Comedores comunitarios urbanos
Introducción
Se denomina olla común o también olla popular a una instancia de participación comunitaria entre vecinos y pobladores que buscan resolver la necesidad básica de comer.[1] Es muy similar a un comedor popular, aunque con un carácter más autogestionado e independiente.[2].
Las ollas comunes se desarrollan de diferentes formas: recolectando comida entre los vecinos o mediante colectas de dinero en capillas, parroquias y juntas de vecinos para adquirir alimentos. Nacen dentro de contextos sociales de pobreza y desempleo, como organizaciones de subsistencia[3] o «microasociaciones populares que se desarrollaron para satisfacer una necesidad básica y funcional», el hambre.[4].
Una etnografía y análisis sociopolítico, socioeconómico y cultural de las ollas comunales es el trabajo antropológico de Ricardo Sabogal-Suji, Ph.D., donde el autor explica la fuerte correlación entre las ollas comunales y la corrupción.[1].
Historia
Gran Depresión
La Gran Depresión provocó una fuerte crisis económica entre 1930 y 1932, afectando las exportaciones de salitre y cobre, por lo que ha sido considerada como la nación más afectada por la crisis.[5].
La crisis económica aumentó los índices de desempleo y causó una migración de mineros del salitre que quedaron desempleados desde el norte de Chile a la capital, Santiago. Debido a la cesantía de los trabajadores salitreros, las ollas comunes se multiplicaron en la capital del país, y las personas sin vivienda comenzaron a habitar en cuevas en los cerros que rodean dicha ciudad.[5].
Resurgimiento en la década de 1980
La implantación del sistema neoliberal y la nueva institucionalidad de la dictadura militar "Dictadura militar (Chile)") (1973-1990), prometían un crecimiento económico a costa del aumento de la deuda externa,[6] el llamado «Milagro de Chile». A pesar de estas cifras aparentes, los sectores populares quedaron emplazados en una especie de «mundo paralelo» puesto que el desempleo —que ya alcanzaba un 30 % hacia 1983—,[7] la disminución notable de la capacidad adquisitiva, la erradicación de las viviendas marginales y el bloqueo represivo que sufrieron las poblaciones, mostraba en cierto sentido, el foco violento y segregador del sistema que se venía edificando y justificando a través de cifras que retrataban un aparente «progreso económico».