Desprendimiento por cristalización interna
Introducción
La cristalización es un proceso físico-químico por el cual se forma un sólido. Si el proceso es suficientemente lento, las partículas que originan la fase sólida llegan a disponerse de un modo ordenado, formando partículas con formas geométricas regulares que reciben el nombre de cristales. Los cristales se pueden formar por a partir de un líquido o un gas puro, generalmente por enfriamiento (caso de la formación de los copos de nieve o de los cristales de yodo). También se pueden formar por evaporación lenta del disolvente de las disoluciones que contienen las sustancias cristalizables. La disolución y posterior cristalización de sustancias es uno de los métodos de purificación de sólidos más eficaces empleados en el laboratorio químico.[1].
La idea de que las sustancias químicas pueden organizarse de forma ordenada para formar cristales ya fue apuntada por R. Hooke en 1665 y posteriormente, hacia 1784, estudiada por el mineralogista francés René Just Haüy, que es considerado como el fundador de la cristalografía, ya que fue este científico el que comenzó el estudio sistemático de los cristales.
El tamaño y perfección de los cristales depende principalmente de las condiciones en que se forman (presión, temperatura, presencia de impurezas, ...). Cuando el líquido fundido, o la disolución saturada se enfrían lentamente, el número inicial de cristales, denominados núcleos de cristalización, es relativamente reducido y por tanto, estos primeros cristales pueden, posteriormente, crecer hasta tamaños grandes, fáciles de apreciar a simple vista. Además, los átomos, iones o moléculas que forman el cristal, tienen tiempo suficiente para colocarse en sus posiciones en la red cristalina, a medida que el cristal va creciendo, dando lugar a cristales con mayor perfección. Por el contrario, si el proceso de cristalización es muy rápido, se forma un gran número de núcleos de cristalización, dando como resultado final cristales de menor tamaño y con numerosas imperfecciones en sus caras.[2] Si las condiciones de formación del sólido son muy desfavorables, puede llegar a perderse la ordenación cristalina, dando lugar a un sólido amorfo.
La mayoría de minerales y moléculas orgánicas cristalizan fácilmente, y los cristales resultantes son generalmente de buena calidad, es decir, sin defectos visibles. Sin embargo, las moléculas bioquímicas de mayor tamaño, como las proteínas, son a menudo difíciles de cristalizar. La facilidad con la que las moléculas cristalizan depende de la intensidad de las fuerzas atómicas (en el caso de sustancias minerales), fuerzas intermoleculares (sustancias orgánicas y bioquímicas) o fuerzas intramoleculares (sustancias bioquímicas).