Deterioro por luz ultravioleta
Introducción
El fotoenvejecimiento[1] o dermatoheliosis[2] es un término utilizado para los cambios característicos en la piel inducidos por la exposición crónica a los rayos UVA y UVB.[3] La tretinoína es el retinoide mejor estudiado en el tratamiento del fotoenvejecimiento.[4].
El deterioro de las funciones biológicas y la capacidad de manejar el estrés metabólico es una de las principales consecuencias del proceso de envejecimiento. El envejecimiento es un proceso complejo y progresivo que conduce a cambios funcionales y estéticos en la piel. Este proceso puede resultar tanto de procesos intrínsecos (es decir, determinados genéticamente) como extrínsecos (es decir, factores ambientales). El fotoenvejecimiento se atribuye a la exposición continua y prolongada a la radiación ultravioleta (UV) de aproximadamente 300 a 400 nm, ya sea natural o sintético, sobre una piel intrínsecamente envejecida.
Efectos de la luz ultravioleta
Cambios moleculares y genéticos
Los rayos UVB son un mutágeno primario que solo puede penetrar a través de la capa epidérmica (más externa) de la piel, lo que produce mutaciones en el ADN. Estas mutaciones surgen debido a cambios químicos, la formación de dímeros de pirimidina de ciclobutano y fotoproductos formados entre bases de pirimidina adyacentes. Estas mutaciones pueden estar clínicamente relacionadas con signos específicos de fotoenvejecimiento, como arrugas, aumento de la elastina y daños en el colágeno.[5][6].
La capa epidérmica no contiene vasos sanguíneos ni terminaciones nerviosas, pero los melanocitos y las células basales están incrustados en esta capa. Al exponerse a los rayos UVB, los melanocitos producirán melanina, un pigmento que le da a la piel su tono de color. Sin embargo, los rayos UVB causarán la formación de pecas y manchas oscuras, los cuales son síntomas de fotoenvejecimiento. Con la exposición constante a los rayos UVB, pueden aparecer signos de fotoenvejecimiento y pueden desarrollarse lesiones precancerosas o cáncer de piel.
Los rayos UVA pueden penetrar más profundamente en la piel en comparación con los rayos UVB. Por lo tanto, además de la capa epidérmica, también se dañará la capa dérmica. La dermis es la segunda capa principal de la piel y comprende colágeno, elastina y matriz extrafibrilar que proporciona soporte estructural a la piel. Sin embargo, con la exposición constante a los rayos UVA, el tamaño de la capa de la dermis se reducirá, lo que provocará que la epidermis comience a desprenderse del cuerpo. Debido a la presencia de vasos sanguíneos en la dermis, los rayos UVA pueden provocar vasos sanguíneos dilatados o rotos, que son más comúnmente visibles en la nariz y las mejillas. Los rayos UVA también pueden dañar el ADN indirectamente a través de la generación de especies reactivas de oxígeno (ROS), que incluyen el anión superóxido, el peróxido y el oxígeno singulete. Estas ROS dañan el ADN celular, así como los lípidos y las proteínas.