Nuevo teatro nacional
Entre el 28 de mayo y el 27 de junio de 1901 se realizó la búsqueda de terrenos para el nuevo edificio, eligiéndose un espacio que a lo largo de la historia tuvo distintos usos. El espacio en el siglo fue ocupado por el llamado tianguis de Juan Velázquez"), nombre dado a un mercado asentado cerca de la casa de un indígena de ese nombre.[5] A partir de 1601 se construiría en ese espacio el convento de Santa Isabel&action=edit&redlink=1 "Convento de Santa Isabel (Ciudad de México) (aún no redactado)"),[6] mismo que fue desamortizado y desocupado tras las leyes de Reforma de 1857. El espacio comprendido entre las calles La Mariscala, Puente de San Francisco, Santa Isabel y Mirador de la Alameda (hoy llamadas avenida Hidalgo, avenida Juárez, Eje Central Lázaro Cárdenas y Ángela Peralta, respectivamente) contaba con parte de la estructura del convento, convertida en parte en distintos espacios. Entre ellos, la fábrica de seda Torcida Moreau así como viviendas precarias donde vivían obreras de la fábrica y madres solteras, entre otras personas; el Instituto Villar y la Casa Central de la Compañía Telefónica así como la sede de la Sociedad Filarmónica Francesa.[3] El Gobierno del Distrito Federal procedió a expropiar los terrenos en donde se encontraba parte del edificio original del convento, pero utilizado por comercios y bodegas, entre otros usos. Todo fue demolido.[4].
Boari solicitó una licencia para viajar a los Estados Unidos y a Europa, en donde obtendría más información sobre otros teatros del mundo y en tanto Garita continuó con los cálculos respectivos. El 17 de julio de 1902 fueron entregadas a las autoridades las memorias de cálculo del proyecto. El estudio preliminar de Boari se publicaría en los Anales de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.[2] Boari estaría en desacuerdo con trabajar con Garita y este lo acusaría de invadir su competencia profesional, por lo que abandonó el proyecto. Las autoridades, finalmente, desecharon el trabajo de Garita y se apegarían al proyecto del italiano.[4] La estructuración del edificio fue hecha por petición de Boari al estudio estadounidense Miliken Brothers") con planos y cálculos a cargo del ingeniero William H. Birkmire").[2] Tales sistemas constructivos fueron comunes en los edificios modernizadores de la época con una estructuración en acero,[7] el mismo estudio Milliken Brothers trabajaría con Boari en la construcción del futuro Recinto Legislativo (hoy Monumento a la Revolución "Monumento a la Revolución (México)")).[7].
Las obras del Palacio de Bellas Artes comenzaron el 2 de agosto de 1904.[6] En febrero de 1905 finalizaron las excavaciones de la cimentación que se realizó entre los 2.8 y los 3.50 metros con un esfuerzo sumamente penoso para los peones que trabajaron en condiciones de humedad. Se colocó, entre otros elementos constructivos, una moderna vía férrea al exterior de la obra que ayudaba a extraer con mayor rapidez los materiales resultantes de la obra hacia dos talleres externos a la obra, uno en las inmediaciones de la obra y otro en la calle Puente de San Francisco.[8] Se decidió que se colocara una estructura de tipo emparrillado —usada ya en la ciudad de Chicago para la cimentación de rascacielos— y una cimentación basada en un cajón reforzado con concreto y piedra tezontle.[8].
La primera piedra del recinto fue colocada el 2 de abril de 1905 por el entonces presidente, Porfirio Díaz.[3].
En 1906 se concluyó la plataforma de cimentación del futuro teatro y el esqueleto metálico de la mayor parte del edificio,[3] mismo que llegó al país el 6 de junio de ese año procedente de los Estados Unidos.[8] Dentro de su edificación se utilizaron procesos constructivos y decorativos tanto tradicionales como los considerados innovadores en su época. En tanto trabajadores realizaban la talla fina de mármoles y otros materiales, mecanismos de grúas y poleas colocaban los elementos en su sitio mediante maniobras precisas.[3] Por otro, se avanzó en la obra del edificio basado en el uso de concreto y de novedosas estructuras de acero que permitían nuevos espacios y soluciones arquitectónicas.[7].
