Claustro (Románico)
Introducción
Cataluña es la región española donde se conserva mayor número de claustros, algunos de dimensiones enormes.[a][1] El más antiguo es el de la catedral de Gerona. Los claustros catalanes apenas se distinguen unos de otros en cuanto a su arquitectura con características iguales o muy parecidas pero sí se distinguen en su ornamentación artística.[2].
Disposición general
Por lo general los claustros catalanes se sitúan junto al muro sur de la iglesia aunque hay algunas excepciones condicionadas casi siempre por el terreno y sus características.[3]
Su disposición supone casi el mismo modelo para la mayoría: las arcadas se apoyan en columnas pareadas y en los machones de refuerzo. En los ángulos se construyen pilares robustos.[b] La altura de los antepechos y las proporciones de los fustes es idéntica en la mayoría de los claustros catalanes; esta estructura se parece mucho a la de Italia y sur de Francia lo que hace suponer que fueran construidos por grupos de albañiles lombardos.[4][5].
Los escultores de los capiteles
Lo que realmente diferencia entre sí los claustros catalanes son las esculturas de los capiteles atribuidas a especialistas locales, donde alguno de ellos deja plasmada su propia efigie, como en el monasterio de Sant Cugat del Vallés añadiendo además su firma como[c].
o en el de San Benito de Bages donde un escultor dejó su firma en un capitel. Estos escultores forman una escuela local influenciada o tal vez iniciada en los talleres de marmolistas del Rosellón. Un ejemplo claro se tiene en uno de los capiteles del claustro de Gerona donde los monstruos orientales esculpidos ya se habían hecho en la Abadía de Santa María de Serrabona y en Elna, con la diferencia que el autor de Gerona muestra un estilo más local y catalanizado.[6][7].
Los claustros benedictinos
Las dependencias domésticas ubicadas en la estructura del claustro estaban diseñadas de acuerdo con el número de monjes de cada monasterio. En los benedictinos solía ubicarse el claustro junto a la pared sur de la iglesia, aunque en algún caso, como en Sant Cugat, se dispuso junto al muro norte. La ornamentación que se da en los capiteles de estos claustros puede ser tanto vegetal como historiada, con figuras humanas o de animales. La intención del autor es netamente ornamental e imaginativa y su fórmula va repitiéndose por todos los monasterios. Las distintas dependencias van adquiriendo la importancia necesaria y requerida en cada momento. Por lo general se siguen las distribuciones iniciadas en Cluny. Las galerías sirven como lugar de encuentro, de paseo y meditación y las distintas dependencias se usan para la vida cotidiana y comunitaria de los frailes.[8].