es debida a la corriente del agua y que en su mayor parte es proporcional a las pendientes del relieve y, en el caso de los ríos, a su perfil longitudinal, por lo cual, suele dividirse en las tres partes o tramos en que se divide, en forma natural, el curso de un río (curso superior, medio e inferior). Como señala el libro de Mª José Aguilera Arilla y otros ([1]), las aguas de un río transportan su carga de dos maneras:.
• - Superficial, por disolución (arcillas) y suspensión de los materiales sólidos.
• - En el fondo del cauce por arrastre (arenas) y saltación (bloques y cantos rodados).
Así, hay una primera etapa en el curso alto del río en donde la erosión mecánica provocada por el agua y los materiales que arrastra es muy intensa. En la segunda etapa, de transporte, la erosión mecánica sigue activa pero empieza a actuar la sedimentación. Finalmente, en el curso bajo predomina la sedimentación de los materiales transportados, la erosión mecánica se reduce muchísimo y prácticamente solo actúa la sedimentación.
La acción erosiva de un río se debe a la energía del agua. Es capaz de arrancar trozos de roca que, al ser arrastrados por la corriente, actúan como un martillo sobre el cauce del río, desprendiendo nuevos fragmentos. Como el cauce no es regular, se suelen producir remolinos que arrastran arenas y gravas, puliendo el fondo del río y creando cavidades. Estos remolinos magnifican el poder erosivo del agua el cual se debe, casi exclusivamente, a la turbulencia