El espacio frente al palacio se planeó en el proyecto de Boari como una gran plaza abierta que pretendía convertirse en un nuevo espacio que rivalizara con el Zócalo, misma que se planeó con el nombre de plaza Guardiola, dada la Casa Guardiola") que se encontraba en las inmediaciones. La misma se calculó con base en disposiciones de la época que establecían una mayor amplitud en los espacios exteriores de los edificios para una mejor apreciación de sus fachadas.[8].
El proceso de revestimiento del edificio tomó de 1907 a 1911.[8] El arquitecto del proyecto decidió hacer una combinación de mármoles nacionales e internacionales provistos, mezclando por un lado mármol sepia claro proveniente del cerro del Tenayo en las partes bajas del palacio, y en los paños, mármol del municipio de Buenavista de Cuéllar, en el estado de Guerrero. Por otro lado las 27 columnas y las cornisas se realizarían con mármol del tipo bianco chiaro altisimo y statuario arabescato con bloques provenientes de las empresas Triscornia y Henreaux y Walton Goody and Cripps, extractora de mármol de Carrara.[2] En 1910, año en que fue colocado el tímpano principal de la fachada del recinto.
En 1906 Boari viajó nuevamente a Europa a seleccionar los artistas y obras de los elementos decorativos del edificio, hecho que solicitó al gobierno hacerlo directamente, sin licitación de por medio. Las herrerías exteriores fueron diseñadas por Alexandro Mazucotelli, artista de Milán, y Luis Romero Soto, artista mexicano; las esculturas del programa escultórico de la fachada corrieron a cargo del escultor Leonardo Bistolfi, asentado en Turín, sitio en donde conoció en una exposición internacional al escultor húngaro Géza Maróti"), quien se encargó del conjunto escultórico de la cúpula, el plafón de vidrios emplomados y bastidores de hierro donde se muestra a Apolo y las nueve musas en el monte Olimpo en la Sala Principal[9] y un mosaico sobre el arco del proscenio con 27 figuras sobre el teatro. En tanto Agustí Querol Subirats recibió la obra de unas fuentes que se dispondrían en la plaza Guardiola así como las esculturas monumentales de cuatro pegasos. Los proyectos de artes decorativas originales no se concluyeron como se planearon originalmente, por ejemplo, el proyecto de Querol incluía dos fuentes monumentales que flanquearían la entrada, mismas que no se realizaron. El plafón y el mosaico de Maróti serían colocados hasta el 4 de junio de 1924.[6].
Debido a problemas técnicos de hundimiento del suelo, problemas económicos, la salida de Boari del país y la Revolución mexicana, la construcción se suspendió y se reanudó varias veces durante treinta años, en vez de terminarse en los cuatro años originalmente programados.
Con el estallido de la Revolución mexicana en 1910, el ritmo de la obra fue perdiendo velocidad hasta que finalmente se suspendió en 1916, Boari abandonó México y dejó en el país más de cuatro mil documentos para la continuación del proyecto. La obra se intentó retomar entre 1919 y 1928, con pocos avances.
Adamo Boari intentaría participar nuevamente en el proyecto, presentando en 1927 un proyecto de convertirlo en el Cinema México, una moderna sala de cine.[2] El arquitecto reseñaría su obra como la más importante de su carrera,[6] comparándola en importancia con la Ópera de París.[2] Cuando México recuperó la estabilidad en términos económicos y sociales, la obra se reanudó en 1931 bajo el mando del arquitecto Federico Mariscal; para entonces tomó el nombre de Palacio de Bellas Artes.
El primer director de orquesta que dirigió un concierto en el teatro Nacional fue José F. Vásquez, al frente de la Compañía de Ópera Mexicana S. C. L., Pro Arte Nacional, al presentar la ópera, Atzimba, de Ricardo Castro, el 18 de septiembre de 1928.