Estrategias de seguridad
Los cobots emplean varias estrategias definidas en ISO 10218-2:2025 (que incorpora los requisitos de la antigua ISO/TS 15066:2016) para garantizar una colaboración segura entre humanos y robots, especificando medidas de protección para sistemas de robots industriales colaborativos.[60][17] Estas estrategias se centran en limitar los peligros físicos durante la operación, con actualizaciones en el estándar 2025 que brindan una guía mejorada sobre la implementación, incluidos los aspectos de ciberseguridad.
Una estrategia principal es la limitación de potencia y fuerza (PFL), que restringe la salida del robot para evitar lesiones al contacto. Bajo PFL, los cobots mantienen fuerzas y presiones de contacto por debajo de los umbrales biomecánicos derivados de estudios de tolerancia humana, como presiones cuasiestáticas máximas de 140 N/cm² para el abdomen o 210 N/cm² para la pelvis, con contactos transitorios que permiten hasta el doble de estos valores (280 N/cm² y 420 N/cm²); para extremidades como la mano, los límites de fuerza cuasiestática son 70 N y transitorios 140 N.[17][61] En la práctica, los impactos de todo el cuerpo suelen limitarse de forma conservadora a unos 80 N para evitar dolores o lesiones. Esto se logra mediante sistemas de control activo que monitorean y ajustan el torque en tiempo real, combinados con diseños pasivos como bordes redondeados y acolchado.[62]
Otro enfoque es el monitoreo de velocidad y separación (SSM), que ajusta dinámicamente la velocidad del cobot en función de la distancia al operador humano para mantener una separación protectora. El sistema calcula una distancia de protección mínima utilizando factores como la velocidad de aproximación humana (asumida hasta 1,6 m/s), el tiempo de parada del robot y la resolución del sensor, mediante la fórmula S_p = S_h + S_r + S_s + C + Z_d + Z_r (donde S_h es la distancia de intrusión humana, S_r la distancia de parada del robot, etc.), asegurando que el robot se detenga antes de la colisión.[17][63]
La guía manual permite a los operadores dirigir manualmente los movimientos del cobot a través de manijas intuitivas equipadas con sensores de fuerza y paradas de emergencia, lo que limita la velocidad a niveles seguros (generalmente menos de 0,25 m/s) y requiere controles con clasificación de seguridad para evitar aceleraciones involuntarias.[17] Como complemento a esto, la parada monitoreada con clasificación de seguridad detiene el cobot cuando una persona ingresa al espacio de trabajo colaborativo y se reanuda solo después de que se verifica la autorización, a menudo utilizando dispositivos de detección de presencia.[17]
Los protocolos de emergencia en los cobots incluyen un corte de energía inmediato al detectar un peligro, como un contacto inesperado o una intrusión, con tiempos de recuperación del sistema inferiores a 1 segundo para minimizar el tiempo de inactividad y priorizar la seguridad.[62] Las zonas de interacción entre humanos y robots se definen como espacios de trabajo colaborativos con límites dinámicos ajustados en tiempo real mediante sensores como cámaras o escáneres láser, lo que garantiza que las operaciones permanezcan dentro de perímetros seguros.[17]
Las consideraciones ergonómicas mejoran la seguridad al reducir la tensión musculoesquelética durante interacciones prolongadas; por ejemplo, las bases de altura ajustable permiten que los cobots se alineen con las posturas humanas, promoviendo posiciones corporales neutrales y reduciendo el riesgo de lesiones por tareas repetitivas.[64]
Los protocolos de prueba para estas estrategias implican pruebas de impacto simuladas que utilizan modelos biomecánicos para predecir los resultados de las lesiones, validando que las fuerzas y velocidades se mantengan dentro de los umbrales ISO en varios escenarios antes del despliegue.[65]
Métodos de evaluación de riesgos
Los métodos de evaluación de riesgos para robots colaborativos (cobots) siguen un enfoque sistemático descrito en la norma ISO 12100, que enfatiza la identificación iterativa de peligros, la estimación y reducción de riesgos para garantizar una interacción segura entre humanos y robots antes de su implementación. Este estándar guía el proceso al exigir a los diseñadores que analicen todo el ciclo de vida del sistema cobot, comenzando con los riesgos inherentes del diseño mecánico y las tareas operativas. Los peligros se clasifican mediante un análisis detallado de las tareas, identificando peligros potenciales, como puntos de pellizco entre los enlaces y los accesorios del cobot, fuerzas de impacto de movimientos inesperados o tensiones ergonómicas por posturas incómodas prolongadas durante espacios de trabajo compartidos. Por ejemplo, la descomposición de tareas implica dividir operaciones como el montaje o la manipulación de materiales en fases para identificar escenarios de exposición, garantizando que se tengan en cuenta todos los factores ambientales o mal uso previsibles.
Las evaluaciones colaborativas específicas de robots se basan en estos fundamentos calculando las fuerzas y presiones máximas permitidas utilizando límites biomecánicos definidos en ISO 10218-2:2025 (que incorpora ISO/TS 15066), que establece umbrales de dolor para varias regiones del cuerpo para evitar lesiones durante el contacto. Estos límites, derivados de estudios empíricos sobre la tolerancia humana, especifican límites de fuerza transitorios y cuasiestáticos (por ejemplo, hasta 140 N para impactos en las manos y 150 N para contactos entre brazos y antebrazos) para mantener las fuerzas por debajo de los niveles que provocan dolor sin causar daño. Los ingenieros aplican estos umbrales durante la fase de estimación de riesgos, a menudo integrándolos con estrategias de limitación de potencia y fuerza para verificar que las cargas útiles y las velocidades del cobot no excedan los parámetros de interacción segura en condiciones normales y de falla. Esta evaluación cuantitativa ayuda a priorizar las medidas de reducción de riesgos, como reducciones de velocidad o rediseños del efector final, adaptadas a la variabilidad de la aplicación.[60][62][65]
Las herramientas de simulación mejoran este proceso al permitir el modelado virtual de interacciones humano-cobot para predecir peligros en diversos escenarios sin necesidad de prototipos físicos. Software como Siemens Jack facilita simulaciones ergonómicas mediante la creación de modelos humanos digitales para evaluar las tensiones relacionadas con la postura y la dinámica de colisión, lo que permite pruebas iterativas de los diseños del espacio de trabajo y las rutas de movimiento. De manera similar, AnyBody Modeling System admite simulaciones musculoesqueléticas avanzadas para evaluar las cargas de los tejidos internos durante posibles contactos, proporcionando datos sobre la distribución de la fuerza en los segmentos del cuerpo. Estas herramientas modelan variables como la variabilidad de la altura del operador o paradas inesperadas del cobot, generando métricas de riesgo como valores de fuerza máxima para informar los ajustes de diseño antes de la implementación